El paisa Federico Gutiérrez no pasó la prueba en el sur de Bogotá

Arrancó su carrera a la presidencia caminando en San Victorino, en un intento fallido de darse a conocer, pero nada que ver con el Fico de las comunas de Medellín

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octubre 28, 2021
El paisa Federico Gutiérrez no pasó la prueba en el sur de Bogotá

En medio del agitado San Victorio aparecieron Checho, barba espesa, corta estatura, tatuajes en el brazo, fotógrafo de profesión; Santiago Jaramillo, responsable del contenido digital, alto y elegante como un puñal; y Carmen Herrera, jefe de prensa con un aura de tranquilidad que se reflejaba en sus ojos y que contrastaba con el agobio que genera San Victorino un miércoles de octubre. Todos son parte del equipo al frente de la pequeña gira en el sur de Bogotá que realizó el exalcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, quien busca ser presidente de Colombia. Estaban agotados. Seguirle el paso a este paisa de 46 años es, a veces, una labor de titanes.

A las cinco de la mañana se levanta a andar en bicicleta hasta las siete. Luego de un desayuno frugal empieza a recorrer las calles de la capital mostrando su mayor cualidad: la capacidad que tiene de mimetizarse con la gente, con el vendedor callejero, con el que vende chance, con el pueblo real. Al menos así lo se veía en su Medellín natal, en cada una de las comunas que visitaba cuando fue alcalde.

La popularidad fue algo que lo acompañó desde siempre, incluso desde sus orígenes en el colegio Alcázares, ubicado en el barrio Belén de Medellín. Sus papás, el ingeniero civil de la Universidad Nacional, Hernán Gutiérrez Isaza, y su mamá, una delineante de arquitectura, tenían que ir casi que semanalmente a hablar con el rector por los desafueros estudiantiles del joven Federico.

Sin embargo, en el Gran San, uno de los Centros Comerciales más concurridos del sur de Bogotá, Federico parece achicopalado. Como si la masa de gente que aprovecha los descuentos en ropa no lo determinara. Tiene unos tenis Adidas negros y morados con una incipiente cámara de aire, un jean Chevignon desteñido y una camisa con tenue morado de marca indeterminada. El objetivo era arrancar su caminata por el sur de la ciudad, en ese lugar, justo en la entrada 1, al amparo de los guardias de seguridad del Centro Comercial, vestidos con su tradicional morado y de un solo escolta personal y de las cámaras de los medios de comunicación que decidieron acompañarlo en la caminata. Federico, ante una pregunta de una periodista de CM& volvió a sacar en limpio su estrategia de seguridad, la que fue su bandera durante su administración y afiló con mano dura en el tramo final de sus cuatro años, convirtiéndolo en el alcalde más popular del país y sobre la que llovieron muchísimas críticas.

Foto: Leonel Cordero

Armó su estrategia a través de redes y ejerció de frente como la cabeza de la policía de Medellín, con el vigor para emprender con sus bluyines y tenis, la cacería a quien hubiera cometido un delito denunciado por los ciudadanos. Así capturó a decenas de ladrones y jóvenes enredados con las bandas criminales. Aunque detrás de esa máscara el alcalde se movía con agilidad y sin vacilar buscaba ayuda de los generales de la Policía de todo el país para asestar golpes a los capos, a las cabezas de las organizaciones. Así cayó Tom, el jefe de la Oficina de Envigado, arrinconó a Popeye, incluso llegó a perseguir, a punta de Facebook, a ladrones que azotaban mujeres en Junín y en la 70. Era el Gran Hermano convertido en un alcalde chévere.

Los resultados en seguridad ciudadana, en donde desmanteló a las principales bandas de la ciudad, fue bien discutible y, a pesar de lo que dijeron sus medios amigos, las cifras fueron altas en asesinatos: 2.351 entre 2016 y 2019. Estos números contrastaron con gobiernos anteriores: Aníbal Gaviria: 3.339; Alonso Salazar: 6.904, Sergio Fajardo: 3.840 y Luis Pérez: 9.484. Su imagen de mano dura lo llevaron a recibir la propuesta del presidente Duque de ser su ministro de Defensa, cuando la crisis de Guillermo Botero, cargo en el que terminó el fallecido Carlos Holmes Trujillo.

Gutiérrez  no aceptó ser ministro de Defensa con el nuevo gobierno de Iván Duque y prefirió viajar al exterior a estudiar inglés y cumplir el compromiso con su esposa Margarita de estar en familia al menos un semestre sabático, con los dos niños. Una familia unida a la que el alcalde, por más apretada que estuviera su agenda, siempre le sacaba el tiempo.

Como parte de su rueda de prensa a medios como RCN, Caracol, Olímpica y Canal 1, el paisa entró hasta la cabina del Gran San. Foto: Leonel Cordero

A las 11 de la mañana Federico Gutiérrez camina acompañado de una periodista por los estrechos corredores del Gran San. Hay un hombre que corea su nombre, sin embargo, para la gran mayoría, es un desconocido más. Dos ediles de Cambio Radical que vinieron desde Kennedy llevan camisetas con su nombre. Le pregunto a uno de ellos cómo se llama el candidato y responde con torpeza: “Federico Fajardo”. Parece un mal chiste, pero dice mucho.

Otro comerciante le grita que se ponga tapabocas, que él no tiene corona. La aglomeración es asfixiante y Gutiérrez, quien parece perder el brillo en tierras lejanas a Medellín, tiene afán porque debe conectarse a una clase virtual de la maestría de gobierno de la Universidad del Rosario. Por más que lo intento no logro conectarme ni a su figura, ni a un carisma que siento lejano.

A Fico, como lo llaman, le va a tocar duro, durísimo, calar en ciudades ajenas como la capital. Y su táctica exitosa para gobernar con gran favorabilidad  en las encuestas –siempre por encima del 80%-. Sin embargo, no parece que le vaya a funcionar automáticamente, como quizás lo esperaba. Eso sí, la energía sigue intacta a pesar de lo intensa de la jornada. Solo hasta las 3 de la mañana se va apagando. Lo peor es lo que se viene, los días de campaña después de noviembre. Para ellos no habrá navidad. Y lo más difícil pareciera que es darse a conocer porque, claramente, caminando la extensa Bogotá, con 8 millones habitantes, y las otras capitales de departamento, no va a ser la mejor ruta.

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