Creada en 1947 para homenajear a los Muiscas, la escultura quedó atrapada en la transformación de la localidad de Kennedy y aunque muchos la ven pocos la reconocen

 - La historia del monumento que se construyó en Kennedy en honor a la Diosa del Agua en 1948, pero nunca se inauguró

Aún no se había planeado la construcción de la Avenida las Américas. Corría 1946. El presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos de esa época, Carlos Martínez Jiménez, propuso que se creara un monumento en honor a Sia, Diosa del agua que era considerada por los muiscas como el símbolo sagrado de la vida, la fertilidad y la renovación.

En la primera administración del entonces alcalde de Bogotá, Fernando Mazuera Villegas, entre 1947 y 1958, se contrató a la escultora colombiana María Teresa Zerda, para crear la escultura La pieza fue tallada y esculpida en piedra caliza. El trabajo arrancó al iniciar 1947 y fue terminado el mes de septiembre de ese mismo año.

El monumento se construyó como parte de un proyecto urbanístico, para embellecer la ciudad, en el marco de la IX Conferencia Panamericana, que se llevó a cabo en Bogotá en 1948, justo por los días del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán. En esa época también se planeó el monumento de Banderas, ubicado también en la actual localidad de Kennedy.

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Un monumento sin inauguración oficial

La Diosa del agua representa una mujer desnuda sobre una roca, sosteniendo un caracol y peces. Además, recuerda la leyenda de Bachué: la fertilidad que se origina en el agua. El monumento fue ubicado originalmente en el separador de la Avenida las Américas con carrera 70 en Techotiba, nombre muisca de la zona, hoy conocido como el barrio Marsella.

La escultura fue puesta, en 1948, en un estanque con prado verde a su alrededor, que se llenaba de agua frente a un pórtico de cuatro columnas jónicas, diseñado por el Arquitecto Manuel Vengoechea. Lo más insólito de la historia es que la obra nunca pudo ser inaugurada oficialmente por el alcalde. Las revueltas del 9 de abril, más conocidas como El Bogotazo, lo impidieron. Lo mismo sucedió con las actividades de la Conferencia Panamericana que se realizaba en la ciudad y que tuvo visitantes desconocidos que luego se harían ilustres como Fidel Castro.

La Diosa del Agua no fue el único monumento creado en la época. El 5 de julio de 1946, mediante el acuerdo # 45 de 1946, el Concejo de Bogotá aprobó la realización y el trazado de la Avenida las Américas, que se creó como la primera vía moderna de la ciudad. En esa época, la idea era conectar el centro con el occidente y el aeropuerto de Techo con motivo de la IX Conferencia Panamericana.  Las autoridades planeaban recibir las delegaciones de 20 países que habían llegado a la ciudad. La obra, de 10 kilómetros de longitud, incluyó amplios separadores, zonas de ornatos y monumentos conmemorativos. Se proyectó en 1944 y concluyó en 1946.

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Tiempos modernos

Durante la primera administración distrital de Enrique Peñalosa, entre 1998 y 2000, con la construcción de la segunda fase de Transmilenio por este corredor vial, la Diosa del Agua fue movida del lugar original 12 metros hacia el occidente. Dicho traslado se hizo por petición del Instituto de Desarrollo Urbano, para dar paso la construcción de la Troncal de Transmilenio.

De ese modo, con las obras del transporte masivo, desapareció la laguna de agua que acompañaba la escultura. Fue reemplazada por una plazoleta de concreto y unas baldosas azules para simular el agua. Las zonas verdes y los jardines que la rodeaban también desaparecieron.

En agosto de 2019, durante la segunda Alcaldía de Peñalosa, la escultura fue intervenida integralmente por el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural debido a su deterioro y con el objetivo de devolverle el estado original a la Diosa de piedra caliza. El vandalismo y los grafitis la habían deteriorado.

La obra es considerada un monumento de patrimonio cultural de la localidad de Kennedy. Por ese motivo, en 2023, volvió ser intervenida en la alcaldía de Claudia López. Por esos días, le hicieron mantenimiento de conservación a raíz de que nuevamente se había deteriorado por la pintura de los grafiteros. La administración de Carlos Fernando Galán también tuvo que intervenirla. En esa oportunidad, la escultura de casi 80 años, debió ser reparada de emergencia. Una vez más, el motivo fue el vandalismo.

Primeras urbanizaciones

El poblamiento moderno llegó a Kennedy en 1950 con la fundación de los primeros barrios obreros de la zona. De ese modo, se creó el primero, por medio de la Cooperativa de Trabajadores Ferroviarios de Cundinamarca (Ferrocaja): La Campiña.

El proceso de urbanización de la época, inició en el antiguo aeropuerto de Techo. Allí, llegaron centenares de personas de otras regiones del país, huyendo de la violencia que se vivía en los campos colombianos. Entre 1951 y 1952. surgió el segundo barrio por el modelo de autoconstrucción de viviendas. La organización Provivienda quiso darle albergue a los más pobres. Así nació el antiguo barrio Carvajal de la localidad de Kennedy.

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La Diosa de los muiscas

El monumento nació como un homenaje a la deidad a la que rendían culto los pueblos indígenas de los días prehispánicos. Tras casi 80 años de su creación, la escultura se considera un elemento fundamental del patrimonio cultural e histórico del suroccidente de Bogotá y un valioso símbolo de la herencia de la cultura muisca, que habitó la sabana de lo que es hoy Bogotá.

El nombre ancestral de lo que en la actualidad es Techotiba o Techovita. Dicho territorio, estaba gobernado por el Cacique que llevaba el mismo nombre de la zona. Dicho nombre se debe a que estaba cubierta por humedales y cuerpos de agua como el famoso y antiguo humedal La Vaca. Por esos lejanos días, el territorio cobijaba a los antiguos pueblos de Bosa y Fontibón.

La región era un circuito hídrico que conectaba con los ríos Bogotá, Fucha y Tunjuelo. Gran parte del territorio permanecía bajo el agua. Las zonas altas eran las únicas habitables debido a que las bajas eran inmensos pantanos.

El Cacique era la máxima autoridad en el vasto territorio del sur occidente de la sabana, pero a su vez dependía del Zipa de Funza. La pesca, la agricultura y los rituales sagrados copaban la vida de los muiscas, antiguos habitantes de la zona. Allí, Sia, la divinidad homenajeada con el monumento que nunca fue inaugurado, gobernaba el agua y la fertilidad de los cultivos indígenas.

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Por Ramiro Pacheco

Periodista en Las2Orillas, dedicado a informar y analizar los hechos que marcan nuestra vida diaria.