El 22 de septiembre de 2016, dos días antes de que se realizara la primera firma del Acuerdo de Paz en Cartagena, el entonces presidente Juan Manuel Santos le mostró al país el regalo que le habían enviado desde París: una paloma blanca hecha en bronce, de 70 centímetros de altura, que traía incluida una dedicatoria escrita con el puño y letra de su autor, Fernando Botero.
La escultura representó el aporte del maestro antioqueño a los 1.300 días de conversaciones entre el equipo negociador del Gobierno, liderado por Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo, y la guerrilla de las Farc, con Iván Márquez al frente, para ponerle fin a 52 años de una guerra que dejó millones de víctimas.
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Aunque Juan Manuel Santos prometió que la escultura no iba a salir del honorífico salón Gobelinos de la Casa de Nariño, casi diez años después, La Paloma de Botero ha vivido en un vaivén de residencias, el cual se mueve al ritmo de los cambios de gobierno. Del mismo modo en que alrededor de 10 millones de colombianos fueron obligados a abandonar sus hogares durante más de medio siglo de conflicto armado.
La primera vez que la paloma abandonó la Casa de Nariño fue cuando Iván Duque, uno de los principales opositores del Acuerdo de Paz, llegó al poder. Las razones de la salida tuvieron dos versiones. Por un lado, había quienes aseguraban que había sido una orden del nuevo presidente. Otros sostenían que se trató de una decisión prevista desde el gobierno de Juan Manuel Santos para evitar que la escultura quedara desprotegida.

La paloma, declarada Bien Cultural de la Nación, fue a parar al segundo piso del Museo Nacional el 18 de julio de 2018. La entrega estuvo a cargo de la esposa de Santos, María Clemencia Rodríguez y la saliente ministra de Cultura, Mariana Garcés. El entonces director del Museo, Daniel Castro, dijo que la escultura había sido sacada de su residencia con el fin de que todos los colombianos pudieran ver el homenaje del maestro Botero al Acuerdo de Paz.
En julio de 2022, antes de asumir la Presidencia, Gustavo Petro anunció que uno de los símbolos de su gobierno sería el regreso de la Paloma de la Paz. La obra volvió el 1 de septiembre de 2022 al salón Gobelinos por instrucción del nuevo mandatario, quien la presentó como un emblema de su proyecto de gobierno y de su compromiso con la implementación de lo que llamó la política de la “Paz Total”.
Sin embargo, ahora que empaca maletas para cerrar su mandato, Petro también preparó un cuidadoso protocolo para enviar la paloma blanca con rumbo, nuevamente, al Museo Nacional. Mientras tanto, el presidente electo, Abelardo de la Espriella, anunció que la Casa de Nariño será utilizada como un museo, pues gobernará, en mayor medida, desde Barranquilla.

El mandatario saliente no ha dado declaraciones oficiales sobre el retiro de la obra de Fernando Botero, pero tampoco es la primera pieza que cambia de residencia con el cambio de gobierno. Hace un par de días, Gustavo Petro ordenó el traslado de la espada de Bolívar, las sotanas de Camilo Torres y el sombrero de Carlos Pizarro a diferentes museos capitalinos.
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La otra obra de Botero desterrada de la Casa de Nariño fue la Monja Azul, pintura que el maestro antioqueño le regaló al presidente Belisario Betancur en 1982, cuando el mandatario recurrió a diferentes artistas del país para engalanar el Palacio.
La salida de la Monja ocurrió durante el gobierno de Ernesto Samper, después de que Fernando Botero Zea, hijo del artista y exministro de Defensa, quedara en el centro del escándalo del Proceso 8.000. El propio Botero pidió que la obra fuera trasladada al Museo Nacional, donde permaneció hasta 1998, cuando el presidente Andrés Pastrana ordenó su regreso al Palacio.

Mientras tanto, la Paloma de la Paz sigue volando por el centro de Bogotá sin encontrar una residencia permanente. Como la paz en Colombia, permanece sin un lugar definitivo donde aterrizar, convertida, una vez más, en una promesa incumplida de los gobiernos de turno.
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