En junio de 1970, Pelé dio la vuelta olímpica sin la camiseta verdeamarelha, con el sombrero de mariachi puesto y asediado por una multitud frenética que parecía querer, al menos, llevarse a casa un pedazo de su piel, un cabello, su sudor.
El mejor jugador brasileño de todos los tiempos salió del terreno convertido en el primer tricampeón mundial de la historia, después de liderar una exhibición colectiva de Brasil en la final 4-1 contra Italia. Ese inolvidable 21 de junio, mucho antes de que la FIFA eligiera al Estadio Azteca para volver a abrir una Copa del Mundo en 2026, sus tribunas empezaron a convertirse en el escenario de algunas de las imágenes más sagradas del fútbol mundial.
Dieciséis años más tarde, otro genio sudamericano también lo pondría literalmente a sus pies. Diego Armando Maradona, quien días antes de iniciar el Mundial de 1986 apareció sonriente en una concentración argentina con un sombrero de charro sobre la cabeza, terminó levantando la Copa del Mundo en el mismo estadio donde Pelé había alcanzado la inmortalidad.
Dos leyendas, dos Mundiales, dos sombreros de mariachi y un mismo escenario que volverá a ser el centro de las miradas futboleras cuando arranque el Mundial 2026.
El estadio que cambió la historia de los Mundiales
La construcción del Azteca comenzó en 1962 y concluyó cuatro años después. El proyecto fue impulsado por Guillermo Cañedo y Emilio Azcárraga, quienes buscaban levantar un escenario deportivo capaz de competir con los grandes del planeta y respaldar la candidatura de México para organizar su Copa del Mundo.
Los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares Alcérreca fueron los encargados del diseño. Antes de iniciar las obras, tuvieron que enfrentar un desafío monumental: remover millones de kilos de roca volcánica en un terreno de aproximadamente 64.000 metros cuadrados.
Más de 800 obreros, junto con ingenieros, técnicos y arquitectos, participaron en la construcción de un recinto que inicialmente fue concebido para albergar a más de 100 mil espectadores.
El estadio fue inaugurado el 29 de mayo de 1966 con un partido amistoso entre el Club América y el Torino de Italia. Aquel día asistieron más de 100 mil personas para conocer un escenario que terminaría convirtiéndose en uno de los símbolos del fútbol mundial.

Pelé y la coronación del Brasil de 1970
La primera Copa del Mundo disputada en territorio mexicano llegó en 1970 y encontró en el Azteca su principal escenario.
El estadio acogió el partido inaugural entre México y la entonces Unión Soviética. Ese encuentro dejó dos hitos históricos: la primera tarjeta amarilla mostrada en una Copa del Mundo y la primera sustitución oficial en la historia del torneo.
Sin embargo, el momento más recordado llegó el 21 de junio de 1970. Aquella tarde, el estadio fue testigo de una de las actuaciones colectivas más admiradas en la historia de los Mundiales. Brasil derrotó 4-1 a Italia en una final que tuvo a Pelé como eje futbolístico y emocional de su selección.
El astro brasileño abrió el marcador con un poderoso cabezazo a los 18 minutos, elevándose entre los defensores italianos como si permaneciera suspendido en el aire. Más adelante participó en varias de las jugadas decisivas del encuentro y dejó una de las asistencias más recordadas de todos los tiempos cuando cedió el balón para que Carlos Alberto sellara el cuarto gol brasileño con un remate inolvidable.
Al finalizar el partido, mientras el Azteca estallaba de júbilo latinoamericano, Pelé fue llevado en hombros por sus compañeros y levantó la Copa Jules Rimet como el más grande futbolista de la historia hasta entonces.
El Azteca y las gestas de Maradona en México 1986
Dieciséis años después, tras la renuncia del gobierno colombiano liderado por el presidente Belisario Betancur a organizar el Mundial en nuestro país, el Azteca volvió a ser el escenario de otra gesta futbolera suramericana.
México asumió la organización de la Copa del Mundo de 1986 y el estadio de la capital recibió nuevamente el partido inaugural, pero fue en los cuartos de final cuando atestiguó una de las actuaciones más recordadas en la historia del fútbol.
El 22 de junio de 1986, apenas cuatro años después de la Guerra de las Malvinas, Argentina e Inglaterra se encontraron en un partido cargado de tensión política y simbolismo mediático.
Durante gran parte del encuentro, Maradona fue asediado por ingleses con actitud de piratas cada vez que tocó el balón. Sin embargo, bastaron cuatro minutos para que cambiara para siempre la historia de los mundiales.
Arrancó con la jugada que el mismo crack bautizaría, en las primeras entrevistas como campeón del mundo, “La Mano de Dios”. Diego corrió hacia un balón dividido dentro del área y saltó, en una lucha desigual frente al arquero Peter Shilton, quien medía casi 20 centímetros más. Sin embargo, su maliciosa mano izquierda se elevó más y la pelota entró.
El árbitro no advirtió la infracción y concedió el gol en medio de las protestas inglesas.
Maradona, caracterizado por sus excesos de talento en la cancha y de juerga en las calles, no tuvo suficiente. Minutos después, recibió el balón en su propio campo y emprendió una carrera que aún desafía la lógica. En poco más de diez segundos dejó atrás a cinco jugadores ingleses y al arquero Shilton, esquivando rivales como si avanzara entre estatuas inmóviles.
El mejor gol de todos los tiempos para la FIFA y los fanáticos de todas las latitudes. La narración del periodista uruguayo Víctor Hugo Morales inmortalizó el momento con una frase que atravesó generaciones: “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”.
El recorrido argentino continuó hasta la final del 29 de junio de 1986, cuando Argentina venció 3-2 a Alemania Federal y consiguió su segundo título mundial. A falta de pocos minutos, filtró un pase preciso para Jorge Burruchaga, quien recorrió varios metros antes de anotar el gol definitivo.
Cuando sonó el pitazo final, el capitán argentino levantó los brazos hacia el cielo del Azteca y luego alzó la Copa frente a miles de espectadores.
Un escenario con récords únicos
A lo largo de seis décadas, además de ser el primer estadio en albergar dos finales de la Copa del Mundo, el Azteca ha acumulado otras marcas difíciles de igualar.
En esta edición se convertirá en el primero en recibir tres inauguraciones mundialistas. También ha sido sede de 19 partidos de Mundiales, una cifra que durante décadas lo ha tenido como el recinto con más encuentros mundialistas disputados.
Además, su capacidad llegó a superar los 115 mil espectadores durante la década de los ochenta. Sin embargo, tras las remodelaciones realizadas para cumplir los estándares internacionales actuales de la FIFA, el aforo quedó cercano a los 87 mil asistentes.
La más reciente renovación se extendió durante cerca de 20 meses e incluyó mejoras tecnológicas, sistemas de iluminación LED, conectividad digital y adecuaciones de seguridad para recibir la Copa Mundial de 2026.
Ahora, seis décadas después de su inauguración, el estadio Azteca volverá por su gloria. Aunque esta vez no albergará la final del campeonato, recibirá partidos de la Copa y tendrá el privilegio de abrir oficialmente el torneo.El silbatazo inicial del Mundial 2026 marcará otro momento histórico para un recinto que ha sido testigo de las más grandes hazañas del fútbol suramericano.
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