La noticia le llegó a Pablo Ardila Sierra en su lujosa casa de Castelldefels, la mansión frente al mar que en su momento ocupó el futbolista brasilero Ronaldinho mientras jugaba para el Barcelona. Un juez español acaba de absolverlo de los cargos de blanqueo de dinero que pesaban sobre él desde 2021 y, además, ordenó devolverle 4,4 millones de euros que la justicia española le había incautado cuatro años atrás, mientras se investigaba el origen de su fortuna.
Para un hombre que ha pasado buena parte de su vida adulta sorteando procesos judiciales, la noticia traía un desenlace conocido: otra absolución, otro capítulo cerrado. Ardila pagaba de arriendo por esa casa unos 14.000 euros mensuales, pero en su última declaración de renta frente a las autoridades de hacienda Españolas había reportado ingresos anuales de apenas 25.000 euros.
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La diferencia entre lo que gastaba y lo que declaraba al fisco fue uno de los elementos centrales de la investigación que lo tuvo cuatro años enredado con la justicia española. Ahora el juez le devuelve el dinero y el caso se cierra.
Cuna de oro en Bogotá
Ardila nació el 20 de mayo de 1969 en el Hospital Militar de Bogotá, hijo único de Jaime Ardila y Hellen Sierra. Su padre fue uno de los fundadores de El Espacio, el tabloide popular que empezó a circular en abril de 1965 durante el gobierno de Guillermo León Valencia, tío de la hoy candidata a la presidencia de la República por el Centro Democrático, Paloma Valencia.

El periódico que hizo ricos a los Ardila nació de una sociedad entre Jaime Ardila, Ciro Gómez, Teresa Ardila y Rafael Ortiz, y fue durante décadas un diario amarillista que logró entrar en los hogares de clases media y baja de Colombia con sus portadas escandalosas y su lenguaje sin rodeos.
Pablo no fue buen estudiante. No pudo terminar el bachillerato en el Gimnasio Moderno, uno de los colegios más exclusivos de Bogotá, y su padre lo mandó a terminarlo a Estados Unidos. Después pasó un año en Alemania y luego estudió economía en Florida. Cuando regresó a Colombia entró en el negocio familiar: el periódico y las fincas ganaderas en el Cesar, dos negocios que fueron la base de una fortuna construida pacientemente por su padre durante décadas.
El día en que lo picó el bicho de la política
El papel impreso no fue suficiente para alguien con sus ambiciones. A finales de los noventa dio el salto a la política y llegó a la Cámara de Representantes, donde integró la Comisión de Acusaciones. Desde esa posición hizo su primera jugada ruidosa: acusó a los magistrados de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia de prevaricato por haber investigado a los congresistas que absolvieron al presidente Ernesto Samper en el proceso 8.000, el escándalo que sacudió a Colombia en 1996. Los magistrados le devolvieron la acusación. La Corte ordenó su detención domiciliaria, justo cuando Ardila era candidato a la Gobernación de Cundinamarca. Pese a todo, salió del enredo y ganó las elecciones.
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Entre 2004 y 2007 gobernó Cundinamarca con una nube de señalamientos que nunca terminó de disiparse. Lo acusaron de corrupción, de viajes sin justificación a cargo del erario, de una secretaria privada que tomaba decisiones que correspondían al gobernador, y de un cuerpo de escoltas que operaba con excesos difíciles de explicar. Ardila respondió siempre lo mismo: todo era una persecución en su contra. Cuando terminó el período y fue absuelto en Colombia de un cargo de extorsión, se fue.
Opulencia y vida de rey
Antes de salir del país dejó una imagen que muchos colombianos no han olvidado y hoy se recuerda: dentro de su casa, una construcción de 2.600 metros cuadrados diseñada por Rogelio Salmona, el arquitecto más importante que tuvo Colombia, había un salón de trofeos que era el retrato fiel de él como hombre: una cabeza de elefante cuyas patas fueron convertidas en taburetes, medio cuerpo de jirafa, varios antílopes, la cabeza de un hipopótamo, la de una cebra, un cerdo salvaje, un jabalí, un leopardo y un león disecado atacando a otro animal, también disecado.
En un cuarto contiguo había un polígono de tiro, separado por una puerta de madera que, al igual que los animales, trajo de África. La revista Don Juan publicó una crónica sobre esa casa con la que ganó premios, es una publicación que circula todavía entre quienes recuerdan al verdadero Pablo Ardila. Un día de 2011 empacó los animales y se los llevó a España.
En Castelldefels encontró la vida que quería: la mansión de Ronaldinho, el mar al frente, los trofeos africanos en las paredes. Hasta que, en mayo de 2021, la policía española lo capturó en Barcelona. La investigación lo señalaba por presuntos delitos de trata de personas con fines laborales, blanqueo de dinero, delitos fiscales y agresión sexual. Pasó un tiempo en prisión preventiva, recuperó la libertad bajo fianza y esperó. Cuatro años después, el juez lo absuelve y le devuelve los millones.
El Espacio, el periódico que construyó el apellido familiar, fue vendido en 2013 y terminó cerrando. Pablo Ardila, en cambio, sigue con los animales disecados, la mansión frente al mar, y una capacidad para salir a flote que tienen ciertos personajes colombianos sin importar cuántas veces los da por hundidos la justicia.
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