Texto escrito por: Alexandra Luque Villa
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“La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan”.
— Erich Hartmann.
Esta frase resume una de las partes más injustas de cualquier guerra, ¿por qué? Porque quienes toman las decisiones no siempre son quienes terminan enfrentándose en el campo de batalla. Mientras los gobiernos hablan de seguridad, poder y estrategia, miles de personas terminan pagando las consecuencias de decisiones que no tomaron.
Un claro ejemplo es la guerra entre Estados Unidos e Irán, que vuelve a mostrar ese problema. Este 1 de septiembre, Estados Unidos lanzó nuevos ataques contra objetivos de la Guardia Revolucionaria iraní. Irán respondió con ataques contra objetivos estadounidenses en la región. El conflicto, que comenzó a finales de febrero, continúa sin una solución definitiva.
Desde Washington, el presidente Donald Trump defendió los nuevos ataques y aseguró que estaban “justificados”. Además, advirtió que una respuesta iraní provocaría ataques estadounidenses todavía mayores. “Si la fracasada nación de Irán toma represalias por este ataque muy justificado, volverá a ser golpeada con mucha más dureza y a un nivel mucho mayor, pero no será el mayor ataque de todos. Ese está a la espera y, cuando termine, ¡quedará muy poco de la República Islámica de Irán!”, publicó este martes en Truth Social.
Pero responder a un ataque con otro cada vez más fuerte no parece acercar el final de la guerra. Al contrario, puede crear un ciclo difícil de detener, en donde Estados Unidos ataca, Irán responde y Estados Unidos vuelve a atacar.
Por eso resulta importante escuchar también otras voces. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, pidió “máxima moderación”, respeto por el derecho internacional y una solución pacífica para la crisis. Algo que evidentemente está a años luz de suceder.
Criticar la escalada militar de Estados Unidos no significa justificar las acciones de Irán. Significa cuestionar si aumentar los ataques realmente puede resolver un conflicto que lleva meses sin encontrar una salida.
Y sí, es cierto, la guerra puede demostrar quién tiene más fuerza militar, pero eso no significa que esto solucione el problema. Si cada ataque provoca otro, la verdadera victoria no está en lanzar el siguiente misil, sino en encontrar la forma de detener la cadena de violencia.
Mientras los gobiernos siguen hablando de fuerza, mi pregunta sigue siendo la misma, ¿Cuántos ataques hacen falta para demostrar quién tiene más poder? ¿Y cuántas vidas tienen que perderse para demostrar que ese poder no está resolviendo el nada?
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