Repasemos los acontecimientos que sacuden el mundo. Los Estados Unidos recién agredió brutalmente a Irán, acusándolo de estar fabricando armas nucleares, comenzando por bombardear una escuela de niñas y arrebatando la vida a 168 de ellas. Se sabe que Irán es parte del Tratado Internacional de No proliferación de armas nucleares, y que la Agencia Internacional de Energía Atómica fiscaliza rigurosamente su proyecto de energía nuclear con fines pacíficos.
También se conoce que, en 2015, bajo la presidencia de Obama, Irán suscribió el llamado Plan de Acción Integral Conjunto del que tomaron parte los 5 países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania, con la coordinación de la Unión Europea. Quien se retiró de ese tratado fue Trump, en 2018, pese a lo cual Irán continuó cumpliendo sus obligaciones. Trump faltó arbitrariamente al compromiso, aunque acusa tercamente a Irán.
No existe ninguna evidencia de que Irán fabrique bombas atómicas. Trump simplemente repite lo que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sostiene desde hace más de 30 años, que a Irán le faltan unas semanas para tenerlas listas. Israel nunca firmó ninguno de esos tratados, ni ningún otro relativo a la energía nuclear. Y es verdad sabida que posee un arsenal nuclear cercano o superior a las 300 bombas nucleares.
Sin ninguna inspección internacional, como la que sí tienen Rusia, China o los propios Estados Unidos. Se sabe también que, en 1953, los Estados Unidos y la Gran Bretaña patrocinaron un golpe militar en Irán, derrocando el gobierno democráticamente elegido del primer ministro Mohammad Mosaddegh, e instaurando en el poder al Sha Reza Palevi, brutal dictador que entregó el petróleo y el gas de Irán a esas potencias, hasta que en 1979 lo derrocó la revolución iraní.
Un multitudinario movimiento popular que echó fuera a los anglosajones y recuperó la soberanía sobre sus recursos naturales. Por eso fue objeto de una intensa campaña de difamación en Occidente, a la que se sumó la guerra que le declararon valiéndose de su vecino Irak. Además, Irán cometió un pecado imperdonable para los Estados Unidos e Israel, solidarizarse con la justa causa palestina, lo que le valió el odio implacable del sionismo y la determinación de destruirlo.
El sionismo israelí se constituye en la expresión actual del fascismo al más puro estilo nazi. Parte de la idea de una supuesta superioridad racial, decretada por Dios, que le permite aplastar y esclavizar a todos los pueblos de su vecindario, a quienes considera menos que bestias. Aspira a construir un enorme imperio desde el río Nilo al Éufrates, al costo que sea. No está demás recordar que los más grandes consorcios financieros del mundo son propiedad de sionistas.
Lo cual les permite cumplir con una masiva campaña de propaganda a favor de su causa. Ahora hablemos de Cuba, donde también su pueblo llevó a cabo una revolución en 1959, poniendo fin al destino de prostíbulo que le tenían asignado desde Washington, y procurando elevar el nivel de vida de la mayoría de su población que vivía en la miseria. Con ese propósito nacionalizó las grandes corporaciones norteamericanas, que se enriquecían con el sudor del pueblo cubano.
A la isla se la ha ahogado económicamente durante 60 años, hasta conducirla a la situación de hoy
De todo ha sido víctima la isla. Atentados terroristas, intentos de magnicidio, enfermedades dispersas desde aviones, amagos de invasión, y lo peor, un bloqueo económico total. Excluida de los sistemas de pago internacional controlados por los Estados Unidos, se la ha ahogado económicamente durante 60 años, hasta conducirla a la situación de hoy, privada además del petróleo para su energía eléctrica. Idiotas hay que culpan a la revolución por lo que sucede en la isla, y no a los Estados Unidos, repitiendo la lógica demencial de Trump y Marcos Rubio.
Ahora Trump anuncia que se apoderará de Cuba. En forma similar o peor a su actuación en Venezuela, donde bombardeó y secuestró a su presidente, violando todas las normas del derecho internacional. El comportamiento criminal de los Estados Unidos es innegable, por su apoyo a Israel, su guerra en Irán, el ataque a Venezuela y la agonía a que somete a Cuba, entre otros ejemplos que no caben en este espacio. No hay que ser musulmán chiita, comunista o bolivariano para verlo.
Basta con tener sentido de humanidad, una conciencia elemental sobre la verdad y la justicia, una ligera claridad sobre lo que significa el respeto por la vida y el prójimo. Las embestidas de Trump contra el papa León XIV son la perfecta materialización de la vileza de su pensamiento. Por eso, me pregunto cómo puede ser que candidatos a la presidencia de Colombia, tipo Paloma o Abelardo, lo defiendan sin el menor pudor, así como a sus aliados y a su barbarie.
Qué puede esperar el país de gente así. Por eso estoy con Cepeda, un hombre limpio, intolerante con la injusticia donde quiera ocurra.
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