El 'Trumpismo' tropical de Pacho Santos y su fascinación por la subordinación imperialista

El 'Trumpismo' tropical de Pacho Santos y su fascinación por la subordinación imperialista

Pacho Santos ataca a Petro, difundiendo pánico económico y defendiendo un modelo subordinado a EE. UU. que pone en riesgo la soberanía y economía de Colombia

Por: Carlos Stiven Mosquera Suárez
enero 24, 2025
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El 'Trumpismo' tropical de Pacho Santos y su fascinación por la subordinación imperialista

El pasado 20 de enero, en entrevista con la emisora Blu Radio, Francisco Santos, exvicepresidente y figura “prominente” del uribismo, realizó una serie de afirmaciones en el contexto de la posesión presidencial de Donald Trump. En sus comentarios, Santos responsabilizó al presidente Gustavo Petro por un supuesto deterioro de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos y esbozó argumentos que no solo carecen de fundamento, sino que también son peligrosos en tanto promueven el pánico económico y distorsionan el análisis sobre la soberanía nacional y las alternativas económicas de Colombia. Ante estas declaraciones, es necesario ofrecer una crítica seria, sustentada y responsable.

Para comenzar, Santos afirmó que “Petro mató las relaciones entre Colombia y Estados Unidos”. Tal declaración no solo es exagerada, sino que ignora aspectos clave de la diplomacia internacional. Durante su mandato, el presidente Petro ha mantenido una postura diplomática responsable, como lo evidencian los esfuerzos por garantizar la estabilidad fiscal y la reducción de la inflación, respaldados por informes como el del Banco Mundial (2023), que destaca las políticas adoptadas para mantener la sostenibilidad fiscal y controlar las presiones inflacionarias en un contexto global adverso. problemas heredados en gran medida del gobierno de Iván Duque.

Atribuir cualquier eventual tensión bilateral únicamente a Petro es desconocer que las relaciones entre dos naciones responden a intereses mutuos y dinámicas globales complejas, y no a decisiones unilaterales. Además, es fundamental recordar que Petro fue elegido con más de 11 millones de votos precisamente para implementar un modelo de gobierno que privilegie la justicia social, los Derechos Humanos, la protección del ambiente y la soberanía nacional, aspectos que Trump aborrece. ¿Acaso debería Colombia renunciar a sus principios democráticos y actuar de manera genuflexa frente a potencias extranjeras, como ha ocurrido en administraciones pasadas con las que muy bien se identifica “Pacho” Santos?

Por otra parte, Santos busca generar alarma al asegurar que Estados Unidos seguramente aumentará los aranceles para productos colombianos debido a las políticas de Petro. Este argumento es, cuanto menos, especulativo y carece de evidencias concretas. Promover el pánico económico entre los empresarios no solo es irresponsable, sino que también refleja una intención clara de desprestigiar al gobierno bajo supuestos sin fundamento. En lugar de fomentar el miedo, debería promoverse un debate serio sobre cómo Colombia puede fortalecer y diversificar sus mercados, fortaleciendo su posición internacional sin comprometer su soberanía.

Como si no fuera suficiente, un punto particularmente cuestionable de la entrevista fue la defensa de Santos del modelo de “nearshoring”, ante la pregunta sobre si Colombia podría posicionarse como un destino atractivo para empresas estadounidenses en medio de la disputa comercial entre Estados Unidos y China. Santos responsabilizó a Petro de no haber desarrollado esta estrategia y afirmó que en el gobierno actual está destruyendo el sector energético y gasífero, lo que según él haría inviable el nearshoring. Empero, esta visión ignora las nefastas implicaciones de este modelo para países como el nuestro.

El “nearshoring” como se ha observado en experiencias de otros países de América Latina, puede traer consecuencias nefastas. En primer lugar, suele generar pauperización laboral, ya que las empresas extranjeras tienden a aprovechar las condiciones laborales más flexibles, menos costosas y precarias que bajo la perorata neoliberal, se establecen en los países maquila bajo el falso supuesto que esta es la forma en la que se debe atraer la inversión extranjera. En otras palabras: que paguen menos, ganen más y exploten sin reparo alguno la mano de obra nacional. En Honduras, por ejemplo, los parques industriales han estado marcados por bajos salarios, condiciones laborales precarias y una reducida protección sindical. Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las zonas francas de exportación en Honduras han sido objeto de críticas por la explotación laboral y la falta de derechos básicos para los trabajadores, evidenciando un patrón recurrente de violaciones laborales (OIT, 2016). Segundo, el “nearshoring” conlleva una competencia desleal contra las empresas nacionales debido a los privilegios fiscales otorgados a las empresas extranjeras, debilitando la industria local y aumentando la dependencia económica.

Además, la experiencia de Puerto Rico ilustra cómo estas estrategias pueden llevar a la fragilidad económica. La isla, tras décadas de ser un centro manufacturero atractivo para Estados Unidos, enfrentó una crisis económica severa cuando las empresas extranjeras retiraron sus inversiones al perder atractivo fiscal. Según estudios realizados por investigadores como Villamil (2020), esta crisis fue exacerbada por la Ley 936, que incentivó inicialmente la inversión extranjera pero cuya eliminación abrupta dejó a Puerto Rico sin alternativas económicas sostenibles. Esto demuestra cómo los modelos de dependencia económica pueden generar vulnerabilidades estructurales a largo plazo, especialmente en territorios con economías subordinadas a potencias extranjeras.

Este fenómeno, que también se explica desde la teoría de la dependencia de Raúl Prebisch, particularmente desarrollada en su obra "El desarrollo económico de América Latina y algunos de sus principales problemas" (1949), la cual destaca cómo las economías periféricas quedan subordinadas a las necesidades de las economías centrales, resalta que los países periféricos quedan atrapados en un modelo de subdesarrollo estructural, donde el beneficio principal recae en los países del centro.

Ahora bien, otro aspecto indigante de la entrevista fue la postura de Santos frente al “Trump 2”. Santos mencionó con cierta admiración que esta nueva administración del magnate gringo sería una “ruptura absoluta” con las formas tradicionales de operar de Estados Unidos, destacando que Trump implementará “100 órdenes ejecutivas” y actuará de manera impositiva frente a otros países, incluso con sanciones comerciales y acciones militares. Es inquietante que un dirigente político colombiano celebre esta visión unilateral y autoritaria. La historia ofrece múltiples ejemplos de cómo políticas de carácter imperialista como las que pretende ejecutar Trump, han derivado en consecuencias negativas para países con menor poder geopolítico.

 Verbigracia, y así a negacionistas como “Pacho Santos” no les guste la historia, es preciso recordar que, durante la Guerra Fría, América Latina fue testigo de múltiples intervenciones económicas y militares unilaterales de Estados Unidos, justificadas bajo el principio de la “contención del comunismo”. Estas políticas no solo atentaron contra la soberanía de nuestros países, sino que también consolidaron modelos de desarrollo dependientes y de condiciones de extrema desigualdad (Galeano, 1971).

En el ámbito contemporáneo, estudios sobre las sanciones económicas impuestas por potencias hegemónicas como los Estado Unidos han demostrado que estas suelen afectar de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables, exacerbando desigualdades y limitando las capacidades de desarrollo autónomo de las naciones afectadas (Pape, 1997). Como reflexión quizá, utópica, para el lector: ¿No debería Santos, como líder político, propender por relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo, la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos? Su discurso evidencia un apego a una doctrina neoliberal que prioriza intereses extranjeros sobre el desarrollo y la soberanía nacional.

Además, Santos reivindica descaradamente estas intenciones de Trump, ignorando las absurdas declaraciones que este ha realizado recientemente, como su deseo de “comprar” Groenlandia o “recuperar” el control del Canal de Panamá. Tales afirmaciones no solo son descabelladas, sino que reflejan una política exterior agresiva que en nada beneficia a países como Colombia. Al apoyar estas políticas, Santos avala un modelo de subordinación que, una vez más, contradice los principios de soberanía y dignidad nacional.

Finalmente, ante la pregunta sobre la presencia de jefes de Estado de ultraderecha como Bukele o Milei, Santos afirmó que esto demuestra que “Petro no existe para la administración de Estados Unidos”. Este comentario no solo es reduccionista, sino que también ignora que la política internacional no debe girar exclusivamente en torno a la validación de una potencia extranjera. El verdadero reto de Colombia es consolidar su autonomía, fortalecer su aparato productivo y construir relaciones internacionales equilibradas, no competir por la atención de administraciones que priorizan sus propios intereses. Pensar y hacer lo contrario es continuar con el mismo camino que durante años han ejecutado gobiernos arrodillados a los intereses extranjeros como a los que Santos ha hecho parte, y, por consiguiente, perpetuar la dependencia y la destrucción de nuestra economía nacional por responder a intereses mezquinos.

Es fundamental que Colombia priorice un modelo de desarrollo económico que respete su soberanía, promueva la inclusión social, los Derechos Humanos y garantice la protección del ambiente. Esto no implica rechazar el comercio internacional ni las inversiones extranjeras, sino construir alianzas bajo términos que favorezcan a la mayoría de la población y no solo a las élites económicas o a los intereses extranjeros. Las afirmaciones de Francisco Santos, cargadas de alarmismo y simplificaciones, deben ser contrastadas con un análisis crítico y fundamentado.

En suma, la crítica de Santos al gobierno Petro y sus propuestas económicas no solo carecen de sustento, sino que también buscan perpetuar un modelo de subordinación frente a la potencia Gringa y a un presidente que actúa como el peor de los bárbaros. Un plutócrata que llegó a deshacer conquistas de derechos y a imponer su voluntad tanto dentro como fuera de los EE. UU. En lugar de mirar al pasado con nostalgia por políticas que solo han favorecido a unos pocos, Colombia debe avanzar hacia un futuro que garantice dignidad, equidad y soberanía para su pueblo, que rechace las políticas fascistas de los Trump, los Bukele los Milei, y por el contrario, produzca reformas sociales como las que en la actualidad viene impulsando el gobierno de Gustavo Petro a fin de conquistar y devolver derechos a la población en diferentes aspectos, a la vez que fortalece la economía nacional, el campo y la industria.

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