Texto escrito por: Álvaro Andrés Cotes Córdoba
Colombia es todo un espectáculo en la política, como si fuera un reality a la inversa, es decir, todo lo que ocurre ahí proviene de una verdad de la realidad y no una mentira de la verdad. Por eso yo me divierto observando y analizando cada episodio, porque son la tinta de mi pluma periodística. Y sí, es un realismo mágico, porque ocurren cosas tan increíbles y mágicas, que no tienen explicaciones ni lógicas.
Por ejemplo, en la última elección, para elegir a los finalistas de la contienda electoral que definirá quién va a ser el nuevo presidente de los colombianos, el segundo de los 14 contrincantes con opciones, Abelardo de la Espriella, según las encuestas válidas, aparecía con un porcentaje bastante lejano del primero, o sea de Iván Cepeda, a quien incluso lo daban como un posible y extraordinario ganador que podía romper el récord que nadie había roto jamás, como era el de ganar la presidencia en una sola vuelta.
Pero sucedió como por arte de magia lo inesperado e inexplicable: el segundo lejano superó en votos al archifavorito primero que, incluso, el mismo ganador estaba muy seguro de que nunca ni en la segunda vuelta, si es que la había, lo iba a vencer. Pero no fue así, porque con sorpresa y más para él, sacó una votación súper y nadie ni él mismo sabe aún cómo ni por qué fue.
El otro episodio inverosímil, en donde también se produjo la aparición mágica de votos inesperados, ocurrió en las consultas para seleccionar candidatos en los partidos políticos y las cuales se realizaron al comienzo del presente año, para la Cámara de Representantes y el Senado.
Todavía nadie ha podido resolver esos enigmas asombrosos e incomprensibles de cómo y por qué les aparecieron tantos votos a aspirantes de los que se supo que existían cuando salieron a buscarlos. Antes ni se les vio sus sombras.
Uno de ellos, por ejemplo, fue un exfuncionario de la Gobernación del Magdalena, oriundo de otro departamento del interior del país, natural de Bucaramanga, el cual obtuvo más de 25 mil votos. Lo más raro es que salió apenas a la palestra pública tres meses antes y durante ese tiempo recorrido habría capitalizado esa gran cantidad de votantes, inaudito.
Y así, una vez más, le damos a conocer al mundo que el realismo mágico no fue un invento de nuestro único Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez. Ha sido una realidad eterna tanto en la vida cotidiana de los pueblos, municipios y ciudades capitales, como en la intrínseca política de sus habitantes y en la que han nacido y fallecido generaciones enteras y lo seguirán haciendo por los siglos de los siglos, amén.
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