El trato demócrata-republicano sobre el muro aplastó a Trump

La derrota del presidente estadounidense se antoja tan definitiva que pareciera una autodefenestración: él mismo se ha lanzado por la ventana

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
febrero 13, 2019
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El trato demócrata-republicano sobre el muro aplastó a Trump
Foto: Twitter @realDonaldTrump

Nada hay más risible que un histrión en retirada, es decir, uno que haya preparado su propio festín y que no haya hecho reír a nadie. Pero, no, eso quizás sí: recuérdese usted mismo, amigo lector, en una de esas encrucijadas fiesteras en las que debe sí o sí hacer un chiste. No hay nadie, ni siquiera Hitler, supongo, que haya dejado de estar en una guachafita de amigos que en patota quieren burlarse del chiste o de usted.

Y entonces usted sale con un chiste malo, malísimo. Imagínese usted a Uribe o al inefable senador Macías haciendo chistes. ¡Imagínense a María Fernanda y Paloma riéndose de ellos!

La gente queda expectante pues no sabe si reír o llorar; incluso no sabe si el chiste ya está contado. Y entonces alguien se percata que solo cabe reírse de usted y de la cara de idiota que está poniendo. ¡La gente se arrastra de la risa! Estos chistes a veces son mejores que los buenos. Mientras más se ríen los otros, más cara de hueva pone usted. Y así hasta la carcajada final.

Tal parece que eso le ha pasado a Trump. “El trato fronterizo es lo que parece una derrota para Trump. Para el martes por la noche había señales de que incluso algunos de los partidarios más rabiosos del muro fronterizo se habían dado cuenta de que la resistencia adicional era inútil”, escribe el columnista John Cassidy para el New York Times.

Sin embargo, aquí hay muchas perlas ocultas, muy valiosas, que se deben rescatar. Una de ellas es que el partido republicano se vio obligado a pactar antes que “mamarse” otro cierre del gobierno que va más allá de toda comprensión política y administrativa, e incluso de cualquier parámetro de crueldad ya se llame Apocalipsis Now, o Breaking Bad. Póngala peor, una serie coreana.

Entonces, el partido republicano traicionó al presidente; es decir, no lo dejó llegar al 15 de febrero, fecha de eventual cierre, con vida: le quitó todo el oxígeno y lo llevó hasta el desierto después de mitaca. Entendieron que aun en las condiciones del peor trato, salían ganando. Lo que quiere decir, es que el desprestigio de Trump está inundando a su propio partido. Eso mismo implica que las defensas de Trump ya casi no existen pues ni siquiera se las dejarán usar. El cierre del gobierno pudo anticipar el cierre de la agenda del gobierno en su totalidad. Entonces cabe esperar que los republicanos, si tuvieran una oreja puesta en la Casa Blanca, seguirían anticipándosele a sus barrabasadas. Trump ha muerto.

Pero hay más, aún si los republicanos optaran por haber obtenido un logro, el triunfo es tan absolutamente pírrico, ni siquiera hedónico, ni siquiera platónico que ni siquiera parece que vayan a usarse los 1780 millones de dólares. Si Trump los usara sería de un cinismo tan abrumador que automáticamente quedaría por fuera de la próxima contienda. ¡Trump quería un muro y le dieron uno de palillos!

Entonces el trato de los republicanos parece haber enterrado a Trump. Y si no lo entierran rápido, es decir, si lo convierten en entierro de pobre, muchos republicanos se enterrarán con él.

¿Serán solo esas las perlas? Lo que escribe Cassidy va más allá: dice que hasta los más aguerridos muristas han considerado que la “resistencia adicional sería inútil”. Es tal el desinterés de los demócratas por acolitar a Trump, es tal la abulia de los republicanos por soportar otro eventual cierre que nadie levantaría un dedo a favor de ayudar a levantar semejante atrocidad.

Y es que tanto el muro como el cierre del gobierno son esperpentos siniestros de caprichos levantados a punta de mentiras tan insostenibles como siniestras. Toda la rutilancia del epicentro supremacista blanco ha quedado exactamente montado sobre sus pies de barro. Y aquí estaría otra perla. El nicho de mentiras y de verdades pegadas con mocos parece haberse agotado. Si las mentiras, algunas de ellas, lucían como divertimentos propias de un histrión consumado, ahora ya estarían siendo algo menos plausible que las mismas del pastorcito mentiroso. Trump no podría ya con el tamaño de su nariz.

Y la perla final para redondear: lo del muro ha perdido actualidad. Trump creía que la fecha de febrero se iba a convertir en Espada de Damocles y en eso también fracasó. La agenda demócrata contra las finanzas ocultas de Trump ofrece presas en su salsa mucho más suculentas. Alexandria Ocasio-Cortez ha lanzado su agenda sobre el New Deal climático posicionando una tribuna mucho más exquisitamente prometedora, incluso revolucionaria desde el punto de vista capitalista por aquello de quitar el énfasis sobre el consumo de energías fósiles, ahora asesino planetario, dando paso a otros nichos de expansión inexplorados donde todavía no se han puesto los manteles.

La derrota de Trump se antoja tan definitiva que pareciera una autodefenestración: él mismo se ha lanzado por la ventana. ¡Y es que es tan inteligente! Y si todavía no se ha lanzado, la investigación sobre su tributación acabaría con la caída del templo y de él con todos sus filisteos.

Y esta es la otra parte que le falta al análisis. Lo que quiero decir es que los republicanos ya huelen la mortecina y pretenderían parar, concediéndoles victorias a los demócratas lo suficientemente rutilantes como para engolosinarlos hasta el punto de que desistan de las averiguaciones sobre los impuestos que paga el señor Trump. Y es que si tales averiguaciones concluyeran en las mentiras que todo el mundo sospecha pero nadie es capaz de calibrar, quizás por exorbitantes, eso podría desencadenar nuevas investigaciones en línea sobre muchos otros oligarcas megamillonarios. Si la base irrisoriamente tributaria del imperialismo neoliberal de los archimegamillonarios totalitarios se develará, ¡allí sería Troya!

¡Y sería el desastre! ¡La estantería del imperio ya no ganaría guerras de pura caña!

La mesa puede estar sirviéndose para que detrás de la ruina estruendosa de Trump se desencadene la dicha de un socialismo democrático en los Estados Unidos de América. Nos gustaría que así fuere. Que un nuevo aliento socialista despertara en el mismo corazón del imperio implicaría que los estremecimientos que han estado cimbronando la periferia se convirtió en cataclismo en el centro. Eso es lo que ha ocurrido más de una vez en la historia. Esperamos que se repita.

¿Será eso lo que ha ido a avisar el presidente? ¡Ya a Pence la había dicho algo!

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