El problema sobre la existencia de Dios no es teórico, sino puramente personal

“¡Qué paliza y qué oso hizo Remolina, pese a tantos títulos! ¿No fue capaz un teólogo de probar la existencia de Dios ante un ateo?”

Por: Juan José García Cabra
Diciembre 15, 2017
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El problema sobre la existencia de Dios no es teórico, sino puramente personal
Foto: El Espectador

El sacerdote Gerardo Remolina, humanista, doctor en filosofía, teólogo de la Universidad Gregoriana de Roma, traductor y estudiante de humanidades clásicas en latín y griego, llevó a cabo  los días 4, 5, y 6 de diciembre una conversatorio con el inglés Richard Dawkins, polémico ateo, biólogo y divulgador científico. No quiero imaginar cuánto cobra este señor Richard por sus conferencias, pero es posible que cuando recibe el pago diga “gracias a Dios”. Siento pesar y profunda lástima por los que no creen en Dios. ¿Para qué nacieron y qué propósito tienen en sus vidas?, ¿su destino final es ser pasto de gusanos y ya?

“Vuestra fe, no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino el poder de Dios” (1ª. Corintios 2.5)

¡Qué paliza y qué oso hizo Remolina, pese a tantos títulos! ¿No fue capaz un teólogo de probar la existencia de Dios ante un ateo? ¡Válgame Dios! Por supuesto que la Iglesia católica tiene muchas cosas que no dice a los fieles. María era virgen y una mujer extraordinaria, pero luego de Jesús tuvo cuatro hijos más con José. Lástima no poder auscultar y oír a este ateo sobre su futuro y muerte.

¿Qué enseñan de teología en Roma? ¿Que la iglesia acepta la evolución? Pues yo no. Por una sencilla razón. Aceptar que el hombre surgió de un simio es negar los atributos de Dios, es decir que no era capaz de formar al hombre y a la mujer con tan solo un acto de su voluntad. Y si negamos desde el comienzo que Dios no tiene atributos de poder, pues vamos, nos tocaría aceptar lo que diga Richard. Y si no hay Dios ni otra vida, pues comamos y bebamos que mañana moriremos. Es cuando comienzo a filosofar, que es la facultad de pensamiento, a través de la cual uno se permite interpretar, contemplar, analizar e incluso reflexionar sobre un tema en especial, con el fin de entender la realidad. ¿Por qué no fui una vaca, un árbol o una roca?, ¿por qué nací en Colombia y no en África?, ¿blanco y no negro?, ¿por qué tuve la suerte de ser cristiano y no musulmán o budista?

El sofista Protágoras dijo que ninguna opinión personal es más correcta que la de otra, porque cada individuo es el único juez de su propia experiencia.

Platón, luego de muchos estudios concluyó: la contemplación filosófica del mundo oculto de las ideas es el fin más elevado de la existencia humana.

Aristóteles siguió a Platón al considerar el conocimiento abstracto superior a cualquier otro, pero discrepó de su juicio en cuanto al método apropiado para alcanzarlo. Aristóteles mantenía que casi todo el conocimiento se deriva de la experiencia.

El filósofo santo Tomás de Aquino y otros filósofos ayudaron y devolvieron la confianza en la razón y la experiencia, combinando los métodos racionales y la fe. Tomás de Aquino coincidió con Aristóteles en cuanto a la percepción como punto de partida y la lógica como un procedimiento intelectual, para tener cierto conocimiento confiable de la naturaleza, estimando que la fe en las Escrituras era la principal fuente de la nuestra fe y creencia en Dios.

Erratis nescientes scripturas et potestas Dei (Mateo 22.29)

Somos efímeros, en un mundo efímero y con un fin efímero. Por eso vivimos en un universo de la insatisfacción, buscando una felicidad que es efímera. Muchos no encuentran la razón de su existencia y por eso se refugian en la droga, la depresión y el suicidio.

Unos dicen que la verdad es subjetiva, que es absoluta, otros que es relativa, otros que es universalmente válida, otros que solo hay verdades en relación con una humanidad determinada. Luego tenemos el pragmatismo, que modifica el concepto de la verdad, por cuanto parte de una determinada concepción del ser humano. Según el pragmatismo, el hombre no es en primer término un ser teórico o pensante, sino un ser práctico, un ser de voluntad y de acción.

El hombre dotado de inteligencia y voluntad, tiene un fin natural el pleno conocimiento de la verdad y el pleno amor de la bondad. Puesto que Dios es la verdad y la bondad infinitas, el hombre tiende por naturaleza a Dios, su fin último. Solo en la posesión de Dios puede encontrar la satisfacción plena, tanto a sus aspiraciones espirituales como materiales, logrando así la plena felicidad espiritual, que nunca está separada de la corporal. (Juan 14,6) “Jesús les dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”.

El hombre tiende a su propio fin, no por mera necesidad intrínseca, como los minerales, ni por instinto como los animales, sino de modo consciente y libre. En esta conciencia y libertad radica la moralidad de los actos humanos.

Ni la psicología, ni la lógica, ni la ontología pueden resolver el problema del conocimiento de Dios, pues Él trasciende al hombre, por tal razón lo que sabemos y conocemos de Dios, fue por la venida de nuestro Señor Jesucristo, su hijo unigénito, que nos dijo cómo era su padre y sus atributos: eterno, no creado, omnisciente, omnipotente, sabio, justo, poderoso, inmortal, inmutable, inescrutable, insondable, omnipresente, imparcial,  recto, soberano, es espíritu, veraz, incorruptible, santo, bondadoso y misericordioso.

Yo creo en Dios, porque conozco de Dios a través de su palabra. Creo en Dios porque lo experimento en mi espíritu y escucha mis súplicas y ruegos. Dios me ha concedido favores inexplicables cuando oro, acudiendo a su promesa: (Juan 14.13) “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”.

(Lucas 10,22) “T0das las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quien es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”.

La sabiduría de este mundo es necedad ante Dios. (1a. Corintios 3,19)

Creer no cuesta nada, no creer sería una estulticia inexplicable y temeria.

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