El capitán de fragata Roberto Serrano Ávila navegó 26.880 millas para traer a Cartagena la corbeta ARC Caldas, la primera nave misilera integrada a las unidades de guerra de la Armada Nacional que hoy, 42 años después de su travesía intercontinental desde Alemania, será convertida por e presidente Abelardo De la Espriella en la primera prisión flotante de máxima seguridad.
El oficial y sus tripulantes recibieron el buque el 28 de enero de 1984 en los astilleros Howaldswerke de Kiel y celebraron su entrega porque sabían que con su incorporación a la marina Colombia ingresaba a una era de modernización en la que disponer de misiles Exocet le permitía al país salir de un largo rezago frente a sus potenciales enemigos.

Su llegada a puerto colombiano fue una fiesta. Tras su bautizo, la nave fue dispuesta para recibir a bordo al presidente Belisario Betancur, a su cúpula militar y a su ministro de Relaciones Exteriores Augusto Ramírez Ocampo. Los dignatarios del gobierno y un grupo de periodistas fueron invitados a un viaje de reconocimiento por las aguas del Mar Caribe.
| Lea también: Por qué tambalea el contrato de pasaportes que Petro firmó con los portugueses y la Imprenta Nacional
Los invitados abordaron al final de la tarde de un viernes de comienzos del 84. Betancur fue recibido con honores militares y antes de un brindis a bordo la banda de guerra interpretó el himno de la Armada cantado con una emoción sobrecogedora por los tripulantes: “¡Viva Colombia! Soy marinero, por mi bandera por mi heredad; vivo en las olas, celoso y fiero, soy caballero del ancho mar…”.
Cuando el ARC Caldas zarpó ya estaba entrada la noche. Se anunciaba un buen tiempo, pero ese concepto de meteorología es distinto para un hombre de mar que para un viajero principiante. En realidad, cuando la nave comenzó a surcar aguas de la Alta Guajira, área de reconocimiento, el Caribe se sentí picado.
A quienes no querían irse a los camarotes un joven oficial los invitó a conocer los compartimentos de mando y la sala de controles. Todo era lustroso y olía a modernidad.
- ¿Quieren ver la ubicación de las fragatas venezolanas más cercanas?, preguntó un teniente que esa noche tendría la responsabilidad de ser el oficial de servicio.
- ¡Claro que sí! ¿Se puede hacer eso?, respondió, con el entusiasmo de un niño del canciller Ramírez Ocampo.
El radar localizaba en efecto dos puntos envueltos en la pantalla. Uno de los tripulantes contó que en los patrullajes los venezolanos estaban cerca y que ocasionalmente se cruzaban unas señales como saludos de cortesía.
| Lea también: A quiénes puso Petro a manejar las lujosas oficinas de Procolombia en el exterior que el Tigre va a acabar
Lo ocurrido durante aquel recorrido protocolar de esa noche podría ser mirado, subjetivamente, como un pequeño anticipo del destino de lo que ocurría tres años más tarde, cerca de allí, en aguas del Golfo de Coquivacoa, para nosotros, o Golfo de Venezuela, para ellos.

El 9 de agosto de 1987, el ARC Caldas navegaba al sur del Paralelo de Castilletes, zona que Colombia y Venezuela reclaman como suyo y cuyo control jurisdiccional todavía está en disputa y hace parte de las hipótesis de guerra de os mandos de uno y otro país.
Un rumor, no confirmado de manera concluyente hasta hoy, echó a correr la especie de que la nace líder de las corbetas de guerra de Colombia se quedó “varada” allí por insuficiencia de combustible. Cierto o no, en ese punto de navegación los operadores de radio captaron nítida una advertencia de los venezolanos:
- “Corbeta Caldas, está en aguas jurisdiccionales venezolanas. ¡Retírese!”, dijo en tono de pocos amigos el operador venezolano.
- “Bienvenido al mar territorial colombiano, estamos en navegación de rutina”, respondió un oficial venezolano.
Pocos minutos después, la tripulación del Caldas vio volar sobre sus cabezas una escuadra de cazas venezolanos F-16, intimidantes. El gobierno venezolano de Jaime Lusinchi ordenó el envío tropas a la frontera y el incidente parecía transformarse en un toque de guerra.
El ARC Caldas no se quedó solo. Pronto llegó en apoyo una de sus unidades hermanas, la ARC Independiente, con la orden de disparar sus Exocet si las circunstancias lo ameritaban. Los canales diplomáticos comenzaron a funcionar, pero la distensión tardó en llegar hasta 1991 cuando los diálogos bilaterales llevaron a la firma del Acta de San Pedro Alejandrino.
| Lea también: Con Viviane Morales al frente, los cristianos aterrizan con cargos de poder en el Ministerio de Educación
Más allá del desenlace, las corbetas colombianas fueron vistas con el respeto reservado a unos buques con capacidad disuasiva. El paso del tiempo ha desgastado sus equipos, pero las repotenciaciones han sido oportunas y técnicamente bien concebidos y los expertos le auguran por lo menos veinte años más de vida.
Una cárcel de altamar
La experiencia que acumuló a bordo el capitán Serrano le sirvió, al lado de otras brillantes ejecutorias, para coronar su carrera como Almirante y para ser el comandante general de la Armada Nacional antes de irse a un retiro que seguiría siendo intelectualmente productivo para él como consultor y asesor con reconocimiento en todo el continente.

El armamento del Caldas, catalogado como un misilero FS-1500 o fragata de superficie de 1.500 toneladas, se conserva operativo. El presidente Abelardo de La Espriella ha anunciado que se mantendrá así, pero que en breve la nace será acondicionada para convertirse en la primera prisión de máxima seguridad en altamar.
Según sus previsiones, allí serán confinados prisioneros de alta peligrosidad que solo podrán ver 30 minutos al día la luz del sol y recibir visitas de serios queridos o personas autorizadas una vez al mes. Se trataría de un aislamiento en el que no podrían usar celulares, computadores o equipos de comunicación que actualmente les permiten manejar auténticas industrias criminales de extorsión y estafas detrás de las rejas.
El cambio de uso de uno de los buques más representativos de la Armada colombiana lleva a pensar, necesariamente, en un reemplazo o modernización de las unidades de guerra naval colombiana que, aparte del combate mismo, tienen la misión de patrullas las aguas jurisdiccionales, hacer tareas de interdicción contra el narcotráfico, apoyar la lucha contra la delincuencia transnacional y las tareas de conservación del ecosistema.
La empresa será necesariamente costosa, si bien Colombia cuenta con importantes recursos propios a través de la empresa Cotecmar, uno de los músculos más poderosos de la red empresarial del sector defensa.
Cotecmar no necesita mayor carta de presentación porque, por ejemplo, entre 2008 y 2017 su demostró su capacidad para repotenciar la flota superficie que data de 1983 y de dejar como nuevos sus cañones de 76 milímetros, sus misiles y sus sistemas antiaéreos de corto alcance. Prolongó por cinco lustros su vida.
Los ajustes de actualización no serán suficientes porque son buques que ya cumplen 42 años. Por eso Cotecmar tiene a cargo la Plataforma Estratégica de Superficie (PES) que incluye la construcción en Colombia de cinco fragatas nuevas de 110 metros, que hace dos años ya tuvieron su primer corte de acero.
El proceso tiene el apoyo de una firma de ingeniería naval holandesa, aunque el trabajo de fabricación propiamente dicho estará a cargo de ingenieros colombianos.
La construcción demandará el uso de 52 bloques de acero naval que serán trabajados en la planta industrial de Cotecmar en el sector de Mamonal, en Cartagena.
Las nuevas unidades estarán listas en 2030 y mientras tanto seguirán activas las corbetas FS1500 hermanas de la Caldas, los patrulleros oceánicos OPV-80 y la flota de guardacostas. Por ahora no se puede hablar de un retiro anticipado de la ARC Caldas, con su historia a cuestas, sino de un cambio provisional en su uso mientras el gobierno saca adelante su proyecto de construcción de mega cárceles, en medio de enormes retos fiscales.
Anuncios.


