Qué está haciendo Colombia con sus montañas ‘pacificadas’

Colombia es un país más seguro, sí, pero su desarrollo dista mucho de ser sostenible. Basta ver lo que está pasando con las montañas alrededor de Bogotá

Por: Octavio Pineda
febrero 18, 2016
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Qué está haciendo Colombia con sus montañas ‘pacificadas’
Foto: archivo Víctor Manuel Holguín/Unimedios

Hace poco más de una década, cuando uno salía de Bogotá por la Autopista Norte, nuestros ojos se dejaban deslumbrar hacia el oriente por las bellas y verdes montañas, casi vírgenes, tupidas de vegetación, que corren en paralelo a la carretera. Algo similar ocurría cuando uno salía por la vía a La Calera y dejaba sus ojos perderse en el verde boscoso y tupido de las montañas del horizonte.

Lo lamentable en esa época era que uno albergaba el temor de que esas montañas pudieran tener presencia guerrillera y que por lo tanto lo pudieran secuestrar. Es decir, esas verdes y boscosas montañas, aunque bellas y vírgenes, no nos pertenecían del todo, sólo con la mirada.

Al día de hoy, esas montañas son más seguras, sí, pero se han ido deforestando y plagando de casas y conjuntos residenciales suntuosos, construidos por desarrolladores miopes e inescrupulosos que han creído ver en sus laderas una “mina de oro” y habitados por personas igualmente miopes y egoístas, que terminaron apropiándose de ellas, privatizándolas, en el espejismo frívolo de lo que entienden por “privilegio”. Más privilegio sería que todos pudiéramos seguir viendo verdes e intactas esas mismas montañas.

Esto lleva a preguntarse seriamente qué está haciendo Colombia como sociedad con la aparente “paz” que ha ido construyendo, al simplemente reemplazar la violencia e ilegalidad guerrillera por el atropello y la ilegitimidad de desarrolladores inescrupulosos que están fomentando estas construcciones en plena montaña, y de autoridades negligentes o corruptas, sean políticas o ambientales, que lo están permitiendo, ya sea por falta de decreto de reservas o por cambios irregulares de uso de suelo.

Señores constructores y autoridades “competentes” en la materia, entiéndanlo de una vez. Las montañas son un patrimonio paisajístico y ambiental invaluable que nos pertenecen a todos, no sólo a los habitantes de la región, sino del mundo.

Cabe recordar que además de su valor paisajístico, las montañas juegan un papel clave en el ciclo hídrico del agua, que cada será más escasa en nuestro planeta. Basta ver los fuertes impactos que ya está teniendo el actual fenómeno de El Niño en buena parte del país. Y eso con los años se acentuará si no se adoptan medidas urgentes.

No es gratuito que los recién redefinidos 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, antes llamados Objetivos del Milenio, pongan tanto énfasis en el desarrollo sostenible en general, y en el cuidado del medio ambiente, el agua, las montañas y los bosques en particular.

Basta mencionar dos objetivos con metas puntuales que lo expresan de forma explícita:

Objetivo 6. Agua limpia y saneamiento (Garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos) / Meta 6.6. Para 2020, proteger y restablecer los ecosistemas relacionados con el agua, incluidos los bosques, montañas, humedales, ríos, acuíferos y lagos.

Objetivo 15. Vida de ecosistemas terrestres (Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar de forma sostenible los bosques, combatir la desertificación, detener y revertir la degradación de las tierras, y frenar la pérdida de la biodiversidad. / Meta 15.1. Para 2020, velar por la conservación, el restablecimiento y el uso sostenible de los ecosistemas terrestres e interiores de agua dulce y los servicios que proporcionan, en particular los bosques, humedales, montañas y zonas áridas, en consonancia con las obligaciones contraídas en virtud de acuerdos internacionales.

De modo que el debate y nuestras serias preocupaciones sobre el cuidado de las montañas son válidos y de vanguardia, y están sobre la mesa.

Y las autoridades políticas y ambientales del país a todos los niveles, municipal (Bogotá, Chía, La Calera, etc…), departamental y nacional, están en mora de adoptar (para frenar y revertir el daño) medidas más enérgicas, visibles y ejemplarizantes en contra de quienes, mediante prácticas muy cuestionables y poco sostenibles, están contribuyendo al deterioro del invaluable patrimonio paisajístico y ambiental que representan nuestras bellas montañas.

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