La ingobernabilidad de Duque en medio de la pandemia

"Cada intervención presidencial nos deja claro el nivel de improvisación política y nos hace concluir que estamos a la deriva"

Por: Marco Aurelio Hoyos Garcés
junio 26, 2020
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La ingobernabilidad de Duque en medio de la pandemia
Foto: Twitter @infopresidencia

¿Cómo podríamos legitimar un gobierno que ha demostrado su incapacidad e ineficiencia al enfrentar los problemas sociopolíticos del país? y ¿cómo le damos oportunidad a figuras arbitrarias, en dónde existe una inminente necesidad de un líder? Estas son algunas de las preguntas que debemos plantearnos como sociedad, reflexionando sobre la situación que estamos atravesando referente a la pandemia, que bien, se está viviendo en todo el mundo, pero que se diferencia contextualmente en su abordaje de acuerdo al sistema que intente resolverla, porque es diferente la solución ajustada por países desarrollados que las medidas tomadas por países como el nuestro. La razón todos ya la conocemos, diariamente se hace evidente, pero, aun así, como sociedad continuamos dudando en contrariar esa razón.

En estos momentos, el presidente cuenta con espacio publicitario diario de una hora; más que suficiente para hacer uso de la lógica del discurso, logrando engañar y distraer a un pueblo en necesidad, formulando hipótesis inconclusas en el engranaje del sistema de salud y ocultando bajo cortinas de humor el resto de problemáticas sociales que consumen al país últimamente, esto sí que es pan y circo… Cada intervención presidencial nos deja claro el nivel de improvisación política y falta de gobernabilidad; nos hace concluir que estamos a la deriva, en el momento de mayor incertidumbre en la historia del mundo de esta generación. Mientras otros estados concentran sus capacidades para apoyar sectores que apalanquen un respiro a la humanidad, en el nuestro se tambalea en noticias inconclusas, un día emiten decreto, al día siguiente otro y así continuamos jugando...

El sistema de salud colombiano no está preparado para el pico de contagios que ya se aproxima (según estadísticas), paralelo a esto, tenemos el fluctuante de la falta de cultura, conciencia y educación, el debilitamiento del brazo económico, la desesperación social de los sectores vulnerables, la delincuencia en auge que medio de la crisis se convierte en un apoyo a las dinámicas de miedo y desesperanza. Debemos ser exigentes con nuestro gobierno y presionar al presidente para que cumpla con una mejor administración, apoyarnos en los sectores de oposición y decidirnos en dar el verdadero paso, el cambio real.

El pueblo está sufriendo y estamos sin alternativas, no es coherente que determinen confinamiento sin prever y sin siquiera evaluar que la mayoría de la población colombiana subsisten de empleos informales y es imposible quedarse en casa con los brazos cruzados viendo a su familia morir poco a poco de hambre; el sistema político colombiano no está funcionando para el pueblo y no brinda seguridad a todos sus ciudadanos; no hay qué comer y es paradójico que hasta en las cárceles los reclusos aparentemente tienen alimentación, pero el ciudadano del común no…

¿Hasta dónde hemos llegado? y¿ hasta dónde vamos a aguantar con soluciones absurdas y ridículas? Si tenemos en cuenta, por ejemplo, la renta mínima que se plantea en el pliego de peticiones de la central de trabajadores, la cual califico como muy buena opción, debemos darnos cuenta de la falta que nos hace apoyarnos unos a otros y cooperar ciudadanamente, apoyar estas iniciativas y demostrar que lo podemos lograr; países con mayor nivel de desarrollo lo han logrado con éxito y representa una manera adecuada de reactivar la economía. Otra medida a la cual debemos apostar es a la matrícula sin costo (por lo menos en el segundo semestre del año 2020) porque no permite que se caiga el ritmo de la educación y evita la deserción estudiantil que a largo plazo es un factor destructivo de los avances sociales, porque siempre el eje del progreso será la educación, de lo contrario solo lograríamos darle al capitalismo monopolizado más ventaja en su proyecto de enriquecimiento de grupos selectos.

Convoquemos y llamemos a la unión del pueblo colombiano, a la reflexión, y a la consciencia; no permitamos que los grandes capitales destruyan nuestra esperanza de tener mayor equidad y bienestar; debemos estar atentos y vigilantes en estos momentos, para que las directrices que se propongan fortalezcan y favorezcan, en vez de retrasarlo y consumirlo. Quiero terminar con un mensaje claro: sociedad colombiana, la próxima vez que elijamos nuestros dirigentes tengamos memoria y recordemos lo vivido.

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