El auge de la cultura del PDF en tiempos de coronavirus

"Alarma que la transición que debemos atravesar de lo presencial a lo semipresencial o virtual produzca un envilecimiento todavía más profundo de la educación"

Por: Gina Paola Herrera Ramírez
junio 30, 2020
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El auge de la cultura del PDF en tiempos de coronavirus
Foto: PxFuel

La cuarentena obligatoria decretada el 24 de marzo a raíz de la emergencia mundial por el COVID-19 me encontró mientras finalizaba el programa de maestría que estaba cursando presencialmente en una prestigiosa y costosa universidad de Bogotá; así como a la mayoría de estudiantes colombianos, yo también me vi en la necesidad de migrar a una plataforma virtual de educación, situación que me dejó un sabor agridulce y un par de reflexiones que creo vale la pena compartir ahora que he completado mis estudios y que debo continuar ejerciendo la docencia virtualmente.

Esta “nueva normalidad” trae consigo algunos desafíos que el sistema educativo colombiano deberá asumir, especialmente lo que refiere al cambio de paradigma que nos demanda reajustarnos a una modalidad para la que muchos no están preparados, ya sea porque no cuentan con la educación digital, los recursos o las herramientas necesarias, o porque se resisten a evolucionar pese a que las circunstancias así lo requieren. Me inquieta principalmente la dinámica de las clases virtuales, pues es esta la que más escozor noto ha causado entre padres de familia y estudiantes de distintos niveles, quienes no consienten la manera en la que se están desarrollando algunas prácticas de aula.

Recientemente escribí sobre el aparente servilismo al que nos estamos viendo forzados los educadores colombianos; el texto levantó toda clase de voces de apoyo, incredulidad, indignación y rechazo, entre ellas me gustaría resaltar las que demandaban conocer la otra cara de la moneda; es decir, la opinión de los que están al otro lado del espectro. No me es posible discutir desde la postura de un padre de familia, pues aún no soy madre y no estoy segura de quererlo ser; sin embargo, siendo maestra en ejercicio y estudiante de postgrado si puedo asumir una postura autocrítica frente a las deficiencias en nuestra praxis como profesionales de la educación.

Las redes sociales se han convertido en la plataforma predilecta que las personas emplean para manifestar su descontento frente a lo que acontece en el panorama nacional; mientras que en los noticieros los rectores de colegios y universidades públicas o privadas debaten acerca de las medidas a implementar para retornar a las aulas de manera semipresencial, y de todos los esfuerzos que se están realizando para garantizar la seguridad y la calidad en la educación; en las redes se discute sobre el empobrecimiento de esta última, que en mi opinión, mucho antes de la pandemia ya se encontraba en cuidados intensivos.

Considero que lo más nocivo que se ha instaurado en la educación durante la pandemia ha sido la cultura del PDF. Muchos profesores de primaria o secundaria se ven en la necesidad o en la obligación de elaborar guías de trabajo, material que resulta ser todo un dolor de cabeza para las personas que acompañan el proceso formativo de los niños y jóvenes en los hogares, que en su mayoría son los mismos progenitores o familiares cercanos. Las principales quejas que se reciben aluden a que algunos educadores están reduciendo las clases al desarrollo y evaluación de documentos PDF; asimismo, se evidencia un creciente deterioro en la relación docente-estudiante-acudiente, pues el pobre acompañamiento o atención que algunos profesores están prestando, y la limitada ayuda que algunos padres pueden brindarles a sus hijos en cuestiones académicas, están causando una ruptura en la comunicación, acentuando conflictos de interés y mermando aún más la calidad educativa.

Con respecto a la educación universitaria, y desde mi postura de estudiante de posgrado, debo manifestar que los últimos meses que cursé virtualmente fueron un tanto decepcionantes, especialmente porque estimo que lo pagado, que no fue nada económico, no reflejó lo recibido. Mucho antes de la pandemia ya era yo una acérrima crítica de la universidad, me preocupaba que las clases, particularmente las de posgrado, hayan convertido al estudiante en un mero lector y expositor, ese es un tema que amerita otro escrito; a lo que busco referirme puntualmente es al prostituido PDF, ese formato que motivó múltiples memes y jocosos comentarios por parte de la comunidad estudiantil a la cual pertenecí. Por cuatro meses nadé en ellos sin realmente hacer algo significativo o trascendental para mi formación, es justo aclarar que pude notar el esfuerzo de algunos docentes, quienes en un intento por mantener el ritmo y la calidad planeaban actividades virtuales pertinentes y sumamente fructíferas; no obstante, otros muchos se limitaron a enviar archivos PDF y solicitar trabajos que poco o nada contribuyeron a mi formación.

Desde mi posición docente debo añadir que he visto a compañeros batallar con el manejo de las herramientas TIC, soy consciente de la fatiga física y mental que significa estar sentados ocho horas continuas frente a una pantalla y enfrentar todas las vicisitudes tecnológicas y circunstanciales que ello implica, para luego ocupar las horas restantes del día a elaborar material, evaluar trabajos y contestar correos electrónicos; no obstante, ello no puede significarnos una desmejora de nuestra labor. Sé que la mayoría de los educadores de este país estamos plenamente comprometidos con nuestra labor y que estamos en un punto crítico que nos invita a levantar la voz y a actuar diligentemente.

Los padres exigen mayor disposición de los maestros y las instituciones para atender sus requerimientos, los profesores demandamos que se reestructure la manera en cómo se enseña para que podamos hacer frente a los desafíos de la virtualidad sin desfallecer en el intento, y los estudiantes precisan que en ningún ámbito prime la corrupción o la ley del menor esfuerzo, lo que nos reclama superar la cultura del PDF, que en su momento fue un excelente salvavidas, pero que no puede seguir siendo la constante.

Me alarma que con la transición que debemos atravesar de lo presencial a lo semipresencial o virtual se produzca un envilecimiento todavía más profundo de la educación en Colombia, creo que debemos empezar por reconocer que muchas instituciones educativas, maestros, padres y estudiantes no están preparados para dicha transición; también me preocupa que nos ampara un gobierno de retórica impecable, pero que a la hora de escuchar o actuar se queda corto. Nos resta tener confianza en que esta emergencia finalmente producirá una muy necesaria transformación o reestructuración del sistema educativo colombiano que la mayoría de connacionales ansiamos; espero que esta realmente beneficie a los directamente involucrados en el acto de educar y aprender, en vez de convertirse en un contentillo inútil y en un ejemplo de lo que no debe hacerse.

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