La guardia negra que protege el pueblo donde nació  Francia Márquez

El profesor Anibal Vega está al frente, permanecen vigilantes para que las retroexcavadoras no regresen y evitan la tumbada de monte y la siembra de coca y marihuana

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diciembre 05, 2022
La guardia negra que protege el pueblo donde nació  Francia Márquez

Francia Márquez regresó empoderada a su vereda, después de haber caminado 640 kilómetros en ocho días para hacer oir la voz de las mujeres caucanas de La Toma en Bogotá. Su propósito era llegar al Ministerio del interior, el centro de decisiones sobre las comunidades afro, para exigir la salida de las retroexcavadoras que ilegalmente estaban sacando el oro y contaminando el río Ovejas con mercurio. Era el 18 de noviembre de 2014.

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Las cuarenta mujeres que caminaron junto a Francia lograron lo impensable. Hicieron que el entonces presidente Juan Manuel Santos revocará las licencias que le había otorgado a poderosas multinacionales y personas del común para llevarse el oro metido entre la tierra y el río de aquella tierra de negros. A partir de la larga travesía las caminantes fueron más que lideresas en aquel pequeño pueblo, hasta ese momento desconocido. Fueron sus heroínas. A ellas no les importaron las sentencias de muerte por oponerse a las máquinas amarillas cuidadas por paramilitares y guerrilleros. El eco de sus gritos aún se escucha en todos los rincones de La Toma y cada mes de noviembre se les recuerda.

Fue precisamente la pelea contra la minería ilegal en el río Ovejas fue la que por poco le causa la muerte a la actual vicepresidenta una tarde de mayo 2019, cuando varios hombres armados dispararon contra ella y un grupo de líderes sociales que estaban reunidos en una finca de la región hablando precisamente de los problemas de la comunidad negra del norte del Cauca.

Marcha de los turbantes

La marcha de los turbantes fue la caminata de más de ocho días que lideró Francia Márquez en 2014, que le dio origen a la Guardia Cimarrona de La Toma, Suárez, donde nació y creció la hoy vicepresidenta.

El profesor de la escuela de La Toma, Anibal Vega Lucumí, muy amigo de la vicepresidenta Francia Márquez, con quien creció en la vereda recorriendo calles a pie limpio, sacando oro del río Ovejas, es hoy el representante legal del consejo comunitario de la vereda. Recogió el cargo con el que Francia empezó a hacerse conocer como lideresa social y medioambiental hace unos 15 años, cargo que tuvo que dejar por huirle a las amenazas de muerte y porque quería regresar graduada de abogada, como lo hizo años después.

Anibal es también el jefe de la Guardia Cimarrona de La Toma, el grupo de negros raizales organizados con bastones de mando y chalecos para defender, principalmente, el territorio y la vida de los miembros de la comunidad. La Guardia Cimarrona de la Toma nació con la caminata de Francia y las otras 40 mujeres negras hacia Bogotá. Ellas fueron las primeras guardias cimarronas de Suárez, el municipio donde queda La Toma. Y lo siguen siendo. El que una vez se viste de guardia ya nunca deja de serlo.

Anibal Vega se ha montado tres veces como máxima autoridad de la Toma. Es quien dicta las normas dentro de su vereda, donde lo respetan más que a los mismos policías. Le ha tocado hacer de juez en los casos que ellos como organización autónoma han decidido juzgar sin la intervención de la justicia ordinaria, como robos, agresiones personales.

En casos de extrema gravedad, como violaciones o asesinato, antes de denunciar los hechos a las autoridades corrientes, la Guardia Cimarrona dialoga con las familias afectadas, como mediadores, para evitar futuras acciones de venganza y justicia en mano propia. Luego el acusado es entregado a la policía y expulsado del territorio. Un asesino o un violador de La Toma nunca más puede volver a su casa.

Anibal comparte el trabajo de ser jefe de la Guardia Cimarrona, del que no recibe sueldo alguno, con el de docente de la escuela en la región. A sus estudiantes les inculca, en medio de sus clases teóricas, a defender y proteger su tierra, sus raíces y sobre todo su raza negra. El quiere que los más pequeños sigan las costumbres de sus mayores y sigan defendiendo el territorio, como lo han hecho ellos, como lo ha hecho la misma Francia Márquez, poniendo su vida por delante.

Él, junto a los 110 guardias que tiene actualmente La Toma, del que hacen parte unas 35 mujeres, patrullan el territorio para que las retroexcavadoras que quieren sacar el oro no vuelvan. Y para que los foráneos, armados o no, no dañen la paz que ellos tanto defienden. Los Guardias Cimarrones no quieren ver máquinas en sus montañas. Defienden su costumbre ancestral de batear a orillas del río para sacar las pepitas del metal dorado y ganarse unos cuantos pesos.

Anibal está amenazado, como lo estuvo en el pasado la también guardia cimarrona Francia Márquez. Le han mandado razones. También le han mandado mensajes escritos en papelitos y hasta lo han incluido en listas que riegan por debajo de las puertas. Dice que, aunque le da miedo, su responsabilidad de pararse firme para cumplir con su promesa de cuidar La Toma, le arrebata cualquier miedo.

Para los paramilitares y guerrilleros que rodean el territorio, los guardias negros son incómodos. No dejan sacar oro en grandes cantidades, están en contra de la deforestación y se interponen a la producción de coca, amapola y marihuana.

Cuenta la autoridad de La Toma que ellos, envalentonados con un bastón de mando, que no es otra cosa que un palo de madera que representa el poder de sus ancestros, se han encontrado de frente con aquellos hombres armados hasta los dientes y que han podido sacarlos de sus tierras con el arma que mejor manejan que es la palabra.

Con la llegada de Francia Márquez en el gobierno, dice Anibal, la Guardia Cimarrona será mucho más importante. Tenemos una guardiana estrato uno sentada donde solo se sentaban los estratos seis del país. –No solo va a ser bueno importante para nosotros sino para el país entero –dice el guardia jefe. –Porque ella sí sabe cómo se protege la madre tierra, que es la casa mayor y estando allá va a velar por el bienestar del todo el territorio. Ella sabe que el territorio es la vida y la vida no se vende, se ama y se defiende.

Anibal reflexiona sobre lo dicho, toma un aire y remata la entrevista diciendo que aunque está orgulloso de tener a Francia en la vicepresidencia, ella no es la solución de los problemas de la comunidad, sino un símbolo de esperanza de que el pueblo puede llegar a vivir sabroso, que no es tener carro o millones en la cuenta bancaria sino vivir en paz y sentir la seguridad de que no va a llegar una multinacional minera o una retroexcavadora a sacarlos de su tierra, que defenderán hasta la muerte.

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