¿Es posible resucitar la paz?

Por lo visto su desplome nos ha colocado en una transición invertida, en este caso hacia la segura balcanización del país (Catatumbo, Urabá y Tumaco)

Por: Horacio Duque Giraldo
mayo 04, 2018
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¿Es posible resucitar la paz?
Foto: Archivo Vanguardia

Francamente es muy oscuro el futuro de la paz, si es que aún lo tiene.

Con la rápida entrega de las armas por las Farc, al parecer lo único cierto hasta el momento, y con el concomitante clima de tranquilidad y ausencia de violencia en las recientes coyunturas electorales muchos teníamos la idea de una transición consolidada desde la guerra hacia el postconflicto.

Vana ilusión.

La implementación de los acuerdos y la construcción de la paz es una falsa idea que ya a nadie convence.

La paz ha muerto en la borrasca de varios acontecimientos a cual más retorcido.

Pereció en la arremetida brutal del fiscal NHM desde siempre interesado en la grotesca manipulación del discurso judicial para encubrir intereses electorales y corporativos.

Sucumbió en el siniestro montaje de la Dea contra Jesús Santrich, objeto de un “entrampamiento” criminal contaminado con escenas asociadas a los escenarios de la guerra de las drogas contra las mafias del narcotráfico.

La fulminó el macabro exterminio de los líderes sociales y de los excombatientes de la resistencia agraria liquidados subrepticiamente por las redes neoparamilitares orquestadas desde los batallones militares y comandos policiales.

La ahorcó la ineptitud del gobierno y la trampa de la elite política que de nuevo hizo nugatoria la tierra para los campesinos, la democracia ampliada y los derechos de las víctimas.

La enterró la corrupción imperante en las redes institucionales que convirtieron en un festín reproductor del clientelismo bipartidista los recursos aportados por la comunidad internacional y por el presupuesto público para financiar la reinserción económica y social. La Jep es el más vivo ejemplo de este despojo clientelar de la paz.

Obviamente el desatino de la cúpula reinsertada con los escándalos de corrupción y las pugnas cargadas de codicia ha hecho su aporte al desastre de la paz. Una comandancia autista e incapaz de la interacción social  y la empatía política han demolido el sueño colectivo de la paz.

Para qué profundizar en la mediocridad y el impacto del mundo fatuo del señor Santos, quien pretende mediante una narrativa triunfalista de doble calzada hacernos creer que aquí no ha pasado nada.

Pero sí que ha pasado y pasará. Las discursividades de los personajes con mayor opción presidencial en la derecha no auguran nada venturoso para este país.

Por lo visto el desplome de la paz nos ha colocado en una transición invertida, en este caso hacia la segura balcanización del país (Catatumbo, Urabá y Tumaco) como consecuencia de la ausencia del Estado y del nuevo capítulo de las guerras gringas “contra las drogas” diseñado sobre el modelo del mundo perfilado por el Pentágono en los términos de la elaboración teórica de Thomas Barnett sobre el nuevo mapa para la paz planetaria.

Para Barnett los conflictos a los que asiste el mundo hoy y también los que se presentarán en el mediano y largo plazo están ligados a la existencia de una "brecha" entre aquellas zonas del mundo sustancialmente integradas a la globalización económica, política y de las telecomunicaciones (Ocde) y aquellas que se mantienen ajenas a estas fuerzas transformadoras. En este contexto, existe un núcleo duro de países altamente interdependientes e imbricados por la globalización, tal como es el caso de los Estados Unidos, Europa, Japón y crecientemente China. Por oposición, amplias zonas del Medio Oriente, África, los Andes  y parte de Asia presentan los mayores niveles de aislamiento o actitud reactiva a las fuerzas de la modernización y globalización. O sea, son las zonas menos "conectadas".

En la visión de Barnett, esa "desconexión" representa un peligro para la seguridad de los Estados Unidos y el mundo interdependiente. Amenazas como el terrorismo, los Estados fracasados, la proliferación de armas de destrucción masiva, las crisis humanitarias, el narcotráfico, etc., serían en esta visión algunos de los subproductos de esta situación.

En este tablero estratégico global, supuestamente el Pentágono y sus aliados tendrían como una de sus tareas centrales el operar para reducir esas brechas o desconexiones en  especial cuando los instrumentos económicos, diplomáticos y culturales fracasen para cumplir esa misión. Dicho esto, Barnett propone un mapa de los conflictos post Guerra fría (y de las contiendas por venir) en donde la casi absoluta totalidad del uso de la fuerza por parte de los Estados Unidos se concretó y se concretará en África (exceptuando Sudáfrica), el Medio Oriente, Asia Central, Corea del Norte y parte de la zona andina.

Las recompensas ofrecidas y los indicment contra la comandancia del nuevo partido, desempolvados son parte del arsenal de esta guerra que masacró la paz. No es fácil resucitarla.

 

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