El niño, de apenas diez años, lloró junto a su padre mientras escuchaban, a través del viejo radio, la tragedia deportiva que marcó para siempre la historia del fútbol. Con ánimo de calmar el inconsolable llanto de su papá, Pelé dijo: “No llore papá. Yo voy a ganar una Copa del Mundo para usted”.
Tan solo ocho años después, el joven delantero que descrestaba al mundo con sus mágicas gambetas, tenía a la Selección de Brasil nuevamente en la final de la Copa del Mundo. Esta vez el rival no era el humilde combinado uruguayo, que los había derrotado en el célebre Maracanazo del Mundial 1950, sino la imponente Selección de Suecia, candidata al título por su localía en el torneo.

En la concentración previa a la final, los futbolistas brasileños prepararon el partido recortando la tela amarilla de las tulas con la que hicieron la silueta de su número y luego lo cosieron sobre la espalda de las camisetas azules marca IDROTT, que el jefe de la delegación, Paulo Machado de Carvalho, compró de afán en una tienda de Estocolmo.
En ese momento, Suecia le representaba a Brasil un temor que iba más allá de lo futbolístico: usar la camiseta blanca de visitante, con la que cayeron derrotados ante Uruguay, debido a que su rival también vestía de amarillo.
Antes que poner a prueba la maldición de la casaca blanca, la selección sudamericana prefirió cambiar el color de visitante por el azul. Según Carvalho, les traería buena suerte porque era el color de la patrona de Brasil, Nuestra Señora de la Concepción Aparecida.
Los jugadores saltaron al césped del estadio Rasunda de Estocolmo con el escudo y el número cosido a mano. Con aquella improvisada camiseta, el joven Pelé de 17 años se presentó al mundo como el rey del fútbol. No solo puso en manos de su padre la prometida Copa del Mundo, sino que también inscribió su nombre en la historia al convertirse en el jugador más joven en marcar y disputar una final mundialista. Desde entonces, Brasil no ha dejado de usar la camiseta azul cuando juega de visitante.
La travesía de la camiseta artesanal con la que Pelé se hizo leyenda
Inmediatamente después del partido, con la copa bajo el brazo, Pelé se quitó la camiseta con la que firmó dos goles y se la entregó a su compañero de habitación y de equipo, Edvaldo Alves de Santa Rosa, delantero estrella del Flamengo conocido como Dida. Al comienzo del torneo, Dida era el atacante de Brasil, pero una lesión en la fase de grupos, le dio paso a Pelé en la titular. Un cambio que transformó la historia del fútbol brasileño.
Dida conservó como un tesoro la camiseta durante tres décadas y media en su casa en Maceió. En 1993, para la inauguración del Museo de los Deportes ubicado en el Estadio Rei Pelé, el hermano de Dida, Edson Santa Rosa, donó la reliquia para que fuera exhibida. Rápidamente la casaca campeona se volvió la pieza central de la colección.

Sin embargo, una década más tarde, el museo estaba al borde de la quiebra. Las goteras y el moho de las paredes amenazaban con devorarse las obras. El entonces director del museo, Lauthenay Perdigão, no encontró más salida que vender la camiseta para salvar el museo.
Con el consentimiento de la familia Santa Rosa, la prenda fue vendida por la casa de subastas Christie's en Londres el 21 de septiembre de 2004. La camiseta talla 5, de maga corta y cuello en V, se vendió en 105.000 dólares, aproximadamente 640 millones de pesos de hoy en día. Esta cifra cubrió de sobra la rehabilitación del museo.
El comprador anónimo guardó la prenda durante veintidós años. Tiempo en el que la prenda se valorizó 5.895.000 dólares, aproximadamente 2.200 millones de pesos. El proceso de autenticación textil estuvo a cargo de Sports Investors Authentication, quienes le hicieron un minucioso estudio de photomatching, el cual consiste en la superposición digital de fotos de la época tomadas durante la final de Estocolmo con imágenes de alta resolución del estado actual de la camiseta.
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El respaldo de esta tecnología explica por qué la camiseta de Pelé multiplicó casi 60 veces su valor transaccionado en 2004. Aunque el precio de salida que estimó la casa de subastas Sotheby’s en Nueva York es de 6 millones de dólares, los más optimistas esperan que la casaca del rey Pelé alcance una cifra récord que supere los 24 millones de dólares que alcanzó la camiseta del New York Yankees, utilizada por la leyenda del béisbol Babe Ruth, durante la Serie Mundial de 1932.
La puja final que le entregará la 10 de Pelé a su próximo dueño se realizará el 16 de julio de 2026, tres días antes de la final del Mundial.
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