El exilio forzado de David, el hijo de Óscar Iván Zuluaga

El escándalo del hacker le amargó su entrada a la política cuando descollaba como una de las figuras prometedoras del uribismo y prefirió hacer su vida en EE. UU.

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Febrero 17, 2019
El exilio forzado de David, el hijo de Óscar Iván Zuluaga

La campaña de su papá, Óscar Iván Zuluaga, a la presidencia de Colombia por el Centro Democrático entusiasmó tanto a David que interrumpió el doctorado de Teoría Política en la prestigiosa universidad de Princeton para regresar a Colombia apoyar la dura campaña para atajar la reelección de Juan Manuel Santos. Tenía 24 años y una inteligencia y un encanto al que ni siquiera el rígido Alvaro Uribe Vélez podía resistirse: lo imitaba en sus narices y le arrancaba carcajadas en público. Lejos de incomodarse, el Presidente se divertía con sus apuntes repentistas y sus imitaciones.

Era una figura prometedora en el uribismo y sabía mezclarle divertimento a la política, que hasta ese 2013 en el que empacó maletas hacia Colombia, nunca la tuvo en su horizonte de vida.

A finales del 2009, a los 19 años, estaba a punto de empezar a estudiar derecho en la Universidad Javeriana cuando su papá, familiares y amigos comenzaron a alentarlo a un sueño imposible: estudiar filosofía en Harvard. David lo veía tan difícil como subir el Himalaya a pie, pero lo intentó. Lleno formularios, papeles y cumplió  con los rigurosos exámenes durante un año entero. Escribió con dificultad dos ensayos que terminaron decidiendo su suerte.

El primero fue sobre su experiencia de conocer a un desmovilizado de las Farc. En sus páginas no afloran los aires de guerra ni el resentimiento que usualmente tiene el pensamiento Uribista hacia esa guerrilla sino que el escrito venía revestido de tal comprensión hacía la vida de ese hombre que dejaba claro el único camino que podía seguir Colombia en ese momento de la historia: la reconciliación. De la escritura del segundo ensayo derivó placer. Abordó una de sus lecturas favoritas: El barón rampante de Italo Calvino. En la historia de Cosimo Piovasco de Rondó, el aristócrata que se va a vivir a la copa de los árboles de un bosque que heredó de su papá, David desentrañaba las posibilidades de cambiar la mentalidad de los privilegiados  que atornillados manejando el país. Contra todo pronóstico David no sólo fue aceptado en Harvard sino que tres años después se graduaba con una tesis Cum Laude que le abrió la puerta para continuar con el doctorado en Princeton.

La aterrizada en la arena política y el año de recorridos por los pueblos, el contacto con la gente significó un cambio drástico del mundo de las ideas al de la cruda realidad. El partner de muchas horas fue nada más y nada menos que Álvaro Uribe Vélez. En los ajetreos de las giras en regiones se encontraban para conversar y apaciguar el cansancio. Hablaban durante horas no sólo de política local, de la estrategia para derrotar la maquinaria gobiernista de Juan Manuel Santos, sino de uno de los temas que más los unía, la poesía. De Neruda o Sófocles, declamaban versos entre bambalinas. A diferencia de tantos tecnócratas David Zuluaga sabía que los jóvenes necesitaban ser emprendedores pero no de una manera arrasadora sino estructurada, intelectual, académica, que saliera de la misma Universidad. Mucho de su visión quedó plasmada en esta video grabado en el 2011 de una intervención en TED para jóvenes.

David tenía una habilidad especial para conectarse con la gente de todos los niveles sociales, desde los más poderosos hasta los humildes. Aunque pasó sus años de adolescencia en Bogotá nunca perdió su arraigo y acento  caldense y frescura para hacer bromas con los emboladores del centro de Bogotá, con la señora de los tintos, con el chancero de la esquina que le vendía los diez Marlboro Light que se fumaba al día y, además, tenía un atributo que compartía con Álvaro Uribe Vélez: su memoria eidética que le permitía aprenderse los nombres de todos los que conocía. Sin embargo esa campaña en la que acompañó día y noche a su papá  que parecía inaugurarlo en el áspero y apasionante mundo de la política, del juego del poder, del sueño de volver las ideas motor de cambio terminó estrellándolo con la realidad. Lo derrumbó. Los resultados en primera vuelta, en donde Óscar Iván Zuluaga le ganaba a Juan Manuel Santos, se invirtieron en segunda. Santos remontó jugando con cartas marcadas. Pero la derrota no sería el trago más amargo.

Cumpliendo itinerario, David Zuluaga se regresó a Princeton a concluir el doctorado. Estaba allá cuando el 20 de enero del 2015 fue notificado de una diligencia judicial. Debía regresar a Colombia a responder a un interrogatorio por parte de la Fiscalía de Eduardo Montealegre por una supuesta irregularidad de la campaña de su padre en la cual no habría reportado giros al hacker Andrés Sepúlveda, acusado de haber intentado violar los códigos de seguridad de los diálogos que realizaba el gobierno de Juan Manuel Santos con las Farc en La Habana. Las acusaciones comprometían a Luis Alfonso Hoyos, coterráneo y cercano como ninguno otro a los Zuluaga, quien actuaba como director espiritual de la campaña, en llave con David. Los señalamientos tomaron a David en el exterior y desde allá, con presentaciones en el consulado en Nueva York ha hecho su defensa judicial que espera salga en la misma dirección de absolución y declaratoria de inocencia como acaba de ocurrir con Luis Alfonso  Hoyos.

Igual que su padre Óscar Iván Zuluaga, viene de una familia de exitosos empresarios de Caldas, que nunca tuvo en su radar la política hasta que apareció Álvaro Uribe Vélez y su propuesta que atrajo y llevó nuevas caras al sector público que a los Zuluaga les ha significado más de un dolor de cabeza. David hace cinco años que no viene a Colombia por cuenta del enredo del hacker y con el doctorado en la mano entró a formar parte de la reconocida firma Boston Consulting Group con sede en Nueva York aunque nunca se sabe si superado el impasse, ponga a prueba su carisma y regrese a jugársela en la política.

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