Este sábado, mientras el país seguía contando los estragos del terremoto de agosto, siete de los hombres más ricos de Colombia aterrizaron en Barranquilla, la mayoría de ellos, en sus propios aviones. Jaime y Gabriel Gilinski, Alejandro Santo Domingo, Luis Carlos Sarmiento y Juan Carlos Mora, el presidente de Bancolombia, llegaron en sus jets privados. Los demás invitados fueron, César Caicedo, el presidente de Colombina y Miguel Cortés, el presidente del Grupo Bolívar y local Fuad Char, presidente del grupo Olímpica.
El presidente Abelardo de la Espriella los recibió ahí, en la sede alterna que mandó reconstruir en el Batallón Paraíso, al norte de la ciudad, una instalación militar de 1938, de 51 hectáreas, que donde también funciona la Segunda Brigada del Ejército. De la Espriella decidió gobernar desde ahí en lugar de instalarse de forma permanente en el Palacio de Nariño, edificio que, según ha dicho, terminará convertido en museo.
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Las obras del lugar donde recibió a los millonarios empresarios se hicieron a un ritmo que sorprendió incluso a quienes las promovían: más de trescientos obreros trabajaron en jornadas que se extendían hasta la madrugada para tener lista, con la emergencia ya encima, una sede con búnker subterráneo, sala de crisis y helipuerto propio. El mobiliario, dijo el presidente, salió de su bolsillo. El resto, de donaciones de empresarios de la región.
La reunión con los empresarios giró alrededor de la reconstrucción tras el terremoto. De la Espriella agradeció a los siete empresarios los recursos que ya habían comprometido para las zonas golpeadas por el sismo y les pidió algo más concreto: que los bancos que ellos controlan bajaran al 8 % efectivo anual la tasa de los créditos de vivienda para los damnificados, y que ese porcentaje se mantuviera durante toda la vida del préstamo. Sarmiento, desde Grupo Aval; los Gilinski, desde el Banco GNB Sudameris; y Cortés, desde el Grupo Bolívar, al que pertenece Davivienda, aceptaron. El presidente calculó que la medida representa un alivio directo para miles de familias que perdieron su casa o quedaron con una deuda imposible de pagar en plena emergencia.
El Chocó ocupó buena parte de la conversación. El departamento, golpeado desde hace décadas por el abandono estatal, quedó también entre los más afectados por el terremoto. De la Espriella y los empresarios acordaron viajar juntos hasta allá el 7 de septiembre para diseñar, sobre el terreno, un plan que no se limite a reponer lo que el sismo tumbó, sino que incluya inversión y desarrollo de largo plazo. Una deuda pendiente con la región, la llamó el presidente.
Todos llegaron de guayabera, algo que terminó marcando la imagen del encuentro: banqueros y dueños de imperios empresariales sentados en la misma sala, vestidos como para una reunión de trabajo cualquiera en el Caribe colombiano, donde el calor no perdona ni siquiera a quienes mueven miles de millones. La foto oficial que difundió el presidente en sus redes sociales muestra ese ambiente relajado, casi de reunión entre viejos socios. En ella aparece un solo funcionario del gobierno junto al presidente: Joaquín Gutiérrez, quien próximamente asumirá la presidencia de Ecopetrol. Ningún ministro. Ningún asesor visible. Solo el jefe de Estado, el futuro presidente de la petrolera estatal y los siete empresarios.
De la reunión salieron una tasa de interés más baja para los créditos de vivienda de los damnificados y una fecha fija para el viaje al Chocó.
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