John Leguizamo, que hizo de Luigi en Mario Bros y la voz de Sid en La Era de Hielo, es el consejero de Odiseo en el nuevo éxito de Christopher Nolan

John Leguizamo actor colombiano de la Odisea - John Leguizamo, el migrante colombiano que en EE.UU. se volvió actor y terminó conquistando a Hollywood

El rostro arrugado de John Leguizamo se refleja a gran escala en la pantalla del Teatro Chino de Hollywood. En la penumbra de la sala, el actor se acomoda en su asiento mientras contempla su propia mirada en La Odisea, la más reciente megaproducción de Christopher Nolan.

Al verse allí, interpretando a Eumeo, el fiel servidor de Odiseo que además oficia como un sabio consejero que guía los pasos del héroe en la sombra, Leguizamo experimenta un vacío en el estómago. No ve a un personaje de la Grecia clásica, sino a sí mismo.

Siente el mismo vértigo de aquel niño que salió de Bogotá a los cuatro años. Para él, Hollywood ha sido su propia Troya. Este papel de ciego vidente es el puerto definitivo de un viaje que le tomó más de cuatro décadas llevar a cabo (como si su vida fuera una metáfora de la super producción de Nolan): el reconocimiento de que su voz es la que guía el camino.

La crítica ya lo aclama como el titán que consolidó el talento colombiano en la cúspide de la industria cinematográfica, un estatus que no llegó por azar, sino escalando un peldaño a la vez. Su vida ha sido un guion cinematográfico donde la realidad y la ficción se confunden en un juego de espejos constante.

El maquillaje como armadura en Queens

Nacido en Bogotá, su llegada a Nueva York a finales de los años sesenta no tuvo alfombras rojas. Fue un choque frontal contra una urbe de concreto que devoraba a los inmigrantes. En las calles de Queens, el joven John tuvo que aprender a transformarse para sobrevivir, una habilidad que años más tarde definiría su carrera en To Wong Foo, Thanks for Everything! Julie Newmar (1995).

Al igual que su personaje, Chi-Chi Rodriguez, quien usaba el maquillaje y las dotes de transformación como una armadura contra los prejuicios del mundo, Leguizamo utilizó el humor y la actuación para camuflarse en una sociedad que lo miraba con recelo. El arte fue su refugio contra las pandillas y la discriminación.

Fue esa misma capacidad de desnudarse emocionalmente sobre las tablas la que le otorgó sus primeras grandes condecoraciones fuera de las pantallas; sus descarnados shows unipersonales en los teatros de Nueva York, donde purgaba los traumas de la migración y la falta de oportunidades, le valieron un Premio Emmy por Freak en 1999 y, años más tarde, un prestigioso Premio Tony Especial en 2018 por su obra Latin History for Morons.

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Aquellos galardones no eran trofeos ordinarios: eran la prueba de que el circuito artístico estadounidense finalmente validaba el intelecto, la creatividad y la comedia de un creador hispano indomable.

El héroe pixelado en una industria ciega

Dicha necesidad de supervivencia lo llevó a aceptar desafíos, que rozaban el absurdo, en una industria que no sabía dónde acomodarlo. En 1993, Leguizamo se enfundó el overol verde para dar vida a Luigi en la accidentada e incomprendida versión en acción real de Super Mario Bros. Aquella producción fue un caótico laberinto de efectos especiales y guiones reescritos sobre la marcha. Sin embargo, viendo en retrospectiva, encarnar a uno de los fontaneros más famosos del mundo fue su primer gran salto de fe comercial…no es clara la idea…

Al igual que el héroe del videojuego, atrapado en una dimensión extraña intentando rescatar a una princesa, Leguizamo estaba atrapado en un Hollywood corporativo que pretendía blanquearlo. Él, un colombiano en Nueva York, se convertía en el hermano italiano de un ícono pop global; un logro inmenso de visibilidad que, sin embargo, le demostró lo caótico y desalmado que podía ser el sistema de estudios cuando no sabía valorar la diversidad.

Siempre ha sido una batalla. Hollywood no es el lugar más receptivo. A pesar de que los latinos representamos entre el 30% y el 40% de la taquilla y un tercio de los usuarios de streaming, somos el grupo más agresivamente subrepresentado. Esa ha sido mi odisea: intentar traer algo de paridad”,dijoJohn Leguizamo para Variety en la alfombra roja de La Odisea.

Benny Blanco: el rugido del latino rebelde

Ese mismo año, su verdadera e indomable naturaleza encontraría su canal de escape definitivo en la pantalla grande. En Carlito's Way, bajo la dirección de Brian De Palma, interpretó al ambicioso Benny Blanco.

Ese joven gánster del Bronx, que desafiaba al veterano interpretado por Al Pacino, era el vivo retrato del propio Leguizamo en los sets de grabación: un latino rebelde que se abría paso a codazos en un ecosistema dominado por anglosajones, exigiendo respeto, demandando su espacio y negándose a ser un simple extra silencioso de fondo.

Su magnética interpretación le valió el aplauso unánime del gremio y nominaciones clave en los Globos de Oro, demostrando que su nombre merecía competir de igual a igual con las leyendas de la época.

El Bruno de Hollywood: el poder de la voz y el activismo incómodo de John Leguizamo

Sin embargo, el verdadero superpoder de Leguizamo ha sido la maleabilidad de su voz, convirtiéndose en el rey latino indiscutible del doblaje anglo. Cuando prestó su voz al perezoso Sid en la franquicia de La Era de Hielo (2002), dotó al personaje de un acento y una torpeza entrañables. Al igual que Sid, un animal incomprendido que buscaba desesperadamente una manada a la cual pertenecer, John pasó años buscando su propio lugar en el cine, uniendo a la comunidad latina bajo un mismo techo artístico.

Esa capacidad de mutación vocal alcanzó su punto más alto con Bruno Madrigal en Encanto (2021). En esa producción, Leguizamo no solo regresó simbólicamente a sus raíces colombianas, sino que también personificó al paria de la familia, al hombre que vive escondido entre las paredes porque sus visiones incomodan a los demás.

Durante décadas, John fue el Bruno de Hollywood: el activista incómodo que denunciaba públicamente la falta de representación latina en las ceremonias de premios, el hombre cuyas verdades sobre el racismo en la industria nadie quería escuchar, pero que resultó ser indispensable para salvar la magia del hogar.

Su regreso a la cultura colombiana de su infancia se coronó en lo más alto cuando la película arrasó en los Premios Óscar, un triunfo colectivo que Leguizamo sintonizó como una victoria para los colombianos.

El puerto definitivo de John Leguizamo

Ahora, mientras los créditos de La Odisea de Nolan comienzan a rodar, los aplausos rompen el silencio de la sala. Leguizamo sonríe en la oscuridad. El viaje de aquel niño bogotano, que aprendió a hablar inglés imitando las caricaturas de la televisión, ha llegado a su destino.

Ha sido gánster, reina de la noche, héroe de videojuego, criatura prehistórica, profeta oculto, pintor impresionista y, finalmente, la mente brillante que aporta madurez al universo de Nolan. Hollywood ya no es una tierra hostil; es el imperio que John Leguizamo conquistó con la palabra y el cuerpo.

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Por Christopher Ramirez

Periodista Apasionado por la literatura y la crónica urbana.