Así fueron los últimos días de Óscar Esnel Asprilla, "Chita", el legendario delantero que brilló en el rentado profesional y en el Torneo Intermunicipal

 - La leyenda de fútbol de El Bagre que nunca encontró un rival capaz de parar sus gambetas
Texto escrito por: Carmelo Antonio Rodríguez Payares

Varios de los testimonios recogidos de primera mano permitieron confirmar que los últimos días que la vida le concedió a Óscar Esnel Asprilla no fueron un dechado de rosas. Por el contrario, con un estado de salud en declive, y cada vez más deteriorado su estado físico, merced a un par de nódulos que se le incrustaron en sus pulmones, en el amanecer del viernes 12 del mes que avanza, partió para siempre un personaje que tuvo en el fútbol la mejor manera de divertirse, y a veces de llegar a burlarse de sus rivales, que fueron muchos en su larga permanencia en esa actividad deportiva. De lo anterior hay testigos por montones.

Una leyenda urbana, que alcanzó la categoría de mito, y que en tal condición recorrió por largos años nuestras calles, callejones y demás vericuetos, decía que el pueblo donde había venido al mundo y cosechado tantos triunfos en su cancha preferida era el corregimiento de El Bagre. La verdad es que nació el domingo 27 de febrero de 1949 en el municipio de Zaragoza, desde donde llegó a Medellín hace dos meses acosado por una enfermedad que se tornó aguda por el grado de desnutrición que hizo mella en una persona a su edad: 77 años.

También se quedará como otro misterio el cambio de su segundo nombre, Esnel, cuando en su cédula de ciudadanía, documento que tengo frente a mí y que no me deja mentir, dice que era Iriel, Óscar Iriel; pero eso no es ningún obstáculo para reconocer el talento natural del que fue dotado por los dioses del Olimpo del Fútbol, el mismo que le permitió hacer parte de equipos como el Deportivo Cali y el Pereira, entre otros, en la rama profesional.

Pero fue en El Bagre donde pudo desplegar toda su habilidad como delantero nato, de esos que hicieron de la raya su mejor cómplice para armar las maromas que hacía con el balón. Ese tipo de jugadores, a decir verdad, no se volvieron a ver gracias a las manos perversas de muchos técnicos que se fueron por otros senderos y les cerraron la puerta a los verdaderos artistas del balón.

Hizo parte de la Selección de fútbol de mayores de El Bagre, cuando esa población era gobernada desde Zaragoza, y allí logró coronarse 4 veces campeón del Torneo Intermunicipal, evento que tenía el aval y la organización de la Liga Antioqueña de Fútbol. Quienes se lo pudieron gozar en aquellos tiempos lo describen como un verdadero malabarista con el balón y sus dribles o “regates” que llaman ahora enloquecían a los defensores contrarios, con una virtud extraña, y era que casi nunca se daba contra el césped de cualquier cancha. En palabras sencillas, era un meleador por excelencia. Esa condición llevó a que alguna vez Rafael “Chito” López Mejía, en su momento alcalde de Zaragoza, llegó a decir algo parecido a una herejía: “Ese negro desafía la ley de la gravedad, miren que le dan guayo como un putas y nunca se va al piso".

Relatos de esos tiempos son recordados hoy por el colega Álvaro Chedid Amariz, que dice que en ocasiones atacaba haciendo "morisquetas" con el balón, de ahí el remoquete o apodo de "Chita”, aquel personaje inseparable del ídolo de la televisión de la época, conocido como “Tarzán de los monos”. Es más, ese simpático apodo se lo puso el señor "Toño” Oviedo, es decir, el inolvidable personaje de El Bagre, Eliumen Antonio Oviedo Parias.

En sus tiempos en el profesionalismo, donde valga decir que nunca se pudo adaptar, pasó por las manos de técnicos de gran renombre como el paraguayo Óscar López Fretes y el argentino Francisco Alfonso Villegas Collante, conocido como el “Pancho” Villegas. Pudo haber llegado bien lejos en cualquier equipo de la rama profesional del país, pues estaba destinado para eso porque le gustaba jugar y hacer goles, pero no le atraía mucho el entrenamiento, al que le sacaba el cuerpo a través de supuestas lesiones, contó alguna vez en el parque de Zaragoza, en su inevitable estado de tres quince.

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Sus últimos 20 años los vivió en su pueblo natal en donde tuvo una vida tranquila y se ganaba el pan diario "hacingo mandados a los amigos", y que nunca le faltara una fría para enfrentar la resolana del sol que caía sin misericordia a esas horas de la tarde. Con su particular manera de ser decía que allá vivía “sin pagar arriendo, energía eléctrica, la Dian no lo jode a uno, tampoco se necesita Internet, ni Directv, ni necesitas chatear con nadie. En resumen, me interesa estar en paz conmigo mismo, y respetar a los demás”.

Dicen que cuando Dios no está, manda un angelito y en el caso de Óscar ese tiene nombre propio: Geraldine, una sobrina que hace más de 40 años está residenciada en Italia, desde donde dio las instrucciones para atender a todo costo el cuidado de su tío en Medellín. Ella es hija de Henry, hermano mayor de Óscar, quien tuvo la oportunidad de visitarlo en sus últimos días en un hogar geriátrico por los lados del sector del barrio Prado, en el centro de Medellín.

El dictamen de los médicos fue tan contundente como inapelable: el cáncer había hecho metástasis y lo mejor era brindarle un cuidado de tipo personal; así que del hospital Marco Fidel Suárez de Bello pasó sus últimos días en aquel hogar atendido por Sol Milena Moreno Guerrero, tan zaragozana como Óscar.

“A veces se le abría el apetito y pedía un sancocho de hueso o de cola de res, pero por esas cosas lo dejaba casi entero y apenas probaba un sorbito”, contó su cuidadora. La disculpa era un permanente dolor en la tráquea y apenas si podía tomar el alimento en dosis pequeñas, en sorbos; pero en los dos últimos días sufrió de alucinaciones, perdió el sentido de la orientación y no podía ligar una palabra con la otra. Es decir, una verdadera tragedia para quien la alegría era su forma constante de estar vivo.

Al ser enterado de la mala nueva, el profesor Carlos Mario Mesa Sierra, un respetado dirigente en el campo técnico y deportivo, en especial en el fútbol, compartió lo siguiente con nuestros lectores: “Realmente a Óscar Esnel lo conocí en el ocaso de su carrera futbolística; sin embargo, guardo de él un gran recuerdo. Me refiero a la final del torneo de fútbol de El Bagre, cuyos protagonistas eran el Colegio IDEM vs. Bijao, y él se encargó de marcar el gol con el que Bijao se coronó campeón en una época de connotaciones políticas porque el onceno de Bijao era la mejor cara para mostrar la campaña “El Bagre Municipio”, lo que a la postre se dio y por ello fue muy significativo ese triunfo para los vecinos de Bijao. Creo que fue el último gran triunfo que Óscar le regaló a su gente”.

Vale la pena señalar que a este infortunio se unieron las voces de importantes amigos que compartieron con Óscar sus momentos de gloria en el fútbol de El Bagre y de todo el Bajo Cauca.

David Gildardo Tabares Vergara lo recuerda como al jugador excelso por naturaleza, que sabía hacer los recorridos por la cancha con una inteligencia que desconcertaba a sus rivales. Cuando hablamos con Alfredo Navarro Hernández, lo primero que nos dijo fue lo siguiente: “¿A qué no adivinas quién fue el que me puso el apodo de “Tatalo”? Y me contó que eso fue una derivación de la forma cómo le decían a su tío Cristo Rafael Navarro Hernández, “Patepalo”, pero que a esa edad no lo pronunciaba bien, así que se quedó por siempre “Tatalo”. Un paréntesis aquí. En muchas regiones y pueblos suele ocurrir que el apodo vale más que el nombre corriente, así que si a usted le toca ir a El Bagre a visitar a Alfredo Navarro, le recomiendo preguntar por “Tatalo” y le va mejor.

“Me acuerdo”, me dice, “una vez íbamos para Guaranda a jugar y estábamos embarcados en el jhonso, que en ese tiempo era de madera y motor fuera de borda, cuando llegó la policía para averiguar por una hamaca que se había embolatado. Entonces Óscar pidió que hicieran una requisa y la encontraron en el bolso de Daniel “Ñañe” Córdoba, que la había introducido allí la mano maestra de “Chita”. “Eso no es nada”, agrega, “una vez en un Intermunicipal nos tocó jugar en Segovia y en el momento de los himnos se me acercó el árbitro y me preguntó: ¿capi, quién es el tal “Chita”? y se lo señalé con la boca”, una costumbre muy colombiana”.

“No había pasado un minuto cuando un rival lo levantó a patadas y a puños y ambos cayeron al piso. En ese mismo momento el árbitro les sacó roja a ambos ante lo cual “Chita” le reclamó que no era su culpa, pero se tuvo que ir del partido”. No quedó duda del temor que le tenían a este grande jugador. Así era él. Luis Carlos Betancur Solís, otro que fue de aquella hornada, nos contó que compartió equipo en Bijao, en la selección El Bagre y en Soldomec y sus recuerdos lo llevan a una figura siempre alegre, contenta, llena de juegos y que era como si fuera un adulto en el cuerpo de un niño. José Luis Bello Ríos lo recuerda como al mamador de gallo y el que siempre tenía un cuento, un chiste, para alegrar a los compañeros.

A esta figura el pueblo zaragozano la despide hoy para siempre: Óscar Esnel Asprilla.

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Por Nota Ciudadana

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