Insultar y calumniar al Padre Pacho De Roux es inútil

“Indignación es lo que se siente ante las falsas acusaciones divulgadas en las redes sociales, y ante el ataque frontal a presidente de la Comisión para la Verdad”.

Insultar y calumniar al Padre Pacho De Roux es inútil
Foto: Leonel Cordero

Este es el texto escrito por Maria Eugenia Carvajal de Guerrero, en la forma de un mensaje epistolar, a su primo el Padre Francisco De Roux S.J, presidente de la Comisión de la verdad.

INDIGNÁOS!

Indigináos, fue la última exhortación de Stephan Hessel a la juventud, poco tiempo antes de su muerte. Indignáos, les dijo, porque de la indignación nace el compromiso.

Indignación es lo que sentimos los familiares y amigos de Francisco de Roux, ante las falsas acusaciones divulgadas en las redes sociales, y ante el ataque frontal a la Comisión para la Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición, una de las instituciones fundamentales para llevar nuestro anhelo de paz a feliz término. Esa indignación nos interpela y compromete a continuar apoyando su misión. Esa indignación nos compromete también a defender búsqueda de la verdad con militancia.

Conozco a Francisco -para nosotros Pacho- a quien consideramos más que hermano que primo por los recuerdos de infancia, por el afecto, por la admiración, por el orgullo de tenerlo en la familia y por sus ideales que nos inspiran. También porque crecimos juntos en la casa de los Abuelos, compartimos vacaciones y caminatas en las montañas, montamos en columpio de vuelo, comimos guayabas sobre las ramas de los árboles y tuvimos el privilegio de crecer en el alboroto de una familia grande, muy afectuosa y unida.

Él fue desde niño como es hoy: cálido, tímido, sereno, reflexivo, conciliador y profundamente afectuoso; siempre pendiente de servir, escuchar y reconciliar. Sin embargo, su espíritu conciliador nunca le ha impedido pararse en la raya y ser intransigente ante la mentira, el abuso de poder o la injusticia. Responsable como el que más ante el manejo de la información, lee, estudia, revisa, confronta, compara y se empapa a fondo de todos los puntos de vista en un esfuerzo genuino de encontrar espacios de conciliación en la Verdad, antes de adoptar una posición, siempre abierta a la reconsideración, a la luz de una información nueva o diferente.

Pacho escucha como nadie escucha; con los ojos cerrados y, a veces, la frente sobre las manos, mostrando su esfuerzo por liberar su mente de toda distracción para concentrarse y sentir la experiencia de su interlocutor en sus propias entrañas; es decir, para empatizar con él, comprenderlo sin juzgarlo y encontrar una solución a la situación. Nadie como él muestra con tanta claridad que la empatía es la expresión laica de la Caridad, porque también es bondad, reconvención delicada, apoyo moral y luz para el camino.

Inerme y rodeado de agentes del Conflicto de todos los bandos, vivió diez años en el Magdalena Medio, luchando con tenacidad por encontrar puntos de acuerdo, tejiendo frágiles vínculos entre adversarios y promoviendo humildes hechos de paz, para sembrar la esperanza y cultivar el compromiso de construir un acuerdo de Desarrollo y Paz para la Región. Cuando se firmó el Acuerdo de Paz, aceptó la responsabilidad de escuchar y cargar en su corazón compasivo, las historias de dolor y sangre de todos los involucrados en el Conflicto, para encontrar la verdad histórica, como requisito indispensable para sanar las heridas de la Nación.

Ha sobrellevado el dolor de sepultar una larga lista de sus líderes y amigos entrañables en el CINEP, en el Magdalena Medio y también ahora, en los territorios; sobrelleva con serenidad los ataques y acusaciones de quienes hoy lo insultan, lo vituperan, lo difaman, lo calumnian y se oponen a su misión de encontrar la verdad histórica del Conflicto; él la defiende para nosotros porque es nuestra Verdad, nos pertenece y la necesitamos para aprender de ella y asegurarnos de no volver a caer en otro conflicto igual. Pero, sobre toda consideración, porque no puede haber paz sin reconciliación, ni reconciliación sin verdad, ni verdad sin la humildad de reconocer cuáles fueron nuestras conductas y omisiones que permitieron el baño de sangre. Francisco la está defendiendo para nosotros; por eso necesita tanto nuestro apoyo.

Un abrazo, Gena

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