En este artículo hablaremos de la autoestima positiva y la autoestima negativa. Un niño tiene una autoestima positiva cuando posee una percepción realista de sí mismo. Reconoce sus fortalezas sin enfocarse únicamente en sus debilidades, se siente valioso, digno de ser amado y capaz de enfrentar los desafíos propios de su crecimiento.
El concepto que una persona tiene de sí misma es la base de la autoestima. Ninguna percepción personal es neutra, ya que siempre implica una valoración positiva o negativa. Esa valoración comienza, en gran medida, con el juicio de las personas más significativas en la vida del niño, especialmente sus padres.
Las acciones de los padres tienen un profundo impacto en la construcción de la autoestima de sus hijos. Asistir a sus presentaciones, campeonatos, ceremonias de premiación o cualquier actividad importante les transmite un mensaje claro: “Eres importante para mí”. La presencia de los padres hace que los niños se sientan vistos, escuchados y valorados.
Por el contrario, cuando la crítica es constante e intensa, puede convertirse en una profecía autocumplida. En el intento de corregir a sus hijos, muchos padres critican repetidamente sus errores. Sin darse cuenta, terminan fortaleciendo aquello que desean cambiar. Esta actitud resulta altamente destructiva y dificulta el desarrollo de una autoestima positiva.
La autoestima está formada por cinco dimensiones:
1. Autoestima física: percepción del propio cuerpo, apariencia y aceptación personal.
2. Autoestima intelectual: percepción de las capacidades para aprender y resolver problemas. Los comentarios de padres y maestros influyen profundamente en esta dimensión.
3. Autoestima social: forma de relacionarse con los demás, sentirse aceptado y desarrollar vínculos saludables.
4. Autoestima emocional: capacidad para reconocer, expresar y manejar las emociones, aceptar errores y corregirlos sin permanecer dominado por la culpa.
5. Autoestima moral o ética: percepción de uno mismo como una persona honesta, responsable y coherente con los valores aprendidos en la familia.
No existe una única autoestima. Es importante observar cada una de estas áreas para identificar en cuál necesita mayor apoyo cada niño. Fortalecerlas favorece su bienestar, seguridad, aprendizaje y capacidad para afrontar los retos de la vida.
La buena noticia es que una autoestima baja puede fortalecerse. Cuando los padres brindan afecto, reconocimiento, apoyo y modifican positivamente la manera de relacionarse con sus hijos, es posible desarrollar una autoestima saludable. En algunos casos también puede ser útil el acompañamiento de un profesional.
Trabajar en la autoestima desde la infancia es una de las mejores inversiones para el bienestar presente y futuro del niño, ya que una buena autoestima suele abrir el camino hacia una vida más plena, segura y satisfactoria.
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