Los resultados de la primera vuelta electoral fueron categóricos. Más de 10 millones de ciudadanos rechazan la gestión del presidente Gustavo Petro, y en consecuencia a la izquierda radical, al comunismo y al socialismo del siglo XXI.
De los cinco riesgos electorales en los que coinciden la MOE, la OEA y la ONU, de cara a las elecciones en Colombia, en la jornada del pasado 31 de mayo, solo uno de ellos se materializó soterradamente: la violencia proselitista ejercida por el terrorismo y el narcotráfico, que quedó en evidencia a partir de los resultados registrados. En los cuatro departamentos del Pacífico colombiano y en los 120 municipios de alto riesgo, de manera inexplicable el candidato Iván Cepeda obtuvo porcentajes superiores al 70 % por encima del resto de los candidatos, superando el techo de las elecciones al Congreso de la República y en la elección del presidente Petro. Y para esto, los grupos al margen de la ley, declararon un cese del fuego disfrazado de constreñimiento y presión violenta sobre las poblaciones vulnerables de estos territorios, a favor del candidato del continuismo.
Esta última, es la gran amenaza electoral. No por su efecto inmediato, si no por lo que podría significar para el futuro del país, si resulta electo el candidato del oficialismo, donde el escalamiento sistemático de la violencia en el territorio previo al día electoral y la violencia silenciosa el día de las elecciones, busca, estratégicamente, convertirse en la plataforma para perpetuar al Pacto Histórico en el poder, y claro, el modelo comunista que se avizora con su candidato a la Presidencia. Una especie de dictadura como la de Venezuela, ensamblada en el Estado, y muy comparable con las revoluciones China (1949), cubana (1959), vietnamita (1975) y nicaragüense (1979).
Los antecedentes son sintomáticos. Desde el Caguán (1998-2002) las Farc visualizaron la configuración de un gobierno de facto en la clandestinidad, el que tomó forma inmediatamente después, con la intención de derrocar al Presidente Álvaro Uribe Vélez y su Política de Seguridad Democrática que los llevó casi, a la derrota definitiva. Y para ello, con la asesoria de Álvaro Leyva, Piedad Córdoba y Carlos Lozano, conformaron 4 planchas de líderes políticos y sociales a fin de organizar, lo que llamaron, “Los 12 apóstoles” que integrarían el Gobierno de las FARC en el poder. Entre los nombres que encabezaban las listas, estaban los entonces Senadores Gustavo Petro e Iván Cepeda.
En las elecciones presidenciales de 2010, la DIJIN y la FAC en desarrollo de la operación República 155 ejecutada en la región del Naya, Buenaventura contra el campamento de alias Mincho cabecilla del frente 30 de las FARC, hallaron varias USBs con fotografías e información reveladora del MOSUEP - Movimiento Social Unido Étnico y Popular, y del Partido Comunista Clandestino PC3, en la cual se registran reuniones de Piedad Córdoba y el candidato presidencial para la época del Polo Democrático Gustavo Petro con integrantes de esta estructura guerrillera.
El objetivo era uno, y aún vive un testigo de excepción, el ucraniano infiltrado en las FARC Victor Tomnyuk, quien ratificó ante la justicia colombiana, la validez del material probatorio hallado en el campamento de Mincho, su propósito era realizar proselitismo armado en el Pacífico a favor del candidato Presidencial del Polo Democrático, Gustavo Petro, el mismo que, en esta región, en 2022 logró 2.5 millones de votos para su elección. Esta misma evidencia, hizo parte del expediente disciplinario que culminó con la pérdida de investidura como Senadora de Piedad Córdoba.
Lo pronosticaron las Farc en una de sus comunicaciones internas halladas en los computadores de Raúl Reyes. El Secretariado le temía a, la llegada de Gustavo Petro al Polo Democrático, porque significaría “enquistar a un Uribe” en la izquierda colombiana. Al final, y paradójicamente, los Comunes, las disidencias, el ELN y hasta el Clan del Golfo, constriñeron el voto a favor del Pacto Histórico en el 19% del territorio en las elecciones del 2022.
La gran amenaza electoral busca desafiar nuestra historia republicana y democrática
La combinación de formas de lucha no ha desaparecido, se ahonda. El adoctrinamiento ilegal y el cogobierno se afianza. La expansión criminal, crece, al igual que el narcotráfico en las 5 zonas de despeje decretadas por el Gobierno. Y la presión armada en 126 municipios, se tradujo en el 54% de la votación en las recientes elecciones parlamentarias para el Pacto Histórico, privilegiando, además, el uso de tecnologías emergentes como los drones, que desde 2024 contabilizan 668 ataques con más de 294 víctimas. La situación es aun más compleja, si se tiene en cuenta, que, de acuerdo con la Defensoría del Pueblo, son 339 municipios en alto riesgo por el accionar de grupos al margen de la ley: “Ojalá gane el compañero Cepeda, porque ahí sí los vamos a apretar otros 4 años”: cabecilla de las disidencias alias. Rogelio Benavides.
¿Se necesitarán entonces, más razones, para que las autoridades electorales decidan trasladar de inmediato 1200 puestos de votación a las cabeceras municipales?, o permitirán que la falta de garantías electorales, denunciada por los candidatos de oposición y evidenciada en el incremento sustancial de la violencia, se conviertan en la plataforma perversa, para perpetuar la gran amenaza comunista del siglo XXI sobre la nación, y que mejor sofisma, que eternizar una narrativa basada en, la fallida Paz total y la engañosa “alianza por la vida”.
Para la segunda vuelta electoral, no hay otra opción, elegir entre, perpetuar una dictadura comunista que nos conduce a la miseria y a la violencia, o el camino de la democracia, la libertad y el orden. Se trata entonces, de sobreponer el interés general demostrado en las urnas el pasado domingo, así riñe con nuestros principios personales y haya reservas sobre la única y otra alternativa, el candidato de la oposición. Es urgente salvar la nación y para ello, hay que apostarle, sin dilación al proyecto político que gobernará con la Fuerza Pública de su lado, el que busca recuperar la seguridad y retomar la lucha frontal contra la violencia, la criminalidad y el narcotráfico, así como el control institucional del territorio y la cooperación internacional. Y ante esta alternativa, todos estamos llamados a ser verdaderos, auténticos y férreos defensores de la Patria.
Del msimo autor: La caída del Imperio Saab
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