La empresa arrancó en Bogotá de la mano de Pedro Carrero, quien contaba con solo dos máquinas de coser y hoy, hace historia poniendo su logo en la Copa del Mundo

Portrait of Pedro Aníbal Carrero, founder of Saeta Sport, seated on a soccer field with players in the background; Saeta logo bottom left. - El boyacense que pasó de vender dulces a vestir la selección de Haití con Saeta y llegar a un Mundial

Tras haber llegado desde Boyacá junto a su familia, Pedro Aníbal Carrero necesitaba alguna idea que le ayudara a conseguir ingresos y así ayudar en la casa. Vendió dulces y se rebuscó la plata como podía, pero no era suficiente. Un día, mientras tenía una conversación con sus amigos, se le vino a la cabeza el nombre de Saeta, sin saber que se convertiría en uno de los simbolos que más importantes de la selección de Haití y su regreso a un Mundial.

Aquella noche el estadio retumbó como si la isla entera hubiera decidido cantar al mismo tiempo. Entre los abrazos, la euforia y las banderas azul y rojo agitadas como antorchas, hubo un detalle que captó la mirada de más de un colombiano: el nombre estampado en el pecho de los jugadores. "Saeta". Una palabra familiar, casi nostálgica, que hace décadas aparecía en las camisetas de Santa Fe y Millonarios y otros equipos nacionales, mucho antes de que Adidas o Fila entraran a vestir a los grandes del fútbol colombiano.

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Ahí estaba, en el epicentro de una clasificación histórica, la marca que nació en un comedor de Bogotá, del ingenio de un boyacense y que ahora cruzaba la frontera más grande de su historia: el regreso a un Mundial para una selección que había estado ausente de la Copa del Mundo por más de medio siglo, y el primero para Saeta como marca oficial en una Copa del Mundo.

La empresa tiene sus inicios en 1982, cuando Pedro Aníbal Carrero, estudiante de ingeniería industrial y fanático del deporte, decidió montar su propio taller de confección deportiva. No tenía más que una máquina plana, una fileteadora y la convicción —casi obstinada— de que podía crear una marca grande desde cero.

En el comedor de su casa, entre rollos de tela y sudaderas recién cortadas, nació Saeta Sport. Al principio eran uniformes para ligas locales, ropa sencilla pero diferente, hecha con telas más suaves y brillantes que lo habitual en la época. Logrando destacar en medio de un mercado donde la originalidad aún no era tendencia.

El salto llegó más rápido de lo que Carrero imaginaba. En 1983, Saeta se convirtió en la marca que vistió a Independiente Santa Fe, uno de los grandes equipos capitalinos e hizo historia al convertirse en una de las primeras marcas colombianas en aparecer como logo oficial en un uniforme profesional. A partir de ahí, la marca empezó a aparecer seguido en los estadios colombianos: Millonarios, América, Cali, Once Caldas, Cúcuta, Pasto, Pereira, Quindío… en menos de diez años, Saeta estaba presente en 13 equipos del fútbol colombiano.

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Para 1991 ya había cruzado fronteras, alcanzando su primera exportación a Suecia. Y mientras la empresa crecía, Carrero apostaba por la innovación técnica: telas más resistentes, más brillantes, más duraderas. También incorporó un componente social que se volvió parte de su ADN: buena parte de la producción estaba en manos de madres cabeza de familia.

Saeta
En Saeta Sport la producción es operada por madres cabeza de familia.

Durante los años noventa la marca no solo producía, también formaba. Creó el Club Saeta Futsal, que impulsó el desarrollo del microfútbol colombiano y proyectó a la empresa como un actor clave en ese escenario.

Ya en los 2000, la expansión llegó a nuevos deportes y eventos. En 2011 vistió a la selección Colombia de fútbol de salón, campeona mundial. Luego llegó al atletismo, al voleibol, al baloncesto y al tiro con arco.

Saeta

La alianza con Haití

La relación con la selección de Haití no nació por un contrato, sino por solidaridad. Tras el devastador terremoto de 2010, la marca colombiana decidió donar uniformes al equipo nacional como gesto de apoyo. Lo que empezó como ayuda humanitaria se transformó en un vínculo sostenido que terminó formalizándose en 2013 con el primer acuerdo de patrocinio.

Desde entonces, Saeta ha vestido a Haití en la Copa América Centenario de 2016, en las eliminatorias de Concacaf y en decenas de torneos internacionales, siempre con diseños que incorporan elementos culturales haitianos: patrones inspirados en la bandera, referencias textiles propias de la isla, detalles pensados para conectar al equipo con su identidad.

 - El boyacense que pasó de vender dulces a vestir la selección de Haití con Saeta y llegar a un Mundial

En 2026, ese vínculo los llevó juntos a un Mundial: Haití regresó tras su única participación en 1974, y Saeta debuta como marca en la competencia más grande del planeta. El presidente Gustavo Petro celebró públicamente el logro, viéndolo como un ejemplo de cooperación deportiva entre países latinoamericanos y caribeños.

Su nombre ya ha aparecido en medios y su historia es enorme. Un pequeño en medio de grandes haciendo historia. El primer partido de Haití fue una sorpresa, una selección poco conocida, jugando buen fútbol, dándole pelea a un nación europea y en su pecho, el logo de Saeta.

El otro negocio de Saeta lejos de las canchas de fútbol

Más allá del fútbol, Saeta también ha equipado a equipos como los Guaros de Lara en Venezuela, campeones de la Liga Suramericana de Baloncesto, la Copa Intercontinental y la Liga Nacional Bolivariana. El club incluso recibió el Premio Gigantes al Mejor Club FIBA en 2017 con uniformes hechos en Colombia.

En el deporte olímpico, la marca ha estado presente desde Río 2016 en tiro con arco y desde París 2024 en atletismo, acompañando a decenas de atletas en escenarios internacionales.

Su vínculo más sólido, sin embargo, estaría en el deporte paralímpico: desde Londres 2012, Saeta ha vestido al Comité Paralímpico Colombiano en todas las ediciones, incluidas Río 2016, Tokio 2020 y París 2024.

Saeta

La compañía también fabrica ropa para universidades, entidades públicas y privadas, y ha trabajado con marcas globales como Puma y Umbro en contratos de confección. Sigue siendo una empresa colombiana privada, bajo la razón social Saeta International Sports Wear S.A.S., con miembros de la familia Carrero aún al frente de cargos estratégicos.

En un mercado dominado por gigantes globales y por manufacturas asiáticas de bajo costo, Saeta se mantiene fiel a su esencia: producción nacional, calidad textil y alianzas deportivas que le permitan abrirse camino afuera.

Su historia con Haití resume esa filosofía. Lo que empezó como un gesto solidario se convirtió en un trampolín internacional y en una demostración de que, incluso desde un comedor en Bogotá, una marca colombiana puede llegar al mayor escenario del fútbol sin perder su identidad.

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