El letrero más triste del mundo: “Se venden palmas fúnebres”

Este anuncio impactó en su momento a García Márquez, e incluso llegó a descomponerle el desayuno en varias oportunidades por lo misterioso y lúgubre que informa

Por: Cristian Camilo Sánchez Rodríguez
julio 18, 2022
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El letrero más triste del mundo: “Se venden palmas fúnebres”
Fotos: Wikimedia

En la novela Cien años de soledad, del escritor colombiano Gabriel García Márquez, hay un episodio en el que se menciona la existencia del letrero más triste del mundo : “Se venden palmas fúnebres”. Sobre el origen de la idea  de ese letrero quiero compartirle a los lectores que revisando la obra periodística del escritor que data de diciembre de 1950 (cuando trabajó en Heraldo de Barranquilla y firmaba su “Jirafa” con el seudónimo de Séptimus) encontré la nota periodística titulada: Un anuncio en la puerta.

Allí el escritor relata que todas las mañanas le corresponde pasar por una casa donde está clavado el aviso: “ Se venden palmas fúnebres”. Al escritor le parece un acto de sano entretenimiento ir por las calles leyendo la variedad de anuncios que se le ofrecen a los transeúntes, sin embargo, este anuncio en especial lo ha impactado e incluso llegó a descomponerle el desayuno en varias oportunidades por lo misterioso y lúgubre que informa. Para el escritor el anuncio contiene el aspecto desolado de la muerte, un sombrío aspecto de viejo solitario y anónimo.

La idea del letrero fue retomada en la novela Cien años de soledad a propósito del viaje que realiza Aureliano Segundo a un pueblo a más de 1000 kilómetro del mar con el objetivo de encontrar a Fernanda del Carpio:

“Atravesó un páramo amarillo donde el eco repetía los pensamientos y la ansiedad provocaba espejismos premonitorios. Al cabo de semanas estériles, llegó a una ciudad desconocida donde todas las campanas tocaban a muerto. Aunque nunca los había visto, ni nadie se los había descrito, reconoció de inmediato los muros carcomidos por la cal de los huesos, los decrépitos balcones de maderas destripadas por los hongos, y clavado en el portón y casi borrado por la lluvia el cartoncito más triste del mundo: Se venden palmas fúnebres”.

La idea del letrero fue utilizado en la novela como señal de la activad que se realizaba en la casa donde Aureliano Segundo encontró a Fernanda del Carpio, la niña que había sido criada por sus padres para ser reina y que tejía coronas de palmas fúnebres.

El cartoncito más triste del mundo: “Se venden palmas fúnebres” en la obra Cien años de soledad contiene la clave esencial para el conocimiento del carácter lúgubre de  los personajes que habitan en: "la casa señorial embaldosada de losas sepulcrales" y donde jamás se conoció el sol.

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