Opinión

La Cátedra de la Paz: una carreta sin fin, ni ton, ni son

Por:
julio 06, 2015
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Ante su impotencia e ineficacia para resolver algunos de los graves problemas que aquejan a la sociedad, el Estado traslada a la educación la responsabilidad de resolverlos. La fórmula  manida es tan sencilla y barata como ineficaz: crear una nueva cátedra o expedir una nueva ley de obligado cumplimiento  por todos los establecimientos educativos del país.

A la función natural de enseñar a leer y escribir correctamente, dominar los conceptos básicos de las matemáticas, la ciencia, la historia o la geografía, los colegios y los maestros deben agregar la enseñanza de las cátedras de derechos humanos, educación vial, educación tributaria, educación para el emprendimiento, educación del consumidor, educación ambiental, educación para el consumo responsable, educación para la democracia.

La saturación de la escuela con nuevas cátedras, empezó en 1984 con la cátedra Educación para la Democracia, en la recordada época de las palomitas y las banderitas blancas de paz del presidente Belisario Betancur.

Un buen día el Dane reveló al país la escalofriante cifra de jóvenes estudiantes embarazadas y la tempranísima edad de iniciación de los niños y las niñas a la vida sexual. El escándalo fue mayúsculo. La Iglesia, tradición y familia, y cuantas entidades se ocupan de la moral y la higiene pública, demandaron una  pronta y radical solución. La respuesta obvia y manida no se hizo esperar: se instauró la cátedra de Educación Sexual. Y como siempre, la responsabilidad recaería sobre los maestros de afines al tema.

Luego se descubrió que la Expedición Botánica había sido un acontecimiento demasiado importante para la vida cultural y científica del país y que algo podría enseñarnos. Diligentemente el Ministerio de Educación ordenó por decreto que en todos los colegios y escuelas del país se debería dictar la cátedra José Celestino Mutis. La responsabilidad de tan trascendental decisión quedaría en cabeza de los profesores de ciencias naturales y ciencias sociales.

Los constituyentes de 1991 no se quedaron atrás e incluyeron en la nueva Constitución un artículo que estableció como obligatoria una cátedra para la enseñanza de la Constitución.

Recientemente, ante las crecientes denuncias sobre el mal llamado matoneo escolar o bullying, el ministerio de Educación Nacional expidió una ley que crea el “Sistema Nacional de Convivencia Escolar y Formación para el Ejercicio de los Derechos Humanos, la Educación para la Sexualidad y la Prevención y Mitigación de la Violencia Escolar”.

La mayoría de las cátedras establecidas en los últimos años  han mostrado su ineficacia y discontinuidad. Terminan despareciendo de los horarios escolares y del pénsum educativo. Otra nueva reemplaza a la que pasó de moda. El modelo funciona como un reflejo condicionado: el Ministro de Educación contrata un grupo un grupo de expertos, los llamados técnicos en educación, les presenta el problema que quiere resolver a través del sistema escolar, les explica  su urgencia y el encargo especial del presidente de encontrar una pronta y eficaz solución. El grupo de expertos  en coro rápidamente responde: se le tiene señora ministra: ¡¡Una cátedra de Educación para la Convivencia!!

De inmediato se dedican a la meteórica carrera de diseñar los contenidos y metodologías de la nueva cátedra y el correspondiente decreto presidencial que ordena su implantación en todas las escuelas y colegios. Diseñan un currículo o un conjunto de temas que deben ser enseñados en cada curso. Por lo general son temas complejos que requerirían  de especialistas y de una sólida  formación de los maestros. Nada de eso ocurre. Simplemente se convoca a los rectores de los colegios y a los coordinadores académicos, se les dicta una larga y tediosa conferencia sobre el tema, con la obligación de repetirla lo más fielmente posible a los maestros de su respectiva escuela o colegio para “socializar los contenidos y metodologías”,  ya se trate de la cátedra de convivencia escolar, educación sexual, educación tributaria, o de la cátedra afrocolombiana. El tema poco importa, lo importante es que el modelo fácil y barato funcione.

Esta fórmula tradicional e inveterada, problema que surge, cátedra que se decreta, desnaturaliza la escuela, la aparta de sus funciones y responsabilidades, la convierte en un cuerpo de bomberos que simula apagar incendios. Es una confesión de parte de que tenemos una escuela cuyos contenidos y objetivos no responden a las necesidades sociales e individuales de formación. Una escuela desarticulada de la vida y sus demandas contemporáneas. Una escuela fallida, la cual se sostiene a punta  de remiendos, de cátedras. La confirmación de que la mayor desgracia de  nuestra educación  es que no enseña para la vida, ni enseña a pensar, como reclamaba el gran pedagogo Estanislao Zuleta.

De lograrse la paz, como todos esperamos, la educación no sufrirá grandes transformaciones como todos esperaríamos, al gobierno le bastará con decretar la cátedra para la Paz y el Posconflicto en todos los establecimientos educativos de territorio nacional.

Postdata: Tal como lo preveíamos, el gobierno nacional terminó por establecer una "nueva" Cátedra de la Paz, mediante el Decreto 1038 del 25 de mayo de 2015. Con lo cual se constata que el gobierno del presidente Santos quiere la paz, pero barata. También es cicatero y tacaño con la educación para la paz. Esta nueva catedra no pasa de ser un placebo, (sustancia que carece de acción curativa pero produce un efecto terapéutico si el enfermo la toma convencido de que es un medicamento realmente eficaz; tiene el mismo aspecto, gusto y forma que un medicamento verdadero pero está hecho de productos inertes y sin ningún principio activo), de la misma inutilidad que otros que se suministran en la escuela y la enseñanza: las tablas de multiplicar, las planas, los ejercicios del algebra del Baldor, y un largo etcétera.

Resulta desafortunado y lamentable que el papel de la escuela y la educación frente a la paz quede reducido a la instauración de una cátedra. Lo que la educación para la paz requiere es una profunda revisión y transformación de la enseñanza de la historia y las demás ciencias sociales. Ponerle la cara a la historia. Abandonar la historia de la patria boba, en eso llevamos casi dos siglos, 196 años para ser exactos, esa historieta, ese relato, llena de héroes y presidentes que hicieron muchas e importantes obras, pero nos heredaron un país invivible, segregado, injusto, pobre y atrasado.

Más horas de enseñanza de nuestra historia y nuestra geografía es el camino para construir una cultura de paz en la escuela. evisar a profundidad los programas, lo que se enseña y como se enseña. Los varios informes que sobre el conflicto armado y nuestra historia que se han producido en el marco de las negociaciones de La Habana, ofrecen un abundante y rico material para emprender una enseñanza formativa y creativa de nuestra historia, que nos permita aclimatar una cultura para vivir en el posconflicto. De lo contrario, se confirmará la sentencia del gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo: "La Cátedra para la Paz es carreta".

 

Esta columna fue publicada por el autor en noviembre de 2013, bajo el título La escuela se ocupa de todo, menos de enseñar. Su contenido conserva plena validez a propósito de la decisión del gobierno Santos de establecer una nueva Cátedra sobre la Paz, obligatoria en todos los colegios públicos y privados. Solo se ha agregado una breve postdata.

 

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