La inflación es un impuesto miserable porque se disimula, y como todos los impuestos miserables, le cae con mucha más contundencia a quienes menos se pueden defender, a aquellos con un muy escaso poder adquisitivo. El rico puede refugiarse en divisas, tierra, apartamentos y bodegas, acciones o activos que suben con la inflación. La clase media intenta protegerse como puede, renegociando deudas, mientras que poco a poco van desapareciendo sus ahorros. Pero el pobre, aquel cuya liquidez es casi inexistente, tiene muy poco efectivo; tiene solo un salario, muchas veces inestable y casi siempre insuficiente; se ve forzado a hacer mercado a diario; y como última opción para cuadrar sus magros ingresos, solo tiene el ‘rebusque’ para lograr llegar al fin del mes. Lo primero que la inflación devora es el muy escaso efectivo del que el pobre dispone.
Financiar gasto público con la participación y/o complicidad del Banco de la República, que es en esencia la propuesta económica del candidato Iván Cepeda, abre la puerta a que la política monetaria deje de proteger el valor de la moneda y pase es a financiar el derroche del gobierno central. Y, como lo señalaba recientemente un analista, “cuando la moneda se vuelve instrumento de conveniencia política, los pobres no reciben justicia: reciben cada vez más billetes, pero cada vez es menor el poder adquisitivo de dichos billetes.” La propuesta de Iván Cepeda de cofinanciación del gasto público es volver a la vieja ilusión de los zurdos de que al poner a funcionar la maquinita impresora de billetes, la prosperidad puede imprimirse. Y cuando un país empieza a creer que el dinero se crea de la nada, la inflación suele encargarse de recordarle lo contrario. Es la fantasía infantil que afecta a tanto izquierdista que es la de querer comprar prosperidad sin tener que pagar por ella; gobernar sin tener que enfrentar que tarde o temprano alguien va a recibir la factura; y prometer subsidios, dádivas y prebendas sin límite, sin echarle un mirada - por somera que sea – a las fuentes de los recursos que presuntamente van a financiar dicho gasto.
La propuesta de Iván Cepeda y su equipo económico es inmensamente peligrosa
En conclusión la propuesta de Iván Cepeda y su equipo económico es inmensamente peligrosa no solo por inflacionaria, sino porque revela lo que Petro – Cepeda y sus acólitos vienen buscando desde tiempo atrás con la Constituyente: la concepción del Estado en la que toda institución autónoma e independiente como es el Banco de la República necesariamente tiene que desprender de su independencia si dicha autonomía estorba, o si no se puede adaptar al proyecto político del gobierno de turno. En el muy muy remoto caso de un gobierno de Cepeda, el Banco de la República pasaría a ser no solo una sucursal del Ministerio de Hacienda, sino la alcancía de un gobierno de extrema izquierda con un apetito voraz e infinito de dinero para gastar sin límite alguno.
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Apostilla 1: Afirma la candidata a vicepresidente del Pacto Histórico, Aida Quilcué, que los estudios no eran su fuerte. Al notársele a leguas su casi total falta de preparación, su confesión sobra.
Apostilla 2: Los que se visten de blanco y encima de su camisa negra llevan corbata también blanca, o son gángsters, o aspiran a serlo.
Apostilla 3: Según Tola y Maruja el Tribunal Superior de Bogotá está al borde de exigirle a Abelardo de la Espriella que use medias, aunque sean tobilleras. ¡Ese es el grado de sandez al que podrían llegar algunos de nuestros jueces y magistrados afines al petrismo!
Del mismo auor:¿Y quién va a apagar la luz?
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