La ofensa del vampiro negro

Un brigadier general escribe a propósito de la polémica desatada por los cánticos militares denunciados por la periodista Adriana Villegas

Por: Pablo Federico Przchodny
noviembre 26, 2020
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La ofensa del vampiro negro
Foto: Facebook @ejercitocolombia

"Un minuto antes de morir, escuché la voz de mi novia que con voz de perra me decía, sí te mueres se lo doy al policía. Porque yo soy, ja, soy, ja, el vampiro negro; Cuando se muera mi suegra / que la entierren boca abajo / por si se quiere salir / que se vaya más abajo. / Con los huesos de mi suegra / voy a hacer una escalera / pa' bajar a su tumba / y patear su calavera”, cantaba un pequeño grupo de soldados del Ejército pertenecientes al batallón Ayacucho en Manizales, como suelen hacerlo, desde tiempos atrás, todos los militares (hombres y mujeres) mientras trotan en sus entrenamientos dentro del cuartel y aun cuando marchan a la guerra.

Este cántico, en otra época, podría haber pasado desapercibido, pues las unidades militares quedaban en los extramuros de las ciudades, que fueron creciendo y devorando el campo, dejándolas enclavadas dentro de las moles de cemento y dejando expuesta al público la intimidad de la vida castrense. La letra entonada por los militares fue escuchada por una inquieta periodista quien, en un diario de su ciudad, manifestó públicamente su indignación por ello, encontrando una caja de resonancia en todos los medios de comunicación, los cuales ante la falta de noticias amarillistas y de impacto nacional, hicieron eco a su clamor por la dignidad golpeada de mujer.

Es cierto, los tiempos han cambiado, el sentir de las personas, los valores, los principios no escapan a esa realidad y hoy se suma el ingrediente del libre y masivo acceso a las redes sociales, lo que hace más sensible cualquier tema y es posible que quienes o quien comandaba a ese puñado de jóvenes soldados no lo haya tenido en cuenta al momento de entonar ese cántico. El juicio social no se hizo esperar y la ofendida periodista encontró su cuarto de hora explicando a discreción cómo el “vampiro negro” lesionó su dignidad de mujer. 

Vale anotar que estoy de acuerdo y apoyo como hombre, todo esfuerzo para que la honra de las mujeres, representadas en nuestras madres, hermanas, esposas, hijas, amigas y en general todo el género femenino sea respetado y por ningún motivo se lesione su sagrada dignidad y coincido con ella, y con todos quienes públicamente la apoyaron en su manifiesta indignación contra los soldados, que no se deben realizar acciones o emplear términos que atenten contra ellas. Yo estoy seguro de que al entonar dicha canción en ningún momento paso por la mente de los uniformados que con ello estaban violentando simbólicamente a las mujeres y mucho menos que dicho acto era una manifestación de odio, misoginia y machismo.

Pero ante el escándalo generado por la tonada del vampiro negro y la funesta intención de enterrar a una suegra boca abajo, los mismos medios que dieron amplia difusión al malestar generado en las feministas hacen enormes despliegues periodísticos a los éxitos musicales de cantantes de géneros urbanos cuyas letras no dejan muy bien valorada la misma dignidad de mujer que reclaman las diferentes agrupaciones que cerraron filas con la periodista ofendida. 

“¿Cómo te atreve' a venir sin panty?, Hoy saliste puesta pa' mí; Yo que pensaba que venía a dormir. No vino ready ya, puestapa' una cepillá'. Me chupa la lollipop, solita se arrodilla, hey ¿Cómo te atreve', mami, a venir sin panty? Porque está' bien buena, porque está' bien buena. Teta' bien grande' como Lourde' Chacón, las nalga' bien grande' como Iris Chacón, la chocha no sé por qué no la he visto, pero vamo' pa' la cama a clavarte en panty” dice un popular cantante en uno de sus discos el cual es bailado en hogares, calles y discotecas y tiene cientos de miles de reproducciones en las redes sociales, sin que al momento alguna dama se pronuncie con indignación, por lo contrario, su melodía es objeto de premios a nivel nacional e internacional como lo diría don Jorge Barón.

Por otro lado, aparece otra figura de la farándula con unos temas musicales muy conocidos, los cuales se bailan hasta en fiestas infantiles con el alegre beneplácito de madres, tías y abuelas; entre los muchos temas en donde se expresa de manera fuerte hacia las mujeres, este personaje dice en uno de ellos que: “La primera se desespera, se encojona si se lo hecho afuera. La segunda tiene la funda y me paga pa' que se lo hunda; la tercera me quita el estrés polvos corridos, siempre echamos tres”. Si se compara esto con el canto de los soldados, no es tan grave el tema que ellos entonaron, pues es la dama quien amenaza al militar con dárselo al policía como castigo si se muere, mientras que en este corto ejemplo de música popular, se ve natural y aceptable que un hombre tenga cuatro babys.

Podríamos seguir con muchos ejemplos de temas musicales que suenan a diario y que son motivo de homenajes y premios, hasta reconocimientos por aportes a la cultura sin que se observe asomo de rubor o de incomodidad en el género femenino de nuestro país y, mucho menos, se inicie una fuerte campaña reclamando por las lesiones infligidas a la dignidad de las damas producto de darles “duro contra el muro”, o por “cogerlas en cuatro y darles hasta el cansancio”, por considerarlas como “el polvo favorito” o por pedirles abiertamente y sin pudor que quieren “el combi completo chocha, culo y teta”.

A mi juicio, existen en el mercado de la música temas que, en efecto, lesionan la dignidad de la mujer de tal forma que va más allá de un simple perreo y no solo en cuanto a la musicalización y letra de los temas, sino en los videos que acompañan la promoción de los mismos en los medios y se observa que, además de denigrar el valor de las mujeres, las instrumentaliza de manera grave y muestran sus cuerpos como objetos asociados al licor, la droga y el lujo, como mueble en hogar de narco. Aquí, nuestra apreciada periodista afectada por el vampiro negro no se pronuncia y la masa de feministas y de medios que la respaldan en su queja por tan oprobioso insulto de parte de los soldados tampoco se manifiesta, pues el interés es ser parte de esa fuerza interesada en golpear la imagen de una noble institución aprovechándose de cualquier detalle. Una vez golpeada la imagen de un ejército bueno, las feministas muy seguramente se irán a “perrear” a cualquier discoteca de la ciudad.

Pienso que el malestar de la periodista más allá de la letra ofensiva del cántico fue que de pronto los soldados no tenían el swing, muy seguramente sí el vampiro negro que enterraba a su suegra boca abajo fuera interpretado por Maluma, por Mr. Black o cualquiera de los reguetoneros de moda sería un éxito de radio, con altas posibilidades de ser premiado con un Grammy, y nuestra ofendida estaría en una discoteca gozándosela. 

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