Gonzalo Jiménez de Quesada: el monstruo de La Sabana

Como Quesada había muchos encomenderos haciendo de las suyas como diera lugar, nadie les podría quitar aquello obtenido a sangre y fuego

Por: Juan Antonio Mayorga Pinedo
marzo 23, 2022
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Gonzalo Jiménez de Quesada: el monstruo de La Sabana
Foto: Cortesía

"Los miserables explotadores han de existir mientras la justicia premie sus acciones".

Hay demasiadas acusaciones contra la Corona española durante su época como el gran imperio, acusaciones que no tienen caso en mencionar por centésima vez, la gran lita de faltas contra la humanidad que dicen algunos estudiosos americanos fueron perpetradas por la Corona española en América. La palabra Holocausto tiene mucho que ver con los ciertos odios infundidos contra la madre patria que este autor no ha de discutir.

En primera medida si bien se oferto a los grandes capitanes explorar la inmensidad del Nuevo Mundo (viaje extremadamente peligroso que al principio representaba un mínimo porcentaje de éxito) a cambio de adquirir a su nombre territorios en sus conquistas con los estandartes reales de la Corona, muchos de los capitanes bajo el incentivo de volver a la madre patria con oro, tierras y esclavos se dirigieron al viaje que de por sí, ya eran seis o siete meses de peligroso éxodo en ultramar y que de llegar, tendrían que superar enfermedades desconocidas de los territorios tropicales del Nuevo Mundo, eso sin contar la posibilidad de encuentros hostiles con los aborígenes de las zonas, y viajes tortuosos por la espesa selva.

Muchos de aquellos capitanes se convirtieron a sangre y fuego en amos y señores de las zonas conquistadas, nuestro Quesada gozó de cierta suerte cuando llegó a una tierra cuyos aborígenes muiscas no representaron algún reto en materia militar, su llegada estuvo acompañada por alianzas con el Zipa y demás personalidades que de alguna u otra forma le ayudaron a perpetuarse allí como el señor feudal de la zona.

Varios de los capitanes a su cargo fueron premiados con tierras y aborígenes que les sirvieran para la explotación de recursos de las zonas, trabajo doméstico entre otras labores a las que eran obligados a realizar, pues como lo había prometido la Corona a aquellos que arriesgaran sus vidas por engrandecer su imperio se les serían dados los territorios descubiertos mas todo lo que en este habitara.

Quesada y sus capitanes estaban en curso para la instauración de un feudalismo extremo en las nuevas tierras, donde la servidumbre sería un formalismo para referirse a los aborígenes esclavizados a costa de los mandatos de la Corona española. El guerrero español tenía como pleno objetivo generar las riquezas que nunca antes soñaron estando en la madre patria. La Sabana era el feudo donde todo aquel peninsular podría obtener lo que quisiese si le sirviese fielmente a su jefe cuasirey Gonzalo Jiménez de Quesada.

Con la llamada “encomienda” cuyo objeto trataba de delegar o encomendar cierto número de aborígenes a un español para que fueran evangelizados bajo los sacramentos del santísimo a cambio de que los pobres pagaran con “servicios personales”, una forma políticamente correcta para la época para instaurar cierta esclavitud en el nuevo mundo, llevando a cabo estas encomiendas a gran escala y en todos los rincones de la América española.

Las maneras como en los primeros años de la Colonia se implantó este tipo de esclavitud fue un capítulo nefasto en la historia, logrando llegar a oídos del rey Carlos V para hacer un alto a las barbaries perpetradas por estos guerreros extractores de oro y almas en América.

Los encomenderos a la cabeza de Quesada cuyos beneficios eran tremendos para la extracción de minerales preciosos acosta de los pobres aborígenes que a lo sumo aguantaban los nefastos ritmos de esa labor, los encomenderos se protegerían entre sí para establecer el sueño de un feudalismo sin limitaciones en el continente.

La famosa cédula (aunque muy poco conocida por algunos, o porque no aporta al discurso antihispánico) del 9 de noviembre del año 1528 que dicta la prohibición tajante de la esclavitud aborigen firmada por el rey Carlos V.

Esto al oír las tenebrosas historias de las Casas y demás que relataban las atrocidades perpetradas por los encomenderos a los aborígenes que morían a montones en las minas y perecían llevando bultos para reemplazar las pocas mulas que habitaban la zona.

Quesada y muchos encomenderos hacen caso omiso a las directrices impuestas por la corona, seguían haciendo de las suyas arropándose por las leyes viejas que los hicieron ricos en estos territorios.

Las pretensiones del poder por el dinero eran tan fuertes que se pensaba hacerle un alto al mismísimo Carlos V ante sus amenazas de seguir en las acciones contra el pueblo aborigen.

Muchos argumentaban que los indios eran seres perezosos y flojos, que no estaban acostumbrados a realizar ninguna labor que requiera los mínimos esfuerzos, y con aquellas suposiciones defendían el sometimiento de los “indios” a los trabajos forzados.

A pesar de lo que se decía en la España peninsular, la oligarquía social a cabeza de los encomenderos “amos y señores” de las tierras fértiles del nuevo mundo creaban la estructura social y económica a su acomodo.

Varios capitanes de Quesada recibían muchas más encomiendas en diferentes zonas aledañas a Santa Fe, desde su castillo feudal implantaba directrices, favores, festejos y planes para implantar su despotismo colonial.

Carlos V en forma de amenaza decide prohibir la encomienda en las colonias con la ordenanza décima, ley que limitaba fuertemente las acciones que impulsaba como si fuese el rey absoluto de esos territorios el prohombre don Gonzalo Jiménez de Quesada, con este golpe se encontraba maniatado el señor feudal.

Como Quesada había muchos encomenderos haciendo de las suyas como diera lugar, nadie les podría quitar aquello obtenido a sangre y fuego; en Perú tuvo lugar una insurrección contra el Virrey Núñez delegado por la corona para hacer cumplir las nuevas leyes creadas por Carlos V e ignoradas por estos nefastos personajes, allí tuvo lugar una pequeña guerra civil que los encomenderos del Perú resultaron victoriosos.

Pizarro paseaba con la cabeza del Virrey Núñez por las calles de Cuzco acción desafiante y sin precedentes; esto fue el motor para que otros guerreros encomenderos salieran a las armas en caso de que la corona siguiera velando por los derechos de los indios (sí, también España tuvo partido político en pro de los aborígenes).

Quesada como buen orador y amante de las leyes (que le resultasen beneficiosas) construiría un fortín que defendiese sus derechos, escribiría contra los oidores de la corona acusaciones falsas, manipularía información y hasta los asesinaría si fuera el caso. Este tenía consigo al Cabildo, aquel que pasara por allí estaría a merced de Quesada y su grupo de matones, en otras palabras, toda la Sabana era su imperio.

Los encomenderos disponían a su antojo de la vida y el trabajo de los aborígenes, Quesada ampliaba sus tentáculos en toda la sabana y en Tunja…

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