Texto escrito por: Rodrigo López Oviedo
En varias alocuciones de Iván Cepeda, el excandidato presidencial ha expresado su decisión de aplicarle la “desobediencia civil” a las disposiciones del gobierno de Abelardo de la Espriella. ¿En qué consiste tal desobediencia?
En esencia, la desobediencia civil consiste en negarse, de manera pública, a obedecer decisiones que se consideren contrarias al ordenamiento jurídico, los derechos fundamentales o los principios democráticos. Acudir a esta forma de resistencia implica hacerlo en defensa de derechos y principios de orden político y democrático que se consideren vulnerados.
Una característica común a los llamados a la desobediencia civil que han triunfado en el mundo es el de haber contado con motivaciones de tal calado que han hecho imposible que las mayorías se muestren renuentes a atenderlos. Entre los que más mención han tenido en el mundo están la marcha de la sal, liderada por Mahatma Gandhi en 1930; el boicot de los autobuses de Montgomery (EE. UU. en 1955) –originado en la negativa de Rosa Parks a ceder su asiento a un hombre blanco–; y la negativa de David Thoreau a pagar impuestos en su país, Estados Unidos, que adelantaba una guerra de expansión contra México y mantenía vigente el oprobioso sistema de la esclavitud y la segregación contra la población negra.
Aunque la historia de la humanidad está tachonada de muchas acciones calificables de desobediencia civil, su desarrollo no contaba con sustentaciones que reivindicaran su justeza hasta cuando el mencionado Thoreau abrió la senda de tales teorizaciones mediante su célebre ensayo Resistance to civil government.
Según Thoreau, la conciencia personal está por encima de las leyes, pues “primero somos seres humanos y, solo después, súbditos”. “Si una ley exige que seas el agente de una injusticia hacia otro, tu obligación moral es romperla”; además, quienes obedecen órdenes injustas “dejan de actuar como hombres racionales y se rebajan a operar como meras máquinas al servicio del Estado”.
Contrario a lo que puede pensarse, el pensamiento de Thoreau no puede confundirse con la política de la no violencia, pues consideraba que: “No es demasiado pronto para que los hombres honestos se rebelen y provoquen una revolución”. Su pensamiento tiene, sin embargo, un dejo reaccionario al considerar que la voluntad individual está por encima del criterio social, pues, según lo expresaba, “el juicio de la conciencia individual no es necesariamente inferior a las decisiones de un cuerpo político o de la mayoría”. El llamado de Cepeda, por el contrario, va dirigido a las masas, en previsión de las amenazas de De la Espriella de echar abajo irrenunciables conquistas sociales de antes y durante Petro. Sin embargo, cada desobediencia en particular tendrá su angustia. Esperemos.
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