La marcha de los ciegos y sus perros guía en Bogotá

Se hicieron oír para que les permitan vivir tranquilamente y les permitan entrar a lugares como Avianca, Juan Valdez, entre otros, donde no los quieren ver

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julio 05, 2019
La marcha de los ciegos y sus perros guía en Bogotá

Un viejo de 70 años intenta cruzar la calle. Adelante de él va su bastón rojo y plata. Sus pasos son cortos e inseguros. Intenta cruzar la avenida Caracas en Bogotá a la altura de la calle 45, y sin saberlo el semáforo se torna verde. Una buseta, de las verdes con crema, se pega del pito. El señor, ciego, gira la cabeza y se queda frío. Congelado. Tiene que venir otro transehunte para ayudarlo a pasar la calle. La buseta arranca a toda mecha y casi que roza al señor ciego, que acaba de superar una de las infinitas pruebas que viven a diario las personas con discapacidad visual. Vivirá lo mismo dos o tres veces más durante ese día.

Los semaforos suenan a destiempo. Las baldosas para personas ciegas están mal puestas y conducen a un bolardo, o simplemente hay un camino de 40 baldosas que dicen “pare” y que los obreros pusieron creyendo que decían “siga”. Entre el bus y la estación de Transmilenio hay un abismo que puede tragarse bastones y hasta pies. Estos son algunos de los riesgos que día a día enfrentan las personas ciegas en Colombia.

Por eso Pedro Jaramillo, un floricultor ciego, creó en el 2003 la Fundación Vishnú del Cypres (http://fundacionperroguia.com/), la organización que entrena y entrega perros guías en Colombia para que las personas ciegas tengan un acompañante fiel que los ayude a sortear todos los peligros que las alcaldías no han podido solucionar. En solo un año Pedro Jaramillo logró posicionar el tema en la agenda nacional y la presión de distintas organizaciones desembocó en la ley 16 - 60 del 2003 que deja claro que cualquier invidente en Colombia podía entrar a cualquier establecimiento en compañía de un perro lazarillo, y reglamentó las obligaciones de los dueños: tener el perro con un arnés, el carnet que demuestra que el perro fue entrenado y el certificado de vacunas.

Pero al día de hoy la ley sigue siendo un saludo a la bandera. Con una marcha que arrancó en el Museo Nacional y terminó en el Parque Brasil, en Teusaquillo, unos 100 usuarios de perros guías marcharon para denunciar que cada día empresas grandes y pequeñas siguen vulnerando sus derechos. “Con mascotas no pueden entrar”, “al taxi no se suben con ese perro”, “nos reservamos el derecho de admisión”, son las frases con las que les impiden el ingreso a lugares desde bancos, pasando por bibliotecas y terminando en supermercados. De nada sirve que los usuarios citen la ley, denuncien que lo que están haciendo es ilegal, la respuesta del encargado casi siempre termina siendo negativa. En casi todos los casos no es porque una empresa tenga una política discriminatoria, sino que no tienen una política incluyente donde se les cuenta a los empleados que tienen que admitir para cumplir la ley.

La promotora de la marcha fue Lida Carriazo, hermana del actor Enrique. Ella tiene su perro y ha sufrido la discriminación en primera persona. A las 11 de la mañana arrancó la marcha. La Alcaldía de Bogotá estuvo presente. Muy presente. Unas 30 personas con su respectiva chaqueta azul hicieron énfasis en el respaldo del alcalde Enrique Peñalosa a la marcha y los derechos de las personas con discapacidad visual. Pero con el transcurso del tiempo, la incomodidad de algunos asistentes a la marcha fue aflorando: “Nos gritan como si fueramos niños pequeños”, “no saben que no pueden tocarnos, ni el hombro ni nada” nos quieren llevar como si fuéramos un rebaño de ovejas”. Eran demasiados representantes del Distrito, pero a casi todos les faltaba formación en temas de discapacidad visual.

El primer colombiano en recibir un perro lazarillo fue William Ruiz en el 2002, un bogotano que quedó ciego en 1989 tras un atentado en el que explotó una carga de dinamita en la iglesia La Macarena - en Ciudad Kennedy -. Desde entonces la fundación Vishnú del Cypress ha entregado 300 perros en 15 años de funcionamiento. El próximo perro lazarillo de la fundación será entregado en Cali, pero todo el país tiene habitantes que están en la lista de espera.

Una de las principales peticiones durante la marcha fue que tanto ciudadanía como encargados del ingreso a establecimientos públicos y privados entiendan que estos animales no son mascotas. No los acompañan por gusto. Estos perros son, literalemente, los ojos de las personas ciegas. Esquivan canecas de basura, árboles, bolardos - casi todos mal puestos en medio de los caminos para ciegos -, y cruzar calles. Para esto, cada perro tiene que ser amaestrado dos años enteros, y solo el 60% de los animales aprueba el curso. No todos los perros pueden ser lazarillos.

Esta diferenciación entre mascotas y perros lazarillos es vital y está cobijada por la ley. Si bien los negocios pueden no recibir mascotas, las personas ciegas por ley tienen que poder entrar. Cualquiera que les niegue la entrada podría estar sujeto a multas o a días de cárcel por estar ejerciendo discriminación. Incluso hay dos leyes puntuales que intentan evitar la discrimianción constante de vigilantes y conductores. El artículo 87 de la ley 769 obliga a las empresas presatadoras de servicios de transporte - taxis, buses, busetas y aviones - a permitir el ingreso a los vehículos, mientras que el decreto 15 38 del 2005 obliga a los vigilantes a no prohibir el ingreso. Pero todos siguen atropellando a los usuarios de perro guía.

Tal es la diferencia de los perros lazarillo y los perros mascota, que los primeros llevan un cartel inmenso pidiendo que no los toquen. Cualquier chasquido, cualquier caricia, cualquier distracción puede distraer al animal y pone en riesgo la vida de la persona ciega.

Contra todos estos prejuicios fue la marcha del 7 de junio. Fue la primera vez que la población ciega de Bogotá se unía para hacer valer sus derechos en las calles. Era romper un estigma. Era demostrarle a la ciudad, al país, que no solo tienen los mismos derechos que el resto de colombianos, sino también la misma capacidad, que son autónomos, independientes, y que sus perros, aliados incondicionales en esta lucha, merecen respeto.

La marcha avanzó por toda la carrera Séptima hasta el Parque Nacional. Acá había refrigerio para los asistentes y una estación de hidratación para los perros guías, que incluso tienen horario laboral de 8 horas diarias, pues su trabajo es altamente extenuante y no pueden estar alertas si están cansados. La marcha finalizó en el Parque Brasil, en Teusaquillo, después de una y media de caminata.

Los marchantes tienen claro que el futuro es incierto: las ciudades colombianas siguen siendo inhóspitas y agresivas para con todas las personas con discapacidad - bien sea visual o cognitiva -. Pero no solo es la construcción física la que los segrega: la estigmatización social es tan fuerte que solo el 15% de las personas con discapacidad están ocupados - estudiando, trabajando o teniendo una ocupación no remunerada -. El otro 85%, según el Ministerio del Trabajo, no tiene acceso a trabajo, educación o pasatiempo. De la población con discapacidad, según la Organización Internacional del Trabajo, el 80% está en edad productiva.

Ahora, el panorama se pone aún peor. Según el mismo Ministerio del Trabajo, el 64% de las personas con discapacidad no reciben ningún tipo de ingreso - ni laboral, ni subsidio, ni de un familiar - y por ende tienden a generar una dependencia económica que les cercena las alas. Pero nada de esto es por falta de interés de las personas con discapacidad.

Algunas entidades -pocas, poquísimas- como la red de Bibliotecas Públicas de Bogotá, Bilbiored, tienen puestos con criterios de discapacidad positiva. O sea, puestos que guardan para personas con discapacidad. Pero acá los retos se mantienen: no les informan bien de sus roles y son tratadas como personas especiales, por lo que el trato diferencial tiende a significar paternalismo que lleva a una doble moral: no se le exige mucho porque “que pecadito”, pero luego a la hora de evaluar su trabajo lo castigan el doble. Y la consecuencia es el despido o la eliminación de ese puesto de trabajo.

Puntualmente frente a la discriminación por ingreso con perros lazarillo, hay una mujer dando la batalla. Luisa Moreno, quien quedó ciega a los 12 años por una rosacea, se ha dedicado a registrar las veces que ella y otros usuarios de perros guías no han podido entrar, o han tenido que batallar para que les reconozcan su derecho. Ella trabaja en el Instituto Nacional para Ciegos, INCI, y acá se ha relacionado con esta comunidad. Incluso la Fundación Vishnú del Cypress reconoce que es la persona que más ha recolectado los datos de las empresas que vulneran los derechos de personas con perros lazarillo.

Desde lo que ha podido recolectar, de manera artesanal pues no existe ningún seguimiento o cifra oficial estatal, este podría ser el ranking más cercano de empresas que reiterativamente impiden la entrada a personas con perros guías.

- Almacenes Éxito.

- D1 y Ara

- Uber y Beat

- Taxi Express, Taxis Libre y Taxi Bogotá SAS (reconocidas puntualmente pero en casi todas las empresas de taxi se presentan estos problemas).

- SITP.

- Banco de Bogotá

- Medimas y Sanitas

- Claro

- Juan Valdéz

- Coopetran

Vale la pena reconocer que, si bien no es una política de ninguna de estas empresas, sí es una actuación recurrente de funcionarios puntuales de estas empresas que no reciben capacitación, no tienen conocimiento y no actuan en favor de las personas ciegas. Sucede mucho que en una tienda de D1 no pongan problema, pero al entrar a otra que queda a 3 o 4 cuadras, ya les niegan el ingreso y así sucede con casi todas estas empresas. Termina siendo la voluntad del vigilante o el gerente lo que prevalece.

Para Luisa, esto ocurre porque no hay una política de inclusión de la empresa, no se le advierte a sus empleados - vigilantes ni administradores de local - y por ende cada empleado decide basado en su antojo, prejuicio o consciencia. Por eso no los dejan entrar, o en algunas ocasiones después de mucho batallar, de exigir la presencia del administrador o gerente del lugar, se les permite la entrada después de media hora o una hora de alegato. “No es justo que nos toque rogar para que nos permitan entrar. Eso es denigrante.”

Si bien estas son las empresas donde más se presentan vulneraciones, no son las únicas. También se han presentado abusos en: La Corte Suprema de Justicia sede centro Bogotá, la sede de la Fiscalía Cavif - Centro de Atención Contra la Violencia Intrafamiliar, Viva Air, Subway, Jumbo, Carulla, Crepes and Waffles, SAO, Super Kundi, Centro Comercial Plaza de las Américas, Olímpica, Clínica de Oftamología de Occidente en Cali, Hotel Irotama en Santa Marta, Hotel Magdalena en Barrancabermeja, Hotel El Isleño en San Andrés, Empresa de Transportes El Libertador de Boyacá, Expreso Palmira, Flota Magdalena, Velotax.  Y Transmilenio tiene un papel extraño: si bien ya no impiden a los usuarios entrar con los perros guías, si tienen requisitos que no son para estos animales, como exigirles que usen bozales por ejemplo.

No solo se desconoce su derecho a ingresar libremente, sino que les toca dar la pelea en estos lugares. Pero parte del problema radica en que no hay un seguimiento real a esta problemática de discriminación por parte del Estado: no hay un registro estatal o municipal para recopilar estos abusos, y por eso es Luisa la que tiene que, de manera rústica a través de grupos de Whatsapp y el voz a voz, recopilar cada caso.

Para Luisa, y docenas de usuarios de perros guías, no es justo que si bien sus derechos están consagrados en la Constitución y en diferentes leyes, todo el mundo siga impidiéndoles entrar a estos lugares. “Terminamos dependiendo casi de la caridad de un jefe o administrador que quiera dejarnos entrar, cuando en realidad están obligados por ley. Muchas veces nos toca entrar a la brava, sin violencia, pero imponiendo nuestro cuerpo.”

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