Son varios los municipios y departamentos cuyos mandatarios no simpatizan con el Pacto Histórico pero a pesar de la animadversión del gobierno nacional se empeñan en entregar buenos resultados. El caso más emblemático es Medellín con Fico Gutiérrez, ubicado en las antípodas ideológicas y políticas de Petro. Por eso llama la atención lo que ocurre con Alejandro Eder, personaje discreto en materia de contiendas partidistas, a quien no le perdonan su independencia.
Eder es un funcionario mesurado ajeno a la oposición. No se le ha visto cazar peleas y en meses pasados hasta logró materializar iniciativas importantes con participación del gobierno Petro. Es el caso de la COP 16, apoyada por la ministra Susana Muhamad cuando el fundamentalismo y la obsesión continuista aún no se habían apoderado del régimen.
Sin embargo, como pasa con otros colegas alcaldes, a Alejandro no dejan de rastrillarlo desde el canal oficial RTVC y sus bodegas aliadas. En aplicación de ese protocolo ahora le enrostran la “horrenda” falta de auspiciar la capacitación sobre democracia, garantías ciudadanas, libertades individuales y económicas. ¿Será que estos conceptos son tan peligrosos para extrema izquierda que deben repudiarlos y perseguirlos con saña?
Eder trabaja sin descanso para solucionar las necesidades de los ciudadanos y lo hace donde más les talla: barrio adentro
La actitud del Pacto Histórico y sus socios locales frente al caleño es producto de la desesperación. Aunque la campaña de desprestigio ha tenido resultados momentáneos, saben bien que tantas obras en marcha, tantas transformaciones, los dejarán sin argumentos. Además, Alejandro trabaja sin descanso para solucionar las necesidades de los ciudadanos y lo hace donde más les talla: barrio adentro.
En entrevistas recientes Eder reitera el compromiso de consagrar la vida al servicio de sus conciudadanos y sanar las heridas del abandono. También menciona algunos de los proyectos que con recursos de endeudamiento local, se harán realidad durante el resto del su mandato: al menos la mitad de las vías caleñas reparadas o repavimentadas; cuatro hospitales nuevos (Primitivo Iglesias, Terrón Colorado, Antonio Nariño, Clínica de la Mama); Treinta puestos de salud renovados; veinte colegios nuevos o renovados integralmente; intercambiadores viales como el de Chipichape y la Pasoancho con Cien; arreglo de 17 kilómetros de la Avenida Ciudad de Cali, la estación central del MIO; la alameda de la Roosevelt, el Tren de Cercanías y el Boulevard de la Sexta.
Junto a la transformación de la ciudad física avanza una ambiciosa gestión en lo social con el fortalecimiento presupuestal sin precedentes de la Secretaría de Bienestar y el despliegue de programas innovadores como Cuidarte, la gran apuesta para mejorar la calidad de vida de las mujeres caleñas.
Mención aparte merecen los esfuerzos por la internacionalización que han significado atraer megaeventos de carácter cultural, empresarial y deportivo. Como la Maratón de Elite ya admitida en el circuito mundial de ese deporte y realizada con inmenso éxito este fin de semana. Los efectos favorables se sienten con el aumento sustancial del número de turistas y la creciente demanda de servicios hoteleros y gastronómicos, actividades que propician la rápida creación de oportunidades y empleos.
Pero los avances de las administraciones territoriales independientes son observados con recelo y hasta entrabados por el gobierno nacional. Es una actitud incomprensible hacia poblaciones de las que también hacen parte infinidad de afiliados al Pacto Histórico. Esta intención sombría se ejemplifica en Cali con actitudes como el deficiente apoyo a la Policía Metropolitana, cuerpo que estuvo sin comandante durante los primeros meses del año y cuya financiación es insuficiente. Ni que decir de la infraestructura, aspecto en el cual la displicencia es notoria. Así lo señalan la no aprobación del Tren de Cercanías; la falta de adjudicación del aeropuerto Bonilla Aragón; la ausencia de apoyo al proyecto de repotenciación de la PTAR Cañaveralejo. Esto sin contar con la congelación de dos obras ubicadas fuera del municipio pero esenciales para su futuro. Me refiero a la carretera Mulaló-Lobo Guerrero y al dragado del puerto de Buenaventura.
Como Eder en Cali trabajan los alcaldes de medio país quienes fueron proscritos por no pertenecer a la cuerda del gobierno. Para superar la situación difícil hacen de tripas corazón, exprimen caja, aruñan centavos, mientras esperan la llegada un nuevo liderazgo nacional dinámico y confiable que les ayude a avanzar por el camino del progreso.
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