La historia guardada sobre la primera grúa de Colombia

En 1935, año en que Colombia se encontraba todavía afectada por la crisis de 1929, Anselmo Hernández sorprendió en Bogotá por este vehículo construido por él mismo

Por: Luis Santiago Hernández Payares
diciembre 06, 2022
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La historia guardada sobre la primera grúa de Colombia

Desde la Antigüedad, las grúas han sido utilizadas para multitud de tareas que requirieran levantar pesos y transportarlos de un lugar a otro. Actividades como la construcción, el comercio o la navegación no habría sido posibles sin el uso de estas máquinas.

De hecho, las ha habido de todos los tipos, en virtud de las aplicaciones y momento en el que han sido fabricadas. Han existido grúas de madera, hierro fundido o acero, impulsadas por la fuerza humana o animal, vapor, carbón, petróleo o electricidad. En definitiva, como extensión del ingenio humano, las grúas no han sido ajenas al desarrollo de la civilización.

En 1916, cuando Ernest Holmes, Sr., construyó la primera grúa sobre un automóvil, fue un más que importante hito en la evolución de las grúas. Dicho acontecimiento acaeció en la ciudad estadounidense de Chattanooga (Tennessee). Con la velocidad del motor de combustión interna, el invento de la grúa vehicular se propagó por Norteamérica y Europa; Colombia aún tendría que esperar un par de décadas.

En 1935, año en el que Colombia se encontraba todavía afectada por la crisis de 1929 y en pleno auge de la República Liberal, Anselmo Hernández sorprendió en Bogotá a sus contemporáneos con la primera grúa vehicular del país, manufacturada por él mismo. Montada sobre un automóvil Studebaker Big Six 1927 modificado, el sistema de la grúa consistía en una torre metálica unida a un cabrestante que era accionado por dos manivelas, una a cada a lado y giradas por los asistentes de Hernández, a quienes había instruido desde cero en el ejercicio de aquel oficio.

La grúa de Anselmo Hernández había venido para reemplazar a bueyes y tractores cuando un carro accidentado o varado necesitaba ser remolcado. El artefacto era capaz de transportar vehículos hasta el doble de grandes que él. Destaca el episodio en que llevó desde Tunja hasta Bogotá el Autobús Colombia (flota La Terrestre), un colectivo de la Brockway Motor Company con capacidad para 28 pasajeros que cubría la ruta Bogotá-Caracas, y el primero equipado con baño a bordo. Incluso el Dr. Eduardo Santos, futuro presidente de la república, asistió al recibimiento de Hernández y su grúa en Bogotá.

El servicio de grúa era prestado por Talleres Unidos, también propiedad de Anselmo Hernández. Dicho taller automotriz era de los más avanzados de la Atenas Suramericana, brindando arreglos mecánicos, de latonería y pintura, así como la novedosa soldadura autógena. Talleres Unidos estaba ubicado en la carrera 13 con calle 17, en el sitio donde tiempo después quedarían las instalaciones del Automóvil Club de Colombia.

Anselmo Hernández González, nacido en Funza en 1907, fue un empresario pionero del sector automotriz. Habiendo aprendido a conducir en un Ford Modelo T (conocido popularmente como tres patadas) a los 14 años sin nada más que el manual del vehículo, fue un apasionado por los autos. Fue el quinto colombiano en obtener la licencia de conducción. Además de lo anteriormente mencionado, fue propietario y fundador de Los Toches, empresa de taxis que se cuenta entre las primeras de Bogotá, y llamada así por la pintura amarilla y negra de los automóviles. De forma semejante, Hernández poseyó una flota de buses intermunicipales (Transportes Sabana) y una escuela de conducción.

La grúa de Hernández tuvo al altiplano cundiboyacense como teatro de operaciones. Era conducida personalmente por Hernández la mayoría de las veces y rodaba por las calles y carreteras 24/7, debido a la ausencia de competidores. Sin embargo, esa situación acabó cuando Distribuidores Leonidas Lara importó a Bogotá entre 1940 y 1941 una grúa International desde Estados Unidos, convirtiéndose en la segunda grúa vehicular de Colombia.

Hernández mantuvo su grúa en servicio hasta 1950 aproximadamente (la máquina fue desguazada dada su antigüedad), cuando las grúas comenzaron a multiplicarse en las vías de Colombia de manera vertiginosa. Si bien sus componentes físicos se perdieron para siempre, el recuerdo de la hazaña tecnológica que supuso la primera grúa vehicular del país aún perdura en los miles de vehículos que actualmente remolcan el progreso. Anselmo Hernández, el hombre que concibió su creación a partir de rudimentarios planos y conocimientos de naturaleza meramente empírica, falleció en Bogotá en 1975. No obstante, Ricardo Hernández Falla, su primogénito, ha continuado el legado de su padre con Servigrúas Sincelejo, empresa de transporte automotriz que dirige junto a sus hijos en Sincelejo, Sucre.

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