Opinión

¡¡La máquina de decretar!!

Claudia López empezó a recibir pronto aplausos de líder, pero ya se le ven aspiraciones más grandes que el chaleco que viste para hablar de crisis sin desaprovechar pantalla

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abril 02, 2020
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¡¡La máquina de decretar!!
La propensión a aparecer todos los días en los medios descalificando las medidas nacionale y anunciando tempestades es dañina. Foto; Twitter/Claudia López

Gobernar no es lo mismo que mandar, no se reduce a decretar,  y desde luego nada tiene que ver con la práctica dictatorial de “mangonear”. Es más bien, como se dice de la política, el arte del poder y la libertad.

Entre el virus de estos días, mientras uno está en casa como un pájaro aislado al que le han estrechado la jaula hasta la asfixia, cómo no aspirar a ver la mejor versión de cada gobernante por pomposo o humilde que sea su escritorio, ahora precisamente cuando les toca liársela desde la administración con este aterrador momento de la humanidad y proporcionar alguna noción de orden, de confianza.

Lamentablemente, no puede pasarse por alto que “lo que en la política moderna tratamos como cuestiones públicas, muy a menudo son problemas privados de figuras públicas.” (Leonidas Donskis, Ceguera Moral). Así que en mala coincidencia con el momento, preocupa el manejo de los disparejos mandatarios frente a la crisis sanitaria y más grave que eso, existencial, que nos atrapó una mañana, y a la que han acudido vistiéndose de bomberos improvisados, pero con fuerte autoritarismo y bochinche amplificador del pánico.

No me refiero al caso global, desde luego desconcertante si se toma en referencia la manera desorientada de las potencias hegemónicas para responder, sino al asunto más menudo y cercano de la dirigencia local (alcaldes y gobernadores) estrenados en este laberinto después de haber asumido funciones apenas el 1 de enero pasado.

La restricción de la libertad de movilidad es algo muy sinuoso, toca el alma, las alas o la respiración misma de las personas y la sociedad, y puede llegar a ser, si se utiliza de manera desproporcionada,  como encarcelar a alguien con perversidad y sin juicio previo. Claramente, (algo que más adelante habrá de juzgarse en campos disciplinarios, políticos y hasta penales), esto desde un comienzo se asumió como experimento de probeta por muchos alcaldes y gobernadores; peor aún, en desfase total entre ellos y respecto del nivel nacional.

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Se regodearon decretando toques de queda o simulacros preventivos de aislamiento, y ahora aparecen anunciando prolongaciones del confinamiento sanitario

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Se regodearon decretando desde un escritorio de inexpertos toques de queda o simulacros preventivos de aislamiento, y ahora muchos ante la huella del que más vitrina obtenga en los medios o en las redes, aparecen anunciando sin ninguna evidencia a la vista, prolongaciones del confinamiento sanitario, más y más restricciones a las libertades personales. Ante esta máquina de imprimir órdenes a todo vapor, ya no es posible saber en qué casos puede alguien salir por una urgencia de su casa, en cuál tipo de vehículo, cuándo se puede ir o no al supermercado según la cédula, en fin, en qué instante parpadear o morir, o si pronto se le ocurrirá al más anodino alcalde que únicamente salga quien vista de blanco el lunes o luzca rubio el miércoles. Lo de Cundinamarca no coincide con Bogotá (o no se entiende razonablemente) y lo de Bogotá no parece hacerlo con anuncios del gobierno nacional. Así en cientos de municipios.

Caso en particular delicado, dado el tamaño de lo que se habla, es Bogotá. Claudia López empezó a recibir muy pronto aplausos de líder por una voz firme en este trance. Pero ya se le ve oteando otras aspiraciones, empieza a notársele más grande que el chaleco con el que viste para hablar de crisis sin desaprovechar pantalla. Esa propensión a aparecer todos los días en los medios descalificando las medidas nacionales, proponiendo pendencias y anunciando tempestades es dañina. Decir que no “tengamos miedo”, como si nuestro miedo hiciera parte de su circulo de decisión o de su ADN, que nos viene bien más confinamiento domiciliario por otros meses, que esto o aquello porque lo decide ella omnipresente, es irresponsable.

La desobediencia civil es un derecho, el más importante en realidad en la vida política. Más que prohibiciones por el gusto de mandar, por el desafío de construir una nueva gran muralla china en la vida de la sociedad que está elaborando un súbito temor ante la dimensión de la muerte, se requiere propuesta de salidas, oferta de alternativas.

Parece innegable que la cuarentena, aunque coyuntural, es práctica. Pero no puede ser la fórmula de gobierno, y menos si viene con amenazas.

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