El hallazgo de 282 cuerpos sin identificar en el cementerio Eccehomo de Valledupar revive las heridas de una guerra que azotó con saña al departamento del Cesar

 - El cementerio de Valledupar que terminó convertido en una de las fosas comunes más grandes y silenciosas de Colombia
Texto escrito por: Nerio Luis Mejía

En el cementerio Eccehomo de Valledupar, en 2024, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), junto con la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), exhumó 282 cadáveres sin identificar. De ellos, 108 presentaban fracturas craneales producidas por armas de fuego, lo que convierte a Valledupar en una de las fosas comunes más grandes del país. Este hallazgo confirma que el conflicto armado dejó una huella indeleble en el departamento del Cesar.

En su momento, se habló con fuerza del descubrimiento siniestro, pero con el paso de los años la verdad parece permanecer sepultada, al igual que los cuerpos que durante décadas estuvieron enterrados en el principal camposanto de la capital cesarense. Surge entonces una pregunta inevitable: ¿cómo ocurrió todo esto sin despertar el interés de las autoridades, sin que se encendieran las alarmas ante semejante número de víctimas sepultadas como NN?

La violencia en Colombia no ha dejado rincón sin tocar. Sin embargo, en el Cesar se vivió con una intensidad particular. Esta región fue escenario de disputas entre paramilitares, guerrilleros y fuerzas del Estado, que incurrieron en graves violaciones al derecho internacional humanitario, hechos que pueden catalogarse como crímenes de guerra.

El departamento padeció el miedo al secuestro, los asesinatos, los desplazamientos y las desapariciones forzadas. Poco a poco fueron saliendo a la luz los episodios más escabrosos, que hoy avergüenzan a todo un país. Gracias a los acuerdos de paz y al surgimiento de la JEP, se ha podido documentar la magnitud de las violaciones a los derechos humanos sufridas por los cesarenses. Aunque el acuerdo de La Habana ha sido cuestionado, permitió recoger testimonios de víctimas y victimarios que revelaron el mundo oscuro de sus acciones, responsables de miles de muertes en tierras del Cesar.

Uno de los casos más sonados fue el de los “falsos positivos”. El coronel en retiro Publio Hernán Mejía Gutiérrez fue condenado a 20 años de prisión por 72 ejecuciones extrajudiciales, cometidas cuando se desempeñaba como comandante del Batallón de Artillería La Popa.

Si en Valledupar se hallaron más de 200 cuerpos sin identificar, ¿qué queda para las regiones apartadas del Cesar —sus veredas y corregimientos— donde actores armados y algunos miembros de la fuerza pública impusieron un régimen de terror? Esa misma tierra, próspera en agricultura, ganadería, pesca y minería, cuna del vallenato, también fue sometida al yugo de verdugos como Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, considerado uno de los mayores carniceros del Caribe colombiano, y Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda, alias Simón Trinidad, excomandante de las FARC, hoy preso en Estados Unidos. Nombres que los cesarenses jamás olvidarán, pues surcaron la comarca con un régimen de terror que aún asusta.

Ojalá muy pronto se logre identificar a los 282 cuerpos sepultados como NN en el cementerio Eccehomo de Valledupar, y el país pueda conocer la verdadera dimensión del horror que dejó el conflicto armado en el Cesar: una tierra marcada para siempre por la violencia, pero también por la resistencia de su gente.

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Por Nota Ciudadana

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