Si las elecciones fueron plebiscito sobre el gobierno Petro se rajó, solo 40 % de los votantes, los que apoyaron a Cepeda, avalaron su gestión. Y salió mal perdedor

 - El gran derrotado ayer, más que Cepeda, fue Petro. Y, además, resultó mal perdedor

Estaba casi que cantado que iba a haber segunda vuelta electoral y que a ella iban a acceder Iván Cepeda y Abelardo de La Espriella. Lo que no estaba en las cuentas de casi nadie era que el Tigre lograra la mayor votación, Ni menos que sacara casi 700.000 votos más que el candidato oficialista.

De la Espriella aún no es presidente de Colombia, pero sí dio un enorme golpe de autoridad al derrotar a un candidato que contaba con el respaldo total del presidente Petro, que se la jugó a fondo por Cepeda.

El presidente optó por asumir el papel de candidato ante la poca emoción que generaba su pupilo. Y además puso la poderosa maquinaria del Estado en favor de esa candidatura de una forma descarada. Como nunca había ocurrido en Colombia.

Por eso, el gran derrotado ayer, más que Cepeda, fue Petro que hizo todo lo posible por convertir las elecciones en un plebiscito sobre su gobierno. Y estaba convencido de que, si lograba trasmitir el mensaje de que votar por Cepeda era votar por él, arrasaban y ganaban en primera vuelta.

Pero taco burro: el electorado captó el mensaje de que votar por Cepeda era votar por Petro, pero resultó que fueron más los votos en contra que los depositados en favor de su gestión.

Mejor dicho, si las elecciones de ayer fueron un plebiscito sobre el gobierno actual, Petro se rajó ampliamente porque solo el 40% de los votantes, los que apoyaron a Cepeda, avalaron su gestión. Lo que para un gobierno tan malo de todas formas es demasiado.

Pero, además, como se preveía, Petro resultó un mal perdedor. Anoche emitió un desconcertante trino en donde manifiesta que “como Presidente no acepto el preconteo de la firma privada de los hermanos Bautista… por tanto y conforme a la ley los resultados vinculantes que el presidente atenderá y aceptará son los de las comisiones escrutadoras dirigidas por jueces de la República”.

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Con lo cual, Petro se disparó otro tiro en el pie. Primero, porque es casi esquizofrénico desconocer que el trabajo de la Registraduría fue impecable: había contabilizado el 99, 8 % de los votos tan solo dos horas después del cierre de las urnas.

Y segundo, porque con toda seguridad, el trabajo de las comisiones escrutadoras arrojará un resultado muy similar al que dio la Registraduría ayer. A Petro, una vez más se le salió el dictador que lleva en su alma: cualquier resultado electoral diferente al triunfo no le sirve.

Lo cierto es que anoche una epidemia de insomnio se debió tomar la “Casa de Nari”, porque todo el  billete que le metieron a la candidatura de Cepeda y la descarada participación en política de Gustavo Petro no les alcanzó para derrotar a De la Espriella.

A Petro le fue mal en sitios que eran previsibles como Antioquia, donde Abelardo le sacó casi un millón de votos a Cepeda. En Bogotá el petrismo alcanzó un triunfo pírrico. Y en departamentos que se creían petristas como Boyacá y Tolima obtuvo estruendosas derrotas.

En Boyacá, en donde a pesar de que el gobernador es un ferviente petrista, su candidato fue derrotado por más de 100.000 votos. Y en Tolima, tierra del cínico ministro de salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, Abelardo sacó 80.000 votos más que Cepeda.  

Mejor dicho, a pesar de que puso a funcionar a máxima potencia la aplanadora del Estado, el petrismo, que hasta hace poco se sentía sobrado en la competencia, ahora está en un riesgo muy serio de perder el poder.

Primero, porque las matemáticas no mienten: El Tigre obtuvo 10 millones 400 mil votos, frente a los 9.700.000 que alcanzó Cepeda. Y si a eso se le suman el millón 600.000 votos que consiguió Paloma Valencia, que anoche anunció su apoyo al Tigre, el plante de este para la segunda vuelta son 12 millones de votos.

Le va a quedar muy de para arriba al petrismo conseguir más de dos millones de votos en tres semanas para mantenerse en el poder

Por supuesto que usarán la combinación de formas de lucha para lograrlo. El presidente se tomará las plazas públicas en los sitios en los que al petpresidente le fue mal, el dinero oficial se usará para costear esas manifestaciones, la guerra sucia en las redes se acrecentará y las amenazas de desatar un caos si Abelardo es elegido presidente se dispararán.

¿Y el Tigre que debe hacer estas tres semanas? Mantenerse en su extrema coherencia. Discurso ganador no se cambia, nada de ir tras los votos del centro, ya no los necesita. Debe persistir en su narrativa en contra de los terroristas y en favor del restablecimiento de la autoridad y del orden en el país.

Los 10 millones 500 mil colombianos que votaron por él, lo hicieron gracias a ese discurso. Y con toda seguridad llegarán muchos más porque lo que quedó claro ayer fue que los colombianos no queremos un segundo tiempo de un gobierno que entregó el país a los terroristas y que no hizo más que sembrar el odio, el caos y la desesperanza.

Del mismo autor: ¿Abelardo, la versión 2026 de Uribe 2002?

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Por Diego Martínez Lloreda

Nací en Bogotá y estudié comunicación social en la Universidad Javeriana. En marzo de este año completé 29 años de trabajo en El País y 39 de ejercicio profesional. En El País fui Editor de Cali, Director de Proyectos Especiales, Asistente de la Dirección, Jefe de Redacción, Director de la oficina de El País Bogotá, Editor General, Director de Información y Director General. En El País escribí los editoriales de los domingos y una columna semanal que se llamaba el Martillo. Dirigí y presenté el programa semanal Al Banquillo con Martillo. Durante siete años mi columna Martillo fue la más leída por los líderes de opinión del Valle del Cauca, según la encuesta de Cifras y Conceptos. Durante cinco años presenté y coordiné el programa la Hora del Martillo por Telepacífico y fui fundador del programa radial Oye Cali. Dirigí el equipo ganador del premio Simón Bolívar a mejor cubrimiento informativo en el 2008 y en el 2011 gané el premio al mejor periodista del año. En 2018 fui galardonado con el Premio Gabo al editor Ejemplar y en 2019 obtuve el premio Alfonso Bonilla Aragón, a la mejor columna periodística.