La experiencia de Ricardo Torres es completamente distinta de la de su antecesor, el político boyacense Jorge Londoño. Militante del Partido Verde, vio en esta institución educativa clave para el país un fortín burocrático en el que nombró a funcionarias como Luz Dana Leal, esposa del ex prófugo de la DEA, Carlos Ramón González, directora nacional de Empleo, Trabajo y Emprendimiento.
Serán muchas las sorpresas con las que se encontrará el fraile dominico, cuya historia es bien distinta. Pasó, en una década y media, de trabajar en una de las regiones colombianas más golpeadas por el conflicto armado a dirigir la principal entidad pública de formación para el trabajo en Colombia.
Entre 2011 y 2012, el fraile dominico fue representante legal de la Fundación Diocesana de Medios de Comunicación, gerente de Ecos del Catatumbo y también gerente general de la Diócesis de Tibú (Norte de Santander). Además, estuvo al frente de la Corporación Dominicana Opción Vida, Justicia y Paz, desde donde acompañó procesos sociales en la convulsionada región.

Allí, acompañar a quien sufre, hablar de derechos humanos o luchar por la paz puede ser una sentencia de muerte. En 2011, el Catatumbo registró 119 homicidios y una tasa de 44,5 por cada 100.000 habitantes, mientras que el año siguiente, cuando el fraile dominico seguía vinculado a Tibú, los asesinatos subieron a 159. Es decir, más del 30 %. En ese municipio, se cometieron 38 homicidios en 2012.
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La violencia también tocó a su puerta. En enero de ese año, la Defensoría del Pueblo reportó que desde diciembre del año anterior se habían presentado hechos violentos en Tibú y otros cinco municipios del Catatumbo. El saldo era dos civiles (entre ellos un niño) y dos miembros de la Fuerza Pública muertos. Siete personas quedaron gravemente heridas.
Además, dos atentados con carro bomba habían sacudido la infraestructura eléctrica y de hidrocarburos y mantenían a la población temerosa de nuevos ataques. Sin embargo, la emisora que Torres Castro gerenciaba seguía sonando en medio del estruendo de balas y bombas.
Su paso por el Catatumbo, además, lo conectó al trabajo con las víctimas y su memoria del conflicto. Entre 1980 y 2013, la región sufrió 66 masacres y más de 120.000 personas fueron desplazadas, cerca de 47.000 de ellas desde Tibú.
Allí, en medio de la cruda guerra, el fraile dominico se formó como líder social. Años después, la Diócesis de Tibú impulsó junto con el Centro Nacional de Memoria Histórica el informe “Catatumbo: memorias de vida y dignidad”, que reconstruyó el drama regional con las voces de quienes lo padecieron.
Medio millón de estudiantes
De la Espriella nombró a Torres Castro pronto, el 22 de julio destapó sus expectativas: fortalecer la formación técnica y tecnológica, modernizar la infraestructura física, recuperar la confianza del sector productivo y ampliar la articulación entre aprendices y empresas.

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Semejante desafío también se mide en cifras: la institución cerró 2025 con 542.400 aprendices matriculados en programas tecnológicos y en junio de 2026 ya había superado los 259.700 contratos de aprendizaje. Además, un informe del Observatorio Laboral encontró que 35.600 egresados certificados en el primer semestre de 2025 consiguieron empleo formal durante los seis meses siguientes.
El SENA debe dejar de ser visto únicamente como un lugar de capacitación y convertirse en un recurso para cerrar la brecha social. Ese fue su mensaje de entrada.
Un fraile que terminó en la academia
Es un académico que, además, conoce la Colombia profunda. Nació en Tunja y es licenciado en filosofía, bachiller en teología, magíster en administración, máster en negocios internacionales y marketing estratégico de la Universidad de Barcelona.
Además, es candidato a doctor en administración. Después de Tibú, aterrizó en la Universidad Santo Tomás. Allí, fue rector de la sede Medellín entre 2017 y 2023. También ha integrado juntas directivas de Almagrario Logistics, Inzignia Construction, Altium Constructora y Opain.
En los dos últimos años, fue asesor de la Dirección General del Centro Nacional de Memoria Histórica. Haber vivido de cerca la guerra en el Catatumbo y también la vida universitaria en Medellín son las herramientas con el que el fraile dominico asume el desafío de dirigir la institución de educación técnica y tecnológica más importante del Estado colombiano.
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