La ofensiva democrática de emergencia para derrotar al COVID-19

Existen las condiciones necesarias para que las distintas fuerzas del país se unan con el fin de enfrentar la pandemia que tiene en vilo al mundo

Por: Fernando Dorado
abril 02, 2020
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La ofensiva democrática de emergencia para derrotar al COVID-19
Foto: Pixabay

Después de un aprendizaje de tres meses se puede afirmar que la humanidad a nivel global ha logrado identificar la estrategia para enfrentar y superar la pandemia causada por el virus Sars-CoV-2, ayudada por la ciencia encarnada en virólogos, epidemiólogos, infectólogos, salubristas y demás especialidades.

La ruta está trazada y deberá caminarse de acuerdo a las condiciones de cada pueblo, país, gobierno, Estado y sociedad. Consiste en atenuar o controlar la expansión de los contagios de coronavirus para evitar el colapso de los sistemas sanitarios y poder garantizar servicios especializados y oportunos a los enfermos críticos (UCIS, respiradores, atención médica). El objetivo es salvar vidas.

Las herramientas para hacerlo son: la práctica generalizada del distanciamiento social, que deberá estar acompañado del uso masivo de mascarillas (tapabocas, por aquello de los enfermos asintomáticos) y una estricta higiene personal y colectiva para aislar y desactivar al virus. El distanciamiento social preferiblemente debe ser un confinamiento general de la población en sus casas, a excepción de los trabajadores de servicios esenciales (servicios públicos, salud, alimentación, transporte, seguridad).

Todo ello en el marco de proteger (aislar) a las personas con mayor riesgo (adultos mayores, enfermos afectados por dolencias pulmonares u otras relacionadas) y esperar que el virus vaya vacunando paulatinamente al 60-70% de la población mientras se inventa y fabrica la vacuna respectiva o se producen los antivirales y medicamentos específicos. Es una carrera contra el tiempo que ojalá sea realizada con mayor colaboración e integración de los gobiernos y empresas comprometidas.

El confinamiento para que sea efectivo debe ser consciente, informado, organizado y voluntario, y en el caso de Colombia (y América Latina), requiere de estar acompañado de todo tipo de ayudas e incentivos para garantizar la alimentación y vida digna de la gran cantidad de población que vive al día (rebusque), en medio de la informalidad y del desempleo más terrible e indebido.

Si el confinamiento social no cuenta con esos requisitos, entonces se tendrá que mantenerse a la fuerza, lo cual significará la militarización de las calles, lo que a su vez, será una bomba de tiempo social, que en gran medida ya está estallando en varias partes del país y de naciones vecinas, y que no solo va a generar muertos (como los de la cárcel La Modelo del pasado 23.03.2020) sino que creará condiciones para que la pandemia se expanda y cause infinitos contagios, más enfermos e innumerables decesos fatales.

Todos estos aspectos de una política de emergencia están sobre la mesa de los gobiernos (nacional, regionales y locales). No obstante, los intereses de los grandes empresarios y transnacionales, los diferentes enfoques políticos, la situación misma de enclaustramiento de la mayoría de la población, el hecho de que el Congreso no pueda funcionar normalmente, crea condiciones que complican el trámite democrático de los conflictos y diferencias, y genera incertidumbre y desconfianza entre el pueblo.

Es indudable que Claudia López al frente de la ciudad de Bogotá y, de alguna manera, de los alcaldes y gobernadores de todo el país, ha ganado un gran protagonismo y le ha venido imponiendo ritmos y decisiones al presidente Duque. Este, después de las protestas sociales, no ha logrado sintonizarse con el grueso de la población y de la opinión pública. Duque pareciera estar rezagado en su gestión de la crisis y de la emergencia sanitaria y económica, y aunque intenta tomar la rienda, la descoordinación con la alcaldesa de la capital le crea serios inconvenientes para obtener el respeto de toda la nación.

Y por otro lado, Petro genera presión desde la retaguardia con su herramienta preferida de las redes sociales. Lo cual es positivo y necesario dado que la gente está enclaustrada y se requieren contrapesos políticos y sociales…

Duque declaró el confinamiento general a partir del martes 25 de marzo un poco a regañadientes. Petro lo respaldó después de que Uribe acogiera la idea, y de que el excandidato de la Colombia Humana estuviera presionando para que esa medida se decretara con firmeza y premura. Entre Claudia y Petro se mantienen distancias y diferencias en varios asuntos (demolición del Hospital San Juan de Dios, posición sobre el decreto 444 que creó el Fondo de Mitigación de Emergencias, compras de respiradores, etc.) pero existen coincidencias en que hay que darle continuidad al confinamiento general mientras que Duque ha empezado a plantear una estrategia llamada de “acordeón” que consistiría en suspender la cuarentena por ciertos períodos para activar la economía y, después, volver a aplicarla, de acuerdo a los resultados obtenidos y a los balances y proyecciones de los expertos.

Pienso que existen las condiciones para que las fuerzas democráticas y sociales se vuelvan a unir como lo hicieron en 2018 en la segunda vuelta presidencial, en cabeza de Petro y de Claudia. Hay que activar una gran “ofensiva democrática y social de emergencia”. El apoyo institucional está garantizado por los alcaldes y gobernadores quienes son los que más necesitan recursos para apoyar a sus gentes en los departamentos y municipios. El Congreso, así sesione virtualmente, puede colaborar activamente, y la población con jornadas de cacerolazos y presión desde las redes, sería la fuerza vital desde sus casas.

Es más, hay que proponerle un gran pacto social a Duque, a Uribe y a la nación para atender la emergencia y derrotar la pandemia del COVID-19. Los equipos científicos y de epidemiólogos deben unificarse sobre la base de la estrategia que ya demostró en todo el mundo que es la garantía para aislar al virus: el confinamiento general y sostenido acompañado de ayudas masivas para la población más vulnerable.

Ya lo corean muchos presidentes del mundo entero: “Primero la vida, después la economía”. ¿Sin vida para qué economía?

Colombia y su pueblo necesitan avanzar hacia la paz; el escenario de la emergencia sanitaria y social puede ser la cuota inicial para empezar a pagar esa deuda. El ELN ya contribuyó con su declaratoria de tregua unilateral. Sus integrantes deberán esperar. Hoy la prioridad es salvar vidas. ¡Podemos hacerlo!

 

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