Marcelo Roffé es el psicólogo que acompaña el equipo desde la era Pékerman y ha sido una pieza silenciosa en el crecimiento de James y varias figuras del equipo

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El Maracaná estaba a punto de estallar. El estadio era una marea un océano amarilla y los gritos y cánticos caían de las tribunas como truenos a la mítica cancha. Corría el minuto 28. Uruguay intentaba cerrar los espacios libres. Cada rechazo era una forma de alejar el peligro. 

Sin embargo, uno de esos balones terminó en los pies de Colombia. Abel Aguilar. El volante bogotano peinó la pelota hacia el borde del área. Allí apareció James Rodríguez. Recibió de espaldas al arco, amortiguó el balón con el pecho y, en apenas una fracción de segundo, giró sobre sí mismo. La pelota todavía estaba en el aire cuando sacó un zurdazo perfecto. 

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El disparo viajó con una violencia y una precisión imposibles de detener. Fernando Muslera apenas alcanzó a seguirlo con la mirada. El pecho del cucuteño fue el pincel y su zurda, el martillo. Aquel remate terminó convirtiéndose en el mejor gol del Mundial de Brasil 2014 y en una de las anotaciones más recordadas en la historia de las Copas del Mundo.

En ese momento James jugaba para el AS Mónaco. Llegaba como una de las figuras de la liga francesa, pero también cargaba sobre sus hombros una enorme responsabilidad. La lesión de Radamel Falcao García había dejado a Colombia sin su gran referente ofensivo y todo el peso creativo recaía sobre el número diez.

José Pékerman diseñaba el funcionamiento futbolístico del equipo. Néstor Lorenzo afinaba la estructura táctica, especialmente el trabajo defensivo. Sin embargo, había otro argentino que trabajaba lejos de las cámaras y cuya influencia resultó decisiva durante aquel proceso. Su nombre era Marcelo Roffé.

Mientras el cuerpo técnico organizaba entrenamientos y planteaba los partidos, él dedicaba largas jornadas a fortalecer la confianza, el liderazgo y la fortaleza mental de los jugadores. Su trabajo fue tan importante que muchos integrantes de aquella generación todavía lo recuerdan como una pieza fundamental del éxito.

No es un hombre de grandes discursos ni de protagonismos. Quienes lo conocen lo describen como alguien pausado, sencillo y muy observador. Quizás esa tranquilidad es la misma que durante años transmitieron los futbolistas de la Selección Colombia dentro y fuera del campo.

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Su trabajo pocas veces aparece en los titulares, pero los resultados hablan por él. Parte de ese acompañamiento psicológico ayudó a que Colombia regresara a una Copa del Mundo después de 16 años de ausencia y, posteriormente, alcanzara la mejor actuación de toda su historia en un Mundial.

James terminó siendo el máximo goleador de Brasil 2014 con seis anotaciones y autor del mejor gol del campeonato. Detrás de ese rendimiento también hubo un proceso silencioso de preparación mental.

El psicólogo que encontró en el fútbol su verdadera cancha

Colombia es apenas uno de los capítulos más importantes de la carrera de Marcelo Roffé.

Marcelo siempre soñó con vivir el fútbol desde adentro. Como cualquier niño argentino, pasó buena parte de su infancia entre canchas de barrio. Desde los cuatro años, el balón ocupó un lugar central en su vida.

Sin embargo, el talento nunca estuvo en sus piernas. Intentó abrirse camino como futbolista en un club amateur, pero muy pronto comprendió que su futuro estaba lejos del terreno de juego. En lugar de frustrarse, decidió estudiar psicología en la Universidad de Buenos Aires y encontró allí una manera distinta de cumplir el mismo sueño.

Su carrera comenzó a despegar cuando fue nombrado jefe del área de Psicología de las selecciones juveniles y mayores de Argentina. Fue allí donde conoció a José Pékerman. Ambos comenzaron a trabajar juntos en las divisiones menores de la Albiceleste y rápidamente construyeron una relación profesional que marcaría el futuro de los dos.

Aquella etapa estuvo llena de jóvenes que más adelante serían estrellas mundiales. Uno de ellos fue Javier Saviola.

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Roffé trabajó muy de cerca con el delantero durante el Mundial Sub-20 de Argentina 2001. El atacante terminó convirtiéndose en el goleador del torneo con once anotaciones en apenas siete partidos, un récord que todavía permanece vigente.

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Ese equipo también contaba con varios futbolistas que años después integrarían una generación dorada del fútbol argentino. Poco tiempo después, aparecería otro adolescente llamado Lionel Messi, quien también alcanzaría a compartir procesos con Pékerman y Roffé en las selecciones juveniles.

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Aquella dupla fue acumulando prestigio gracias a los resultados y al desarrollo integral de los jugadores. Mientras Pékerman fortalecía el talento futbolístico, Marcelo ayudaba a construir futbolistas preparados para soportar la presión de la alta competencia.

De las selecciones a los clubes del continente

Después del Mundial de Brasil, Colombia afrontó la Copa América de Chile en 2015. El equipo fue eliminado en cuartos de final frente a Argentina, tras caer en una larga definición por penales.

Aquella competencia también marcó el cierre del primer ciclo de Marcelo Roffé junto a la Selección Colombia. Sin embargo, su carrera continuó creciendo. En 2021 llegó al FBC Melgar de Perú, donde volvió a demostrar la importancia del trabajo psicológico dentro del deporte de alto rendimiento.

Allí acompañó de cerca al delantero Bernardo Cuesta, quien terminó convirtiéndose en uno de los goleadores de la Copa Sudamericana y en uno de los grandes referentes del club peruano.

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Mientras tanto, Colombia vivía uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.

La eliminación del Mundial de Catar 2022 provocó la salida de Reinaldo Rueda y obligó a la Federación Colombiana de Fútbol a comenzar un nuevo proceso.

El regreso con Néstor Lorenzo y la reconstrucción de la Selección

En 2022 la Federación apostó por un viejo conocido. Néstor Lorenzo regresó al país, esta vez como entrenador principal de la Selección Colombia. Con él volvió gran parte del grupo de trabajo que había acompañado a Pékerman durante los años más exitosos de la Tricolor.

Entonces regresó, al terreno de juego del cuerpo técnico de la Tricolor, nuevamente Marcelo Roffé. El reto era enorme. No solo había que reconstruir el funcionamiento futbolístico del equipo, sino que era necesario recuperar la confianza de una generación golpeada por la eliminación mundialista y, además, comenzar a integrar nuevos talentos.

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Desde el primer día el psicólogo argentino volvió a enfocarse en aquello que mejor sabe hacer: fortalecer la mentalidad competitiva del grupo. Poco a poco la Selección recuperó la confianza. Colombia volvió a competir de igual a igual contra las principales selecciones del continente, alcanzó la final de la Copa América de 2024 y recuperó una identidad que parecía perdida.

Aunque aquella final terminó escapándose con el gol de Lautaro Martínez en el tiempo suplementario, el equipo dejó la sensación de haber construido un proyecto sólido.

Las eliminatorias confirmaron ese crecimiento. Con una campaña consistente, Colombia aseguró su clasificación al Mundial de 2026, mostrando nuevamente un grupo fuerte desde lo futbolístico, pero también desde lo emocional.

James Rodríguez volvió a convertirse en un líder dentro del campo, mientras jóvenes como Gustavo Puerta, Jhon Durán, Daniel Muñoz o Richard Ríos encontraron rápidamente su lugar dentro del grupo.

Muchos de esos procesos tienen detrás horas de conversaciones, preparación psicológica y trabajo individual.

Por eso, aunque los reflectores suelen quedarse con los entrenadores o con las figuras del equipo, dentro de la Selección saben que existe otro protagonista. Uno que rara vez aparece frente a las cámaras, pero cuya influencia se siente cada vez que Colombia sale a competir.

Marcelo Roffé nunca necesitó marcar goles ni levantar trofeos para dejar huella en el fútbol. Su mayor victoria ha sido demostrar que los partidos también se empiezan a ganar en la cabeza.

Detrás del inolvidable zurdazo de James en el Maracaná y del renacer de la Selección Colombia, también hubo un psicólogo argentino que entendió, antes que muchos, que la fortaleza mental puede ser tan determinante como el talento con el balón. Futbolista sano en mente sana.

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Por Daniel Murcia

Periodista de Las2Orillas, apasionado por contar historias que conectan con la realidad cotidiana y dar voz a quienes pocas veces son escuchados.