Opinión

La gente buena que traerán de Afganistán

Cabe pensar que los afganos que vendrán a Colombia serán los colaboradores de los Estados Unidos y sus gobiernos de fachada en Afganistán

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agosto 27, 2021
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La gente buena que traerán de Afganistán
Estados Unidos correrá con todos los gastos de los afganos en Colombia. Al menos así lo aseguran Duque y su canciller. Foto:@usmarcent

Todo el mundo sabe que tras los atentados a las torres gemelas en 2001, el presidente Bush ordenó la invasión de Afganistán con el fin de derrocar al régimen talibán. Se lo acusaba de proteger a Osama Bin Laden y por tanto de coadyuvar al accionar terrorista de Al Qaeda. De entonces acá han transcurrido veinte años.

De ocupación militar, ataques y represión por parte de la mayor potencia militar de la historia, contra un grupo de rebeldes a juicio de todos muy extraño, refugiado en las zonas montañosas del país y animado por una fe ciega en Alá. Hoy los Estados Unidos retiran sus tropas y de modo inmediato los talibán toman el control del Ejército, el gobierno y el país.

Donald Trump, el arrogante expresidente norteamericano, emprende una campaña de acusaciones contra el actual presidente, Joe Biden, a quien señala como único responsable. Pero no consigue hacer olvidar que quien pactó el retiro total de las tropas estadounidenses de Afganistán fue él mismo, antes de salir desprestigiado de la presidencia.

Con independencia de quién haya planificado ese retiro y el escándalo que ello pueda suscitar, que desvía la atención del fondo del asunto, lo cierto es que sea quien sea el presidente de la gran potencia, las políticas de esta obedecen a los intereses de grupos de poder a quienes sólo los inspira el afán de lucro. La industria armamentista ya hizo su fiesta.

Lo que sucede hoy en Afganistán, que comienza a afectar la ya de por sí turbulenta vida de nuestro país, es producto de las decisiones y actuaciones de los Estados Unidos, inspiradas por sus intereses económicos y geopolíticos. Otro muy distinto era Afganistán a comienzos de los años setenta, sin muyahidines, talibán ni nada parecido.

Fueron los Estados Unidos y el Reino Unido, con el apoyo de Pakistán, quienes para esos años patrocinaron la creación de bandas de extremistas religiosos que el resto de la población afgana denominó muyahidines, término similar a bandidos. Su propósito era atacar con actos terroristas el régimen conocido como República de Daud.

Este fue el gobierno afgano entre 1973 y 1978. Los muyahidines no sólo ejecutaron diversos actos de terrorismo contra él, sino que ensayaron una insurrección fallida en su contra. La República de Daud terminó cuando se cumplió con éxito una revolución, no la de los muyahidines, sino la que promovió el Partido Democrático Popular de Afganistán, los comunistas afganos.

Estos cambiaron el nombre al país por República Democrática de Afganistán y adoptaron medidas económicas, sociales y políticas inspiradas en el marxismo ortodoxo. Nacionalizaciones, reforma agraria, libertades públicas, igualdad de la mujer, propiedad pública, cooperativa y privada, educación y salud pública sin distinciones, todo dentro del más riguroso centralismo político.

Con un error garrafal, proclamar el carácter ateo del estado, seguramente para contrarrestar la profunda influencia del extremismo religioso, subestimando la poderosa influencia del islam en la cultura afgana. Los Estados Unidos, el Reino Unido y Pakistán arreciaron en la preparación y financiamiento del mismo extremismo religioso que patrocinaron contra la República de Daud.

Pero esta vez con un propósito más perverso. Generar en la frontera sur de la Unión Soviética un enorme movimiento anticomunista, que la obligara a intervenir y enfrascarse en su propio Vietnam. Así sucedió. La URSS intervino y los muyahidines fueron utilizados esta vez como rebeldes anticomunistas, con todo el apoyo económico, militar y político de occidente.

Las atrocidades  contra el pueblo afgano por los muyahidines fueron de espanto. Saqueos y violaciones sexuales masivas, atentados terroristas con miles de muertos

Las atrocidades cometidas contra el pueblo afgano por los muyahidines fueron de espanto. Saqueos y violaciones sexuales masivas, atentados terroristas con miles de muertos, masacres de centenares de prisioneros, destrucción de más de 2000 escuelas y 31 hospitales, en fin, el horror total. Los Estados Unidos les dotaron artillería pesada, armamento antiaéreo y el título de héroes.

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Los Estados Unidos y el Reino Unido fueron los principales artífices del monstruo que hoy regresa tras resistir durante 20 años el fuego de la gran potencia

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Hasta que la URSS se retiró en 1989, dando lugar a una guerra civil entre las diversas facciones extremistas, en la que finalmente triunfaron los talibán del Norte. Nadie desconoce el régimen que instauraron. Los Estados Unidos y el Reino Unido fueron los principales artífices del monstruo que hoy regresa tras resistir durante 20 años el fuego de la gran potencia.

Cabe pensar que los afganos que vendrán a Colombia serán los colaboradores de los Estados Unidos y sus gobiernos de fachada en Afganistán. Los extremistas que perdieron con los talibán. Un país del que se dice que todos los actores armados se financiaron con el mercado del opio y la heroína. No en vano los Estados Unidos correrán con todos sus gastos.

Al menos así lo aseguran Duque y su canciller. Según el primero, los propios Estados Unidos se encargarán de garantizar que no vendrá ni un solo talibán. Una cosa es clara, no llegarán los granjeros pobres, ni las mujeres pisoteadas, ni las víctimas de la guerra afrentosa. Vendrán los buenos, los amigos de Washington, los otros terroristas.

 

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