El aterrizaje de Andrés Caicedo y ¡Que viva la música! en Estados Unidos

La hermana, Rosario; el amigo, Jaime Manrique y el traductor Frank Wynne presentarán Liveforever –Que viva la música- en Washington.

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septiembre 17, 2014
El aterrizaje de Andrés Caicedo y ¡Que viva la música! en Estados Unidos

Una novela escrita por un muchacho de 24 años en una pequeña aldea de un país lejano conocido por las malas noticias, hace cuarenta años, logró entrar a la literatura universal. Su autor, Andrés Caicedo ya no está para hablar de ella, de ¡Que viva la música! , ni para asistir a conversatorios pero logró lo único que consiguen las grandes obras: que se defendiera sola. Y se abrió un espacio tal que terminó, a pesar de su lenguaje vernáculo, de sus referencias locales, de las construcciones a partir de la letra de las canciones de la música de los años 70, ser traducida al alemán, al portugués, al francés y ahora al inglés, y ser editada por Penguin Classics, la más prestigiosa y tradicional de las editoriales inglesas que solamente había publicado a Gabriel García Márquez.

Liveforever pasó la prueba en Londres y el rigor de la crítica literaria de la gran prensa inglesa, The Independent, The Guardian, la TLS Times literary Suplement. Ahora el desafío es mostrar su potencia literaria y capacidad de universalidad, de conectarse con el alma adolescente e irrumpir en el mercado literario norteamericano. El 18 de Septiembre será presentada en la embajada de Colombia en Washington y vendrá luego el lanzamiento en Nueva York.

Una conversación entre tres conocedores de la obra de Caicedo será el abrebocas del periplo literario de Lifeforever en Estados Unidos. Rosario Caicedo, la hermana más cercana al escritor a quien le escribió de puño y letra en la primera edición de 1975 de El Atravesado unas palabras que lo dicen todo: A Rosarito Caicedo, de mi sangre, la que más cercana está a estas páginas, por edad, dignidad y por el gobierno que hay que tumbar; Jaime Manrique escritor y amigo cercano con quien tuvo una relación próxima, intelectual y afectiva de la cual quedó un profundo rastro epistolar y Frank Wynne, el traductor quien supo poner a volar una obra enraizada, enclavada en lo local y catapultarla al distante mundo anglosajón. Lo hizo también con el colombiano Tomás González.

“Después de ver tanto elogio y entusiasmo de personas que son no solo lectoras voraces pero amantes de la buena literatura, supe que la novela de Andrés había cruzado exitosamente el increíble reto de la traducción; y cuando conocí a Frank en persona en Londres, me di cuenta del porqué: Su fascinación y conocimiento de la literatura universal lo deja a uno en un completo estado de admiración.”, dice de él Rosario, la hermana del escritor.

Frank Wynne, quien en este caso tiene un papel protagónico, ha reconocido que “¡Que viva la música! ha sido hasta ahora el trabajo de traducción más difícil en el que él se ha embarcado. “Profundamente dificultoso pero fascinante” dijo el traductor. Un trabajo que pensó le tomaría seis meses y pudo concluirlo solo después de dos años de trabajo.

Jaime Manrique vive en Estados Unidos hace más de tres décadas y fue un amigo especial de Andrés. “Se conocieron en el festival de cine de Cartagena de 1975, y por lo que me comentó posteriormente mi hermano, la atracción intelectual y física fue inmediata. Desde ese momento desarrollaron una amistad que a pesar de lo breve fue apasionada e intensa. Compartieron tantos intereses, tantos sueños…” Manrique, autor de libros como Nuestras vidas son los Ríos, y El Callejón de Cervantes, escribió el prólogo de ¡Que viva la música! en la edición de Alfaguara del 2012.

Caicedo le anticipó a Manrique en una extensa carta la “pronta posibilidad de una muerte buscada”. Compartía con él secretos del cine, de la literatura, de sus proyectos, de sus ambiciones, el sufrimiento, la torturada vida que llevaba. “Para Andrés su producción epistolar era tan importante como uno de sus cuentos o una de sus extensas críticas de cine. En sus cientos de cartas se encuentra el centro de su esencia como escritor y como ser humano. Ojalá que algún día se puedan publicar todas las que sobreviven. Son parte esencial de su legado literario.”

Andrés Caicedo en Washington. Muy cerca de donde murió, delirante, en Baltimore, Edgar Allan Poe. Su escritor favorito. Andrés centro de una recepción y un conversatorio en tierras lejanas.

¡Que viva Caicedo! Quien lo iba a creer.

Rosario Caicedo, Patricia Restrepo, y Jaime Manrique / Nueva York, mayo del 2014

Rosario Caicedo, Patricia Restrepo, y Jaime Manrique / Nueva York, mayo del 2014

 

 

Este poema fue escrito por Jaime Manrique apareció originalmente después de un año de la muerte de Andrés Caicedo en la revista literaria Golpe de dados.

 

A la muerte de Andrés Caicedo

En tu grande y noble deseo de ir a un lugar
Diferente, percibo ese desdén
Ese conocimiento de “il mondo e poco”.
Ahora ha llegado de nuevo la primavera:
Yo quisiera que tus ojos verdigris
Pudieran apreciar el milagro de las tiernas hojas;
Quisiera sostener tu mano y ayudarte a cruzar el río.
Donde tú estás, donde mis palabras ya no te alcanzan
Sé que puedes verme aunque tus cartas
Ya no lleguen entrega inmediata
Ni tus llamadas me despierten a la madrugada.
“Sólo me interesa la pasión que conduce a la muerte”,
Decías en la última. Todas estas noches
Al cerrar los ojos al cielo estrellado
Recuerdo nuestra última tarde juntos
En el tope de una montaña
Nuestros cuerpos desnudos al sol
Maduros e impacientes como frutas salvajes.
Ahora nuestras promesas están truncas
Como los árboles endebles
Que no aguantan el rigor del inverno.
Habíamos planeado escribir un libro
Hacer una película, vivir juntos.
Tú descansas en un cielo azul y calmo
Y quiero recordarte azul y amplio como un cielo.
Querido Andrés, ambos jugamos a la vida
Y ahora la muerte te pasó la cuenta.
Esta nueva primavera cada despertar
Me recuerda que ya no estás entre nosotros.
Yo escribiré el libro, haré el viaje
Y algún día volveremos a encontrarnos.
De ahora en adelante, donde quiera que esté
Dondequiera que te busque sin encontrarte
Siempre te tenderé la mano para decirte
Que aún te quiero. Esta noche de primavera
Llueve sobre la tierra negra y sé
Que tu corazón escucha las gotas de lluvia
Aunque tus ojos mortales ya no puedan verlas.
Mi corazón es como ese cielo que llora
Mis lágrimas la ligazón entre este mundo y el tuyo.
Tú también, como yo, deseabas el descanso.
Yo también, como tú, me voy poco a poco.
Tú muerte no es una traición. Ni tú me has abandonado.
Cuando la primavera cambia su coraza
El corazón se ajusta a los nuevos elementos.
Espero que tu morada sea amable, querido amigo.
Que los árboles sean verdes.
Que el cielo se abra ante ti sin misterios.
Espero que hayas encontrado el reposo.
Después del hielo del invierno
Estas lluvias primaverales llegan descongelándolo todo.
Yo sé que donde quieras que estés
(Porque no puedo imaginarte en la región del hielo!)
Tú me has perdonado.
El mundo después de todo es poco.
Sólo la primavera como la muerte
Regresa para otorgarnos la vida.
Dime Andrés, ¿es el lugar verde?
¿El campo siempre florido?
¿Y una vez llegado allí
Existe el perdón, la bendición del olvido,
La promesa de que el dolor
Como el frío del invierno
Finalmente será abolido?

 

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