“La verdad del pueblo”

Un viaje al Bajo Cauca Antioqueño sin censura

Por: Santiago Osorio Marín
Agosto 15, 2014
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“La verdad del pueblo”
flickr.com

Cuando se pisan callos y se tocan intereses económicos de grupos al margen de
la ley “La Verdad del Pueblo” es la primera sacrificada y la más amenazada.

Por lo menos es lo que ocurre en seis localidades del Bajo Cauca antioqueño (Cáceres, Nechí, El Bagre, Zaragoza, Tarazá y Caucasia), un territorio con una extensión de 8.445 kilómetros cuadrados, en el que el dinero y la riqueza son producto de la abundancia hídrica, la minería y la ganadería, actividades económicas predominantes de la región. A éstas se suma un grave detonante al conflicto que se vive en esta zona: ‘El Oro Blanco’, como se conoce, el clorhidrato de cocaína, negocio que desplazó la minería y reemplazó el barequeo por la siembra de hoja de coca, con sus subsecuentes manifestaciones de narcotráfico y grupos armados al margen de la ley como las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), grupo que se “desmovilizó” en diciembre del 2005.

Pero la violencia ejercida por los 2 mil combatientes, liderados por Carlos Mario Jiménez alias “Macaco” y Rodrigo Vanoy Murrillo alias “Cuco Vanoy”, fue reemplazada por “bandas criminales” (“bacrim”) que continúan acechando a pobladores y especialmente a quienes ejercen labores informativas.

Según Éder Narváez, periodista y consejero de medios del Bajo Cauca esta lucha los limita en el actuar periodístico y los obliga a hacer lo que se puede y no lo que se quiere llegar a hacer: profundizar el tema del periodismo como tal: ” Es grave que en este país cuando la constitución política le da la facultad a los periodistas de ser protegidos y de recibir garantías, sean las mismas instituciones del estado, en este caso la policía en alianza con bandas criminales, las que vulneran este derecho a la libertad de prensa”. Bien alarmantes resultan las estadísticas de la Fundación para la Libertad de Prensa según las cuales en el 2013, 194 periodistas fueron víctimas en Colombia de atentados contra la libertad de expresión. De éstos, 30 ejercen la profesión en Urabá y el Bajo Cauca antioqueño, región, esta última, con los más preocupantes registros en cuanto a impunidad y agresiones contra periodistas. En este sentido, en escala de 1 a 100, siendo este último el mejor puntaje, la región recibe una calificación de 2,2. Además de esto, resulta ser la segunda peor calificada con respecto a agresiones directas contra periodistas . Dentro de estas cifras se contemplan amenazas, agresión física, obstrucción al ejercicio periodístico, detenciones ilegales y hasta asesinatos.

Según el artículo 73 de la Constitución Política de 1991 los periodistas tienen el amparo legal: “La actividad periodística gozará de protección para garantizar su libertad e independencia profesional”, promesa que se convierte en “letra muerta”. Debido al sistemático silenciamiento ejercido por las bandas criminales en Tarazá sólo queda al aire Morena F.M. que luego de varios atentados lograron, a principios de 2013, acallar el noticiero, situación que también se vive en los municipios cercanos que aún resisten a los embates de los violentos

La cálida y convulsiva Caucasia es el epicentro del Bajo Cauca, y allí está también asentado el tabloide “La Verdad del Pueblo” donde se informa sin pelos en la lengua. La constante casi suicida de esta publicación, que circula mensualmente desde hace 15 años, es denunciar a los cabecillas de estos grupos delincuenciales y a quienes se dedican a la extorsión, pillaje y secuestro de finqueros y campesinos. Asimismo, denuncian a los alfiles empotrados en las administraciones de los municipios que gobiernan bajo prácticas clientelistas tal como se denunció en la edición N°15 de este año, al actual Presidente del Concejo, el abogado Manuel Rafael Arrieta Viloria quién es acusado de despilfarro de los recursos del municipio .

Leiderman Ortiz, quien dirige “La Verdad del Pueblo”, recibe a diario la visita de mineros, comerciantes y hacendados que acuden a él como si fuera el salvador de Caucasia . Nada fácil y muy tortuosa ha sido la vida de este periodista quien, contra viento y marea, resiste los embates y amenazas que por doquier recibe de quienes se ven afectados por sus constantes denuncias. El cúmulo de atentados contra él y su familia, cinco en total, ponen en evidencia el alto riesgo al que ha estado expuesto durante los 15 años de ejercicio profesional diciendo “La Verdad, nada más que la Verdad”. Como si fuera una pesadilla recuerda que el más contundente ocurrió el 20 de mayo del 2012 cuando en la fachada de su casa detonaron una granada. Una semana antes fue objeto de un atentado similar en el patio de su casa. “Además de las granadas que me han arrojado he recibido muchas amenazas de muerte, incluso hace poco capturaron a un sicario que se dirigía a mi oficina para atentar contra mi vida”. Y recuerda que otra de las situaciones difíciles que ha vivido fue cuando alias “Caracho” intentó herirlo, pero afortunadamente nada pasó por la pronta reacción de su escolta que se encontraba presente.

Como si estuviera escribiendo su propia “Crónica de una Muerte Anunciada” el peligro para Ortiz flota en el aire cada vez que aparece una nueva edición de su periódico y los rumores de que su muerte se avecina son los temas de obligada conversación en las esquinas y cafeterías de Caucasia. Su esquema de protección ha tenido inconsistencias de hasta seis meses y en ocasiones lo han reducido. Por ello tuvo que acudir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, entidad que dispuso medidas cautelares. “Es tan vigorosa esta medida que si el gobierno caprichosamente decide retirarme el esquema de seguridad podría ser sancionado y demandado por infringir este derecho”, anotó Ortiz.

En las instalaciones del periódico ubicadas en su propia casa se discute sobre el acontecer del pueblo y se definen los trabajos investigativos a realizar, como el año pasado cuando recibió por parte de un comerciante de oro extorsionado por los Urabeños, la noticia de que el jefe de la banda en Piamonte, un corregimiento del vecino municipio de Cáceres, lo había citado a una reunión para notificarle una vacuna extorsiva para poder ejercer sus actividades mercantiles.

Gracias a las denuncias hechas en portada por “La Verdad” las autoridades, en asocio con la Interpol, desmantelaron la banda de extorsionistas liderada por alias “Leo”, quien fue capturado el 6 de febrero del 2013 en Perú.

Otra de las denuncias que más causó revuelo fue cuando publicó imágenes de un extorsionista conocido con el alias de “Sebastián”, quién iba a pagar 50 millones de pesos por la cabeza del periodista. “Gracias a las investigaciones realizadas hemos logrado identificar y capturar bandas criminales y extorsivas, lo cual implica un trabajo conjunto entre la comunidad y la fuerza pública para garantizar la seguridad de la población” indicó el Teniente Coronel Álvaro Cardozo, comandante del Distrito Especial de Policía de Caucasia.

El reconocimiento hacia este valeroso periodista es generalizado en todos los estamentos del Bajo Cauca, comenzando por el párroco de Caucasia . presbítero Julio Ramírez, quien cree que se ha hecho un excelente trabajo de investigación y, aunque piensa que el periódico utiliza palabras muy fuertes, es transparente y en muchas ocasiones le ha dado la bendición a Ortíz. “Este periódico ha tratado de concientizar al pueblo sobre la realidad de la zona, yo creo que hay que exaltar la labor que se ha hecho porque ni siquiera los noticieros y los informativos nacionales le han dado importancia a los hechos del Bajo Cauca”. El sacerdote puntualiza que ha sido un periódico que muestra la realidad en forma descarnada, a veces utilizando un vocabulario fuerte, pero ha sido un trabajo basado en la verdad. Así mismo, los ciudadanos acuden a él para agradecerle por su trabajo periodístico como es el caso de un minero de la zona quien hasta hace dos años pagaba una vacuna de 150 millones de pesos anuales.

“Al periodismo investigativo en Colombia le ha faltado profundizar más y yo entiendo que no lo hacen por las pocas garantías en materia de seguridad, siendo esto algo fundamental, pero nosotros no podemos seguir engañando a nuestros lectores, a nuestros oyentes y televidentes. No sólo los bandidos son los guerrilleros y las “bacrim”, sino también el estado, el grupo criminal más peligroso que opera en territorio colombiano. Ser periodista no debería ser una profesión, debería ser una vocación”, aseguró Leiderman, quien es ejemplo a nivel nacional por tratarse de un periodista provinciano quien, con el poder su pluma, hace prevalecer “La Verdad del Pueblo”.

Nota: Desde Manizales toda mi solidaridad con esta región por el asesinato del periodista Luis Carlos Cervantes . El ejercito nos protege del terrorismo , los periodistas, de gran valor como Luis Carlos, Leidermán y el resto de valientes , de la corrupción que desangra este país. ¡Los Héroes En Colombia Sí Existen!

@Osoriosantiago

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