El dilema de un nuevo paro: salir a marchar o apabullarse con el cuento de que no es momento

Frente a la movilización del 3 de marzo hay una teoría: hacer un paro ahora es facilitar munición a los que penalizan la protesta. ¿Es una razón para no salir?

Por: Germán Peña Córdoba
febrero 15, 2022
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El dilema de un nuevo paro: salir a marchar o apabullarse con el cuento de que no es momento
Foto: Leonel Cordero

El Comité Nacional del Paro y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) han citado para el 3 de marzo nuevas movilizaciones en Colombia. Motivos suficientes para protestar existen y los hay en abundancia. No es que no haya razones; por lo contrari, son tantas que no hay dónde echarlas. Uno de los motivos centrales de la nuevas movilizaciones es la carestía de los alimentos, el alza de la gasolina en un 12 %, alza en un 10 % de los servicios públicos, la inflación interanual del 7 % y el alza del dólar, que incide en el valor de los productos importados. Millones de personas viven una situación muy difícil.

Esta claro que los fundamentos para salir a protestar están al orden del día: ¡en este momento estamos abocados a una irremediable situación de hambruna! Otrora, el actual partido de Gobierno (en su legítimo derecho) salía a protestar en el gobierno de Juan Manuel Santos y decían sus dirigentes: "Lo único que nos queda es la calle". Según ellos, era el único espacio que les dejaba el Gobierno Santos. Hoy, estando en el poder, se declaran enemigos de lo que ellos mismos propugnaban por hacer.

Enfrentar estas nuevas realidades y aceptarlas con obsecuencia, pasividad y sumisión es dificil, pero, paralelamente, nos vemos abocados a la inconsecuencia e inoportunidad de realizar un paro a menos de un mes de las elecciones parlamentarias, donde los colombianos en su gran mayoría claman un cambio en la composición del Congreso y Presidencia de la República.

Frente a la nueva movilización del 3 de marzo, se maneja una teoría perfectamente posible: hacer un paro en este momento es facilitarle munición a los que continuamente propugnan por el aniquilamiento y penalización de la protesta ciudadana. De hecho, han logrado que los jóvenes les de miedo salir a protestar; la ley de Seguridad Ciudadana recientemente sancionada penaliza la protesta. Me imagino que dicha ley no resistirá un análisis serio en la Corte Constitucional, pero mientras eso suceda y la declaren inexequible, seguirá siendo aplicada con todo rigor y poder intimidatorio.

Se dice también que es posible que para desprestigiar y lograr protervos réditos políticos de cara a las próximas elecciones surja en la pacífica movilizacion un "vandalismo" prefabricado e inducido por fuerzas oscuras y ajenas a la eventual protesta. Es válido y es posible este análisis, puesto que se busca desesperadamente un enemigo interno a quien endilgarle el crónico desastre que padecemos.

Ante este panorama, también es válido manifestar que la inconformidad nace de manera espontánea, de un descontento generalizado, y a esto no se le puede dar un carácter de estrategia electoral. Es imposible detener la olla pitadora donde se cocina y se está gestando el inconformismo a raíz de las inocultables causas que lo genera. Necesita la olla desfogar porque de lo contrario estalla y vuela en mil pedazos.

El paro que posiblemente se va realizar el 3 de marzo eclosiona a partir del estado de miseria que nos tiene sumidos este desgobierno y ese espontáneo sentir y las ganas de protestar contra este estado de cosas; no lo podemos cercenar con el argumento de que "se dañan las elecciones". Aquí todo está dañado hace muchos años y si el pueblo sale a protestar, bienvenido sea, no podemos impedirlo con ese falaz argumento. Ahora, una cosa bien importante: hay que hacerlo de manera pacífica; hay que hacerlo con responsabilidad.

No se necesita que ningún político vergonzante en campaña brinde su apoyo y lo haga con el argumento que la protesta le quita votos, porque los medios (caja de resonancia de claros intereses) van a influir en vincularlos con el origen o las consecuencias de la eventual protesta. Si eso es así, no existe de parte del político una real convicción de las causas que dice apoyar.

Ahora bien, no le llamemos paro a la movilización, porque la palabra está macartizada, ha adquirido una connotación que la estigmatiza y es manejada con maniquieismo. La palabra paro es sinónimo de bloqueos o cortes de ruta, enfrentamientos con el diabólico Esmad, saqueos, etcétera.

Como nos encontramos en el reino del eufemismo, y el mismo gobierno llama a lo que es claramente una reforma tributaria Ley de Financiamiento, a la penalización de la protesta Ley de Seguridad Ciudadana, a los desplazados migrantes y a las ejecuciones neutralización; en este orden, hagamos el ejercicio y la estigmatizada palabra paro o huelga, llamémosla simplemente manifestaciones de inconformidad ciudadana, que no tiene otro espacio que la calle para poder expresarse. En realidad es la movilización de las ciudadanías libres ante el sistemático atropello que se viene llevando a cabo. ¡Qué dilema tan grande!

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