La palma que se roba el agua en Maríalabaja

Allí, la palma de aceite fue la apuesta de apertura económica y calidad de vida. Pero esta agroindustria generó un sinfín de consecuencias sociales y ambientales

Por: Luis Castellanos Otero
septiembre 24, 2021
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La palma que se roba el agua en Maríalabaja
Foto: cortesía

Maríalabaja es un territorio que tiene condiciones que favorecen la fertilidad del suelo de la zona, esto se debe a la gran cantidad de fuentes de agua que hay en su extensión, dando como resultado que el municipio sea la despensa alimentaria de grandes ciudades del Caribe. Sin embargo, a inicios del 2000 a raíz de la violencia paramilitar de la zona, las relaciones sociales, económicas y políticas se vieron entorpecidas.

Luego del proceso de paz con las AUC que finalizó en 2006, y el reciente proceso de paz con la Farc de 2016, se comenzó a pensar en la reactivación económica y social de los territorios que sufrieron la violencia de forma directa para la construcción de paz al interior de las comunidades.

Para el caso de Maríalabaja, la agroindustria de la palma, supeditada por el gran potencial fértil de sus tierras, fue la apuesta para la apertura económica que mejoraría la calidad de vida de sus habitantes. No obstante, esta agroindustria ha generado un sinfín de consecuencias sociales y ambientales, entre ellas, la crisis en el acceso, uso y la calidad del agua.

Uno de los mayores efectos que tuvo la llegada del negocio de la agroindustria de la palma de aceite al municipio fue el impacto sobre el distrito de riego de la región y sobre los otros afluentes de agua (como lo es Ciénaga de Maríalabaja y Matuya), y el conjunto de arroyos, canales, represas y ciénagas, que abarcan San José del Playón, Arroyo Grande, Flamenco, León, Colú y Munguía.

Para contextualizar, el distrito de riego fue una obra de infraestructura construida en los años sesenta con el fin de potencializar los cultivos de la zona y crear una infraestructura clara para la irrigación del agua. Sin embargo, en la década de los noventa dicho distrito cayó en el abandono, debido a que los cultivos tradicionales como el arroz, el ñame y la yuca no eran tan rentables, el sostenimiento de dichas estructuras se elevó. Esto aunado a la violencia paramilitar que asolaba, dejó resquebrajado el distrito de riego.

No obstante, la situación comenzó a mejorar con la inyección económica de un total de 8.346 millones de pesos para su rehabilitación y la reapertura para su funcionamiento. Lo anterior, se dio en el marco la realización de un estudio para identificar alternativas productivas para el Distrito de Riego de Maríalabaja con el apoyo del Fondo de Desarrollo Integrado, que promovía abiertamente el entonces ministro de Agricultura, Carlos Murgas, quien posteriormente se convirtió en gerente de Usomaría (Entidad que regula el uso del distrito), potencializando el comienzo de la agroindustria en la zona debido a su relación estrecha con este gremio.

También podemos observar que el resultado de esas nuevas relaciones económicas y de poder sobre el distrito de riego dio como resultado que este quedara articulado con el clúster económico de la palma de aceite, siendo una zona que potencializa el cultivo de esta al tener una fuente de agua permanente junto con un subsuelo fértil, que nutría el crecimiento del cultivo.

En la actualidad se hace uso de grandes cantidades de agua en la agroindustria. De acuerdo con Usomaría, para una hectárea puede haber alrededor de 120 plantaciones de palma de aceite; cada una requiere 5000 m3 de agua trimestral para el lavado de los “corozos” de la palma y para el riego del cultivo. Mientras tanto, la población se ve privada del recurso en labores tan sencillas como cocinar, beber o para las plantaciones tradicionales que garantizan la seguridad alimentaria.

Esta dificultad se evidencia en el documental El Campo tiene sed, del Colectivo de Comunicación Rural de CDS en  2016. En él se puede ver cómo la población de las zonas más lejanas debe recorrer grandes distancias para poder llegar hasta mangueras comunitarias para poder recaudar agua debido al encerramiento de los espacios comunitarios que se usaban para surtir, y que han sido usurpados y cerrados por la palma de aceite. A esto se suma que solo el 50 % de población, es decir 1.303 suscriptores, tiene acueducto y además el servicio solo se presta durante 14 horas al día.

Además de lo mencionado, se debe hablar de otro punto más alarmante: según el Índice de Riesgo de la Calidad del Agua para el municipio de Maríalabaja es del 57,62 %, lo que representa un riesgo alto para su consumo, ya que el líquido no es tratado y potabilizado, dejando a la población en la encrucijada sobre si consumir o no el agua, sumado a los problemas sociales que acarrea que las fuentes que estaban al servicio de la comunidad estén siendo utilizados en su mayoría para otras actividades y que las fuentes primarias estén contaminadas con agrotóxicos y herbicidas.

Se puede mencionar que para el municipio de Maríalabaja el acceso, la calidad y el consumo de agua es un problema aún por superar. No necesariamente al contar con múltiples fuentes de agua podría garantizar el acceso y la calidad de estos para los pobladores. La palma de aceite es un actor casi que nocivo para la gestión del agua en el territorio; a pesar de que ha tenido buenos réditos económicos, no siempre el crecimiento económico da como resultado desarrollo.

Resulta pertinente que los grandes proyectos que se están gestando con el posacuerdo en los territorios más golpeados vayan en vía a las necesidades de la población y sirva como un motor asertivo para la construcción de verdadera paz y desarrollo.

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