Texto escrito por: Germán Peña Córdoba
Sabiamente nos dijo nuestro Nobel de Literatura Gabriel García Márquez: "el que no se mete en política, la política termina metiéndose con él". El desinterés y el mutis por el foro en política se paga bien caro y tarda generaciones en subsanar una decisión equivocada. No todos los jóvenes mostrarán el mismo interés por la política, no todos expresarán vocación por el servicio público, pero lo cierto es que las decisiones políticas que toman las personas, que acertada o equivocadamente elegimos, terminan por beneficiarnos o afectarnos en nuestro proyecto de vida.
En una era de tanta desinformación, donde no se sabe a ciencia cierta qué es verdad o qué es mentira; en tiempos de Inteligencia Artificial es menester informarse bien y agudizar el pensamiento crítico, porque nada más cierto que la lapidaria frase del Nobel de literatura: si no nos metemos en política, la política terminará metiéndose con nosotros.
¿Qué pasa cuando un joven no vota?
Si no nos interesamos en política, las decisiones que se toman a nuestras espaldas terminarán por afectarnos. En este momento histórico, la desidia no puede tomarse la juventud, no puede esclavizarlos y dominarlos, a tal punto que los lleve a la inmovilidad social.
La gente joven tiene que tener un despertar que los obligue a comprometerse con el rumbo que debe tomar el país. Recuerdo la inercia como fenómeno físico. Según la física de mi buen bachillerato de seis años, cursado en el Colegio Deptal Eustaquio Palacios, un cuerpo permanece en reposo, aun estando en movimiento, hasta que una fuerza inesperada le interrumpa su quietud y lo saque del estado de reposo en que se encuentra.
Escapar de esa zona de confort y aletargamiento, romper con la inercia es lo que debe motivar salir el 21 de junio día de elecciones y de paso votar por la vida. Hay que romper con la inercia que invade a muchos jóvenes. Ustedes están dejando el campo libre para que lo llenen en su mayoría adultos mayores recalcitrantes en su ideología, pero disciplinados en la votación el día de las elecciones.
En política, el campo que otro ha dejado abandonado irremediablemente lo llena el opositor. Eso está suficientemente demostrado y lo anterior está sucediendo con los jóvenes: dejan la puerta abierta para que los contrarios entren, ostensiblemente ocupen su lugar y decidan por ellos. Hay que madrugar y salir a votar el 21 de junio, por encima de cualquier partido de fútbol. Si el joven no vota, la oportunidad de cambiar el mundo se la habrá entregado a otros que sí votan y estos decidirán por el desinteresado joven. Con la absurda decisión de no votar se ubicará en el triste y elevado porcentaje que conforma la abstención en Colombia.
Siempre he escuchado algo inverosímil de parte de muchas personas que "orgullosamente" me dicen cuando las abordo: "es que yo nunca he votado, ni votaré porque todos son iguales" ¡Error! Otros dicen: "yo no voto porque si no trabajo no como". Error. Otras me espetan en la cara: "para qué votar si esto no lo arregla nadie". Todas son frases cargadas de pesimismo y en cierto modo hay algo de razón: la cultura de la corrupción política ha hecho que la gente no crea en nada, los invada un escepticismo extremo y brote en ellos la suspicacia, la desconfianza.
Pero como no podía faltar en esta columna de opinión la frase de mi alter ego Petrona Oliveros de Peña, mi sabia abuela, cuando me decía: "mijo, quien no vota en una elección es porque está cagao". Amigo lector: vote por quien le plazca, pero en mi caso, así como dijo la célebre y elemental frase Kid Pambelé: "es mejor ser rico que ser pobre", yo, parafraseando la frase del filósofo de Palenque os digo: es mejor votar por la vida, que votar por la muerte. Y ya sabemos de antemano quién defiende la vida.
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