La mujer que le quitó los micos a Patarroyo

Los indígenas que proveen de micos al científico Manuel Elkin Patarroyo para la investigación de la vacuna de la malaria deberán obedecer al Consejo de Estado que prohibió su caza.

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enero 27, 2014
La mujer que le quitó los micos a Patarroyo

Indígenas de las selvas amazónicas colombianas que cazan y le venden los micos Aotus a Manuel Elkin Patarroyo para la investigación de la vacuna, aquella que lleva buscando desde hace 33 años, dijeron que no harían caso al fallo del Consejo de Estado que les prohibió la recolección de estos animales con fines científicos. Además de continuar con la caza de esta particular especie, la gente de la comunidad fue más lejos e instaló vallas en contra de la ecologista, Ángela Maldonado, que reveló irregularidades en el proceso de captura animal.

“Ángela Maldonado, persona no grata para los pueblos indígenas del trapecio amazónico”, reza una de las vallas con la foto de la colombiana. Así mismo, han instalado otro tipo de pendones, pero el más fuerte es uno en el que se observan las siguientes interpretaciones: primero hay una foto de Hitler y un mensaje que dice “Mató 6.000.000 de judíos en cinco años”; le sigue la imagen de un niño y la leyenda “Cada año mueren aproximadamente 2.000.000 de personas a causa de la malaria”; finalmente, se encuentra la foto de la ecologista y una infortunada sentencia “Ángela Maldonado y su ONG han logrado atrasar la vacuna por cuatro años”.

Todo comenzó en el año 2011, cuando la ecologista interpuso una acción popular en el Tribunal Superior de Bogotá en contra del científico Manuel Elkin Patarroyo y su equipo de la Fundación Instituto de Inmunología de Colombia. La querella fue sustentada con una investigación realizada por Ángela Maldonado y un equipo de colaboradores de su Fundación, donde encontraron que no estaban siguiendo el régimen de obligaciones y prohibiciones del Código de Recursos Naturales para la captura de micos del género Aotus pero, además, se estaba promoviendo la caza comercial debido a que le estaban poniendo precio a cada animal capturado para utilizarlo en sus laboratorios.

La joven colombiana logró documentar que los micos estaban siendo comprados por el laboratorio de Patarroyo en $50.000 cada uno, aunque esto no es ilegal para efectos de estudio, una de las pequeñas anomalías consistía en los propios balances que presentaba la Fundación del científico puesto que se podía calcular que los facturaban en más de $190.000, un dato revelado por el periodista Simón Posada en su reportaje sobre esta historia. Pero lo preocupante y tal vez lo que sustentó que el Tribunal de Cundinamarca le revocara la licencia para utilizar 4000 micos ‘Aotus Nanymae’ en sus experimentos, fueron dos razones de peso:

La primera, que los micos comenzarán a extinguirse porque para los experimentos se estaban utilizando más de los 800 por año que, justamente, había aprobado el Ministerio de Medio Ambiente; teniendo en cuenta que estos animales tienen un largo proceso para reproducirse, incluso se calcula que esta especie tiene sólo una cría cada veinte meses. De igual manera, otra acusación pesó para que más tarde y en segunda instancia, el Consejo de Estado le diera la razón al Tribunal y a la ecologista Maldonado: que los indígenas de las selvas amazónicas de Colombia estaban incurriendo en tráfico ilegal internacional de fauna y de facto la fundación de Patarroyo que finalmente compraba los animales. Todo indica que los indígenas por la facilidad y las fronteras tan cercanas se encontraban trayendo estas especies desde Perú y Brasil. La ley estipula que esto es ilegal.

Patarroyo se ha defendido de estos cuestionamientos con el siguiente argumento:  “¡Cuidado! Resulta que la mentira es que nosotros trabajábamos con unos micos de origen peruano, por consiguiente configuraron el delito de tráfico ilegal. Y resulta que el estudio de la Universidad Nacional de Colombia mostró que cerca del 90% de esos micos también son colombianos. Entonces no se configura ningún tipo de delito por el cual hemos sido sancionados más de tres años”. Así le respondió el científico al periodista Édgar Artunduaga en una reciente entrevista.

La influencia y la presencia de Patarroyo durante 33 años en la zona ha traído como resultado el apoyo de los indígenas y la comunidad a algo tan cuestionado por los defensores de la naturaleza y los animales en el mundo como es la caza de los micos asé sea con fines de investigación. Lo que resulta increíble es que la comunidad se haya volcado contra Ángela Maldonado cuando la ley colombiana le dio la razón en la lucha por una causa que resulta más que justa.

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