Para lograr igualdad no hay que acabar con la riqueza. Para corregir injusticias, las instituciones son el camino. Para distribuir mejor, necesitamos que haya más

Portrait of an older man in a dark suit and tie wearing glasses, outdoors with palm fronds in the background, smiling softly. - Como creemos, así es que se puede

Virgilio Barco Vargas fue presidente de Colombia de 1986 a 1990. En cuatro años nos mostró, como antes lo hicieron varios de gran talante, que es posible ser liberal y social sin ser extremista; que hay un amplio espacio para ser profundamente social creyendo en nuestro modelo de economía social de mercado; que el mundo no es un conjunto de enemigos y amenazas, sino un planeta poblado por seres humanos con quienes podemos trabajar por el bien de los colombianos.

Casi no hablaba, pero producía resultados. Le debemos la creación de un programa ejemplar: el Plan de Lucha contra la Pobreza, mediante el cual se implementó una estrategia de inversión social para mejorar la calidad de vida de las comunidades de menores ingresos y reducir la pobreza extrema.

Rara vez hacía shows públicos, pero en la difícil arena de la violencia hizo lo que se necesitaba. Con su proceso de paz logró la desmovilización del M-19 en 1990, en lo que es, por sus resultados concretos, uno de los procesos más exitosos en la historia del país.

Como nos lo recuerdan cada día las enseñanzas del maestro Enrique Low Murtra, en su lucha contra el narcotráfico enfrentó a los carteles de la droga y fue el primer líder, con eco a nivel mundial, en abogar por el principio de corresponsabilidad internacional.

Enrique Low Murtra fue el cerebro de la modernización del Estado

Fue el cerebro de la modernización del Estado, habiendo sentado las bases para superar el esquema del Frente Nacional. Creía en el modelo democrático de gobierno y oposición. Fue una llama que inspiró lo que sería la Constitución de 1991. Y, con visión territorial, en su tiempo se crearon los Consejos de Rehabilitación para gestionar acciones económicas y sociales.

Había sido uno de los mejores alcaldes de Bogotá y, con esa experiencia, fomentó la inversión en infraestructura y la planificación urbana. Hizo del Departamento Administrativo de Intendencias y Comisarías (DAINCO) un motor para las regiones, que así se beneficiaron del fortalecimiento de la capacidad técnica del gobierno central.

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No hay duda de que, como liberal de pura cepa, su visión de país implicaba una economía social de mercado con la que se pudiera distribuir el progreso y el bienestar de manera equitativa. En esa idea se cimentó el Programa de Rehabilitación Integral, pieza clave de una política social y de paz que, como lo serían hoy los PDET, iba a las causas de la pobreza en las regiones más difíciles de Colombia.

En efecto, con ese programa y el Plan Nacional de Rehabilitación se buscaba integrar económica y políticamente a las comunidades más pobres en zonas donde la presencia del Estado era, y en muchos casos sigue siendo, inexistente. Así se le quitaba a los grupos guerrilleros el discurso sobre la mejora de las condiciones de vida de la población rural. Era integral: no se limitaba a salud y educación, sino que, apoyado en la reforma agraria, incluía transferencia de tierras, acceso a recursos financieros para campesinos y mejoras en infraestructura productiva y vías.

Su formación como ingeniero civil lo llevó a enfocarse en la infraestructura, no solo en caminos y acueductos, sino en avances significativos en electrificación para territorios aislados o sin presencia institucional.

A ese período le debemos que Colombia se insertara en el mundo. Trajo una visión de apertura dirigida a la integración económica: eliminó licencias previas de importación y redujo aranceles, haciendo creíble la posibilidad de que Colombia existiera en los mercados internacionales, incluidos los del Pacífico y Asia, que antes eran ajenos para nosotros.

Para lograr igualdad no es necesario acabar con la riqueza del país. Para corregir injusticias, las instituciones no son el enemigo, sino el camino. Para distribuir mejor, necesitamos que haya más para todos. Pacificar a los violentos parte de distinguir entre quienes respetan la ley y quienes la destruyen. El pavimento y el cemento no son antagonistas de la educación, la salud o el medio ambiente: son su base.

Como creemos, así es que se puede.

Del mismo autor:Si no recordamos nuestra historia, nos condenamos a repetirla

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Por Emilio José Archila

Abogado de la Universidad Externado de Colombia. Especialista en legislación financiera de la Universidad de los Andes. Magíster en jurisprudencia comparada (M.C.L.) de New York University (N.Y.U.), School of Law. Derecho para el Desarrollo (D.L.C.), International Development Law Institute, Roma. Se ha desempeñado como director de la oficina jurídica del Ministerio de (hoy) Industria, Comercio y Turismo; Delegado para seguros de la Superintendencia (hoy) Financiera de Colombia; Delegado para la promoción de la competencia y Superintendente de Industria y Comercio; Director del departamento de derecho económico de la Universidad Externado de Colombia y Consejero presidencial para la Estabilización y la Consolidación. Actualmente es Árbitro de la Cámara de Comercio, Docente y Socio de Archila Abogados.