Se trataba de un día especial en Santander de Quilichao, porque marcaba el comienzo de la segunda etapa de la Apuesta para el desarrollo integral del Norte del Cauca. En esta nueva fase, además de consolidar el trabajo con pequeños agricultores de caña panelera, cacao y café, se anunció la inclusión de las comunidades indígenas a través de la ACIN, que se suman al proyecto con la cadena productiva de arroz, ampliando así el alcance y el impacto social de la iniciativa.
Los resultados del primer año de esta iniciativa fueron promisorios para decenas de pequeños agricultores de caña panelera, cacao y café que venían de ver sus cultivos postrados y, en algunos casos, incluso entregados al abandono. Ahora mostraban con orgullo sus productos del trabajo de la tierra listos para venderse y ser incluidos en las cadenas comerciales convencionales.
| Le puede interesar: Una empresa caleña produce las fajas preferidas de las Kardashian, Jennifer Garner y las exportan a medio mundo
Se trata de un proyecto inédito en esta conflictiva región, impulsado por la Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar y el Ministerio de agricultura que beneficia a las comunidades del Norte del Cauca y cuya primera parte se inició en mayo del 2024 en Santander de Quilichao, cuando la entonces ministra de agricultura, Jennifer Mojica, y Claudia Calero, presidenta de Asocaña, firmaron un convenio público privado validado por sectores sociales representativos de la región.

Después de un trabajo persistente, el 10 de mayo de 2024, en Santander de Quilichao se echó a andar un ambicioso programa orientado a apoyar a pequeños productores del norte del departamento del Cauca, por un valor de $ 60.000 millones para ser ejecutado en tres años. El primer desembolso, que significó el despegue del proyecto, fue de $ 13.602 millones, y el segundo, que fue suscrito a finales de octubre, y que está en proceso de ejecución, fue por $ 8.262 millones con una vigencia de 2.5 meses.
Las instituciones involucradas buscan que el proyecto trascienda los tiempos del actual gobierno, lo que aseguraría su permanencia como un proyecto de Estado por su importancia e impacto regional.
Además de los recursos materiales, cuyo valor no es menor, esta alianza público-privada es el resultado de un esfuerzo por construir confianza con organizaciones sociales que durante décadas mantuvieron distancia con cañicultores e ingenios. Se trató de un trabajo paciente, necesario para romper barreras y acabar con los resquemores y prevenciones nacidas de anteriores promesas incumplidas entre las comunidades y distintas instancias del Estado, que terminaron generando desconfianza y desgaste en los territorios.
Un trabajo que contó con la gente
Fueron muchos los diálogos informales, las reuniones participativas y el ejercicio de escucha permanente los que condujeron a formular un proyecto que, desde abajo, diera cuenta de necesidades reales. El propósito era trabajar juntos en un territorio que le es afín a todos, hasta encontrar caminos para impulsar el desarrollo rural de una región compleja, cercada durante décadas por todo tipo de violencias.
De allí el valor excepcional de este proyecto en el contexto de las disputas territoriales del Norte del Cauca y las prevenciones existentes en una región afectada históricamente por la violencia ejercida por parte de los grupos armados. La confianza estaba sobre la mesa.
Para el arranque, el gremio azucarero que reúne 12 ingenios, encabezado por Claudia Calero, aportó $ 6.500 millones, y el Ministerio de Agricultura, entonces liderado por Jennifer Mojica, aportó $ 7.500 millones. Los resultados promisorios del primer año alentaron la continuidad para el segundo, que se protocolizó en Santander de Quilichao, esta vez con la ministra de Agricultura Martha Carvajalino, y nuevamente junto a Claudia Calero, que suma más de 5 años al frente del gremio azucarero que cumple 67 años de existencia. El desembolso para esta segunda etapa sería de $ 8.260 millones asumidos por la entidad pública y los azucareros.

La imagen de la tarima central confirmaba la confianza construida durante el primer año y las bondades manifiestas en resultados productivos luego de la inversión en los sectores de panela, cacao y café, que son la garantía de continuidad del proyecto.
Además de los influyentes líderes del Norte del Cauca, puntal fundamental para validar el proyecto, estaban presentes buena parte de los beneficiarios, que organizaron una muestra con sus productos, listos para iniciar el proceso de comercialización, que es un componente clave de la segunda etapa del proyecto. Agricultores y emprendedores no disimularon su optimismo con sus productos de café, cacao y caña panelera, tal como se narra en este video del Diario El Espectador.
El delicado ejercicio de escucha detrás de la construcción de confianza
El ambiente distendido y amable de los representantes de la comunidad, del sector privado y del gobierno, reunidos alrededor de un propósito común, resultaba impensables años atrás, cuando no lograban siquiera sentarse a dialogar. Ahora trabajaban de manera colaborativa porque se había logrado lo fundamental: generar confianza.
De hecho, poner a andar la Apuesta por el desarrollo del norte del Cauca tomó más tiempo, precisamente por las barreras existentes entre los actores en el territorio. Se trató de un tejido lento, producto de un trabajo de concertación que caló en el propósito del gobierno Petro para el Cauca y el Pacífico colombiano. Junto con la Vicepresidente, Francia Márquez, se impulsó la apertura de espacios de diálogo con las comunidades y se presentó la propuesta inicial. Sin embargo, la consolidación de la iniciativa quedó en manos de una alianza liderada por el Ministerio de Agricultura, con el acompañamiento clave del Ministerio del Interior, junto a organizaciones como Asocaña, ACONC, ARUC, Fensuagro y ACIN.

En ese contexto, comenzó a tomar forma un espacio de construcción colectiva entre las comunidades, el Gobierno y el sector productivo, especialmente el azucarero. Allí resultó clave el liderazgo de Claudia Calero, quien desde la dirección de gestión social y ambiental del gremio acumulaba décadas de trabajo con las comunidades y tenía la experiencia necesaria para apostarle a un proyecto público-privado de impacto en el norte del Cauca. Un terreno que empezaba a abonarse para que la cosecha fuera promisoria.
Un propósito que logra volverse realidad
Desde ese rol y en contacto con las comunidades, Claudia Calero vivió de cerca lo que significó en Cali y en el Valle del Cauca el primer estallido social en noviembre del 2019, durante el gobierno de Iván Duque, y tuvo no solo la capacidad de tender puentes con los líderes de las comunidades para aliviar la tensión, sino que le confirmó la necesidad de trabajar no enfrentados sino juntos por el territorio.
Cuando fue nombrada presidenta de Asocaña, en octubre de 2020, Calero tenía el propósito claro de trabajar con las comunidades y el Gobierno Nacional para transformar el territorio, y tras el estallido social de 2021, que profundizó aún más las tensiones sociales, surgió el programa Compromiso Rural, impulsado por Asocaña junto con propietarios y directivos del sector.
Más adelante, en el marco de la Mesa de Diálogo del Norte del Cauca, tomó forma la Apuesta por el desarrollo del norte del Cauca, cuyo espíritu se resume en estas palabras: “La unión de las comunidades, con el apoyo del Gobierno y del sector privado, es la mejor receta para poder hablar de bienestar y de transformación”.
El proyecto supo escuchar a las comunidades del Norte del Cauca Sin prisas, y tras un trabajo de consulta y respeto por la opinión de la gente, en un proceso que tomó tiempo, se identificaron los tres productos agrícolas con arraigo en la zona y con mayor potencial de recuperación: el cacao, el café y la caña panelera. En esta conversación fue clave la participación de líderes con credibilidad en las comunidades, como Roxana Mejía, quien es la voz de los 43 consejos comunitarios del Norte del Cauca, y Cristóbal Guamanga, representante de organizaciones campesinas.

El proyecto se propuso impactar 1170 familias y apoyar la recuperación de 25 trapiches paneleros, 4 empresas procesadoras de cacao y 21 empresas tecnificadas de café especial, con lo que se impactaría la calidad de vida de al menos 6.000 personas en la región.
Los técnicos de Cenicaña apoyan la siembra de caña para garantizar la productividad y la calidad de la molienda en los trapiches reparados por el proyecto.
El sector azucarero del Valle del Cauca, reunido en Asocaña, contaba además con Cenicaña, una herramienta para asegurar la transferencia de conocimiento y tecnología para la renovación de cultivos con nuevas variedades, manejo de plagas y mejorar la producción. Este Centro de Investigación de la Caña de Azúcar fue creado en 1977 con aportes privados de ingenios y cultivadores, y fue una respuesta a la necesidad de tener un frente común en materia de investigación. Su director, Freddy Fernando Garcés, se comprometió a fondo con brindar apoyo personalizado para el mejoramiento de la productividad de la caña panelera, y otros técnicos hicieron lo propio con el café y el cacao para asegurar cambios sustantivos en la tierra y la calidad de los cultivos. Hoy, tierras que parecían estar pérdidas para la agricultura son ahora fuente de ingreso.
Los frutos ya han empezado a verse: 41 organizaciones productoras de café, cacao y panela recibieron beneficios, integrando a 1.200 familias que cultivan 1.281 hectáreas en diez municipios que abarcan Santander de Quilichao, Buenos Aires, Miranda, Caloto, Caldono, Guachené, Padilla, Villa Rica, Corinto y Puerto Tejada.
Hasta ahora, se ha trabajado en 240 predios de cacao, 240 de panela y 550 de café con un compromiso firme de los 12 ingenios azucareros. Tal y como lo resume la presidenta de Asocaña: “Queremos que el norte del Cauca se convierta en una potencia agropecuaria, en donde las comunidades creen empresas sólidas y duraderas, respetuosas de sus usos y costumbres, con encadenamientos productivos con otras compañías de la región, con una oferta de valor orientada a lo que el cliente necesita, con diferencial de origen y con canales de comercialización asegurados. Junto a las comunidades, vamos a desarrollar empresas que sean económicamente viables, sustentables y generadoras de empleo”.
*Con información suministrada por Asocaña.
| Vea también:
Anuncios.

